En el gabinete del Dr. Cajal

Quienes por el rabillo del ojo vemos alejarse al “Año de Goya”, casi con toda probabilidad la efeméride peor planteada en la época democrática de Zaragoza, afrontamos la visita a la exposición de “Cajal 2022. Una visión artística” con el regusto de la desconfianza, propia y heredada, del uso de augustos nombres de Aragón con fines no demasiado aptos para la salud cultural y artística. .- “No es ese un asunto a tratar en la reseña de una exposición totalmente diferente”, se dirá quien esté leyendo esta líneas. .- “O sí”, propongo, dado que existen maneras y manera de hacer. Y dado que conozco personalmente al comisario y sé de su calidad como trabajador de las artes, que quiero entrar a esta exposición con los deberes hechos, es decir, habiendo realizado una serie de consideraciones previas.

Conviene saber si, por una parte y tal como se nos presenta en esta muestra, la visión artística de personas que no fueron contemporáneas al científico viene a aportarnos algo nuevo, o mejor dicho, algo intrínsicamente nuevo, y si no se trata de re-ilustrar una idea ya tratada antes por la ciencia, pero esta vez con un ánimo divulgador, lo cual es siempre de agradecer. Por la otra, cabe preguntarse que, si no estamos ante la primera de las dos opciones que aquí se plantean, quepa entonces analizar si lo presentado por este grupo de artistas, seleccionados por el comisario Sergio Artiaga, abstraen un idea o ideas de Cajal para someterla a un tratamiento más actualizado, más próximo a nuestro tiempo. Cabe comprobar si, como reza el título, el envisionado de la obra de Cajal en esta exposición nos lleva a alguna parte como visitantes.

¿Cuáles fueron las ideas de Cajal, o los estadios de su investigación científica, cuyo legado ha llegado al tiempo presente apto para su interpretación contemporánea a través del arte?¿Estamos ante otra celebración marcada por el calendario político o había un interés cierto por el nombre y la persona de Cajal? Esta duda se despeja pronto: Al cumplirse 170 años del nacimiento de Santiago Ramón y Cajal y el centenario de su retirada como Catedrático de la Universidad Central de Madrid, una exposición de artistas que quisieran ponerse las gafas del científico, bien porque la visión de éste les resulte de interés, bien porque sus descubrimientos en la ciencia o en la técnica artística les proporcione un buen material de trabajo, es de todo recibo.

Arranca la exposición con una clara referencia a la procedencia sentimental de Cajal, ya que aunque nacdo en Petilla de Aragón (Navarra) en 1852, el premio Nobel de 1906 se sentía aragonés y no dudaba en dejarlo por escrito en su carta, dirigida al Claustro Extraordinario de la Universidad de Zaragoza el 1 de mayo 1922: “Zaragoza es algo mío, muy íntimo, que llevo embebido en mi corazón y en mi espíritu y palpita mi carácter y en mis actos.” Esta muestra, aunque breve, tiene una relevante colección de autorretratos de Cajal, dado que además de científico, sería un muy excelente fotógrafo y dibujante, además de escritor.

Una “ciclotrama” de la artista Janaina Mello Landini (Brasil) replica el dibujo de una neurona del cerebelo humano de Cajal. La teoría neuronal, aportación sin parangón de Cajal a la ciencia, tiene aquí su obra. Una neurona de Purkinje sobredimensionada, bordada por la artista y trasladada al campo de la memoria colectiva como objeto único, que abre el testimonio del establecimiento del sistema neuronal por unidades independientes y no en red continua (como habría establecido Golgi con anterioridad).

Gravemente afectado por un accidente de tráfico, el artista Leonardo Blanc (Argentina) destinó más de tres años a su cuidado y recuperación, en esencia a través del mapeado de su cerebro, que dejó más de 400 dibujos de su cerebro, de los cuales hasta 120 se muestran aquí, a partir de las resonancias magnéticas del mismo. Aquí, comisario y artista apuntan al sustento de la teorías de Cajal sobre los cientos de afiches y dibujos que nos legó.

