¿Embozado o emboscado?

 

Una crítica manda hacer Susana

que en mi vida me he visto en tal aprieto

lo tomaré como si fuera un reto

y lanzaré la saeta a la diana.
Enjaulados grillos de filigrana

miran la mirilla de su boceto.

Camafeos e hipocampos sin respeto

sonríen y cuelgan de la ventana.
Un helado de estrábicos conejos,

muchachas de ginecológicas siluetas,

escaleras, estrellas y vencejos.

Bosques de noche con sexo y sin tetas.

Las luces de Huesca no están lejos,

Elvis Gato dibuja sus planetas.

 

José Luis Gamboa Urgeles

18 de junio de 2019

 

 

Embozar: ocultar con palabras o acciones algo para que no se entienda fácilmente.

Emboscado: Oculto o entrado entre el ramaje.

El pasado cuatro de mayo cumplí setecientos treinta y nueve meses, que suman diecinueve, como el año. Hay que celebrar la vida y excusas no faltan, es más habitual festejar el cumpleaños pero también tiene su aquel el cumplemés. Comía cerca de Huesca y me enteré de que Susana Vacas exponía en el Matadero (qué nombre para un lugar con tanta vida) un “Bosque de noche”.

A la entrada, invitado y acariciado por la tenue luz ambiental, me topo con un coherente cataloguito que se abre con un personaje bajo una estrella de cinco puntas y sus sombras en la pared. Me evoca unos pentasílabos de aquella grabación de Amancio Prada, allá por 1994, titulada “Emboscados”: “Lejana estrella/de un solo día/dulce tristeza/melancolía”. Estas casualidades me hacen sonreír, me recuerdan que andamos enredados por finos y fuertes hilos que zurcen y pespuntean el tiempo y las palabras.

Ya en la sala un curioso castaño centra la mirada y el deseo aún