Sobre el dominio de la fotografía de Cajal la exposición nos propone varias obras. La primera de todas, los retratos de Jorge Luis Chavarría (Guatemala), cuyas temáticas sobre los cruces de identidad, género o cultural se plasman sobre técnicas primigenias de la fotografía como daguerrotipos, cianotipos o antotipos. Esta vez, reproducciones de las placas de vidrio sensitivizadas del artista abre la vieja técnica empleada por Cajal a visiones que nos son contemporáneas. De igual forma, la obra de Jacqueline Roberts (Francia), parten de la idea de una fotografía única e irrepetible, como la técnica de la estenopeica sobre vidrios sensitivizados al colodión, que afirman la idea de un amor hacia lo retratado en una época, la nuestra, en la que la fotografía carece de ese valor y se encuentra más que nunca apartada de las artes.

La frontera artificial entre el arte y la ciencia, una barrera psicopatologizante para tantos pero necesaria para la vertebración del mensaje científico a las masas (y expertos, no olvidemos los esfuerzos de Cajal para que sus resultados científicos calasen en la comunidad científica) es aquí el terreno donde la artista María Peñil Cobo (España) siembra sus cultivos de bacterias, provenientes de sus propios dedos tras haberlos pasado por las páginas del libro que Benjamin Erlich hizo sobre Cajal y las hace germinar sobre una placa de Petri.

La figuración del cerebro elevada a la categoría de mito, y su traslación al imaginario pictórico, es la obra de Luis Miguel Gutiérrez Pérez (España), que representa partes del sistema nervioso a través de óleo sobre lienzo, y cuyo valor añadido, debemos decir, es que se trata de todo un Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular (Universidad de Elche) quien ha elegido una técnica de representación clásica para la misma.

La neurociencia moderna cuenta con avances en la técnica que ni Cajal habría sospechado posibles. ¿O sí? El comisario hace hincapié en que el científico es aún hoy citado en numerosos artículos científicos relativos a la neurociencia, y esto es porque fue el primero que abrió la perspectiva de retratar fielmente aquello que se estudia, sea el sistema nervioso, las neuronas del cerebro, o el global de las neurociencias, todas ellas motivo del trabajo de Greg Dunn (Estados Unidos), quien propone para esta muestra una serie de micrograbados reflectantes del cerebro humano, empleando pan de oro para las conexiones neuronales.

Un Cajal ya Nobel de Medicina es motto de la pareja OPN Studio (España). Para Susana Ballesteros y Jano Montañés, habituales en las intersecciones entre ciencia y artes, la representación del cerebro y la célula a través de cajas de luz-moiré, otorgando un cinetismo a las mismas.

En “Las neuronas después de Cajal”, el artista Simon Colton (Reino Unido), un teórico del IA defensor y promotor de las capacidades estéticas asociadas a la misma. Para ello, este controvertido artista recicla una imagen de Santiago Ramón y Cajal, componiéndola a partir de 1000 fotografías únicas de neuronas, que han sido colocadas en su emplazamiento definitivo siguiendo el principio emanente del generative adversial network, un juego al gato y el ratón entre dos sistemas neurocomputacionales que lo emplean para aprender a generar y discriminar como base del machine learning en estadios primarios. El resultado es una recombinación de fotografías ya tratadas por el artista a través de neuromodelos, que se citan para componer el retrato de Cajal. Materia material para retratar al padre de la neurociencia moderna.

Tras ello, y conjuntamente con Amy Smith (Reino Unido), que proponen momentos capturados de la actividad de redes neuronales artificiales. En común a la obra de Cajal es que siguen el formato que arroja trabajar pensando la cámara, bien sea la fotográfica de Cajal, bien un bucle de zoom infinito. Es aquí donde esta exposición nos devela algo intrínsecamente nuevo en forma de pregunta.

¿Dónde acaba la representación de lo neuronal y comienza el pensamiento automatizado (las IA)? ¿Es el cálculo del pensamiento la herramienta que nos hará avanzar en la comprensión del cerebro humano y sus mecanismos o al contrario, lo que definirá los mecanismos de escultura de nuestros propios cerebros?

Esta muestra, comisariada con rigor por Sergio Artiaga, licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza, es una isla de aciertos dentro de un plano científico y artístico siempre resbaladizo. En el Museo Pablo Gargallo hasta el 5 de junio de 2022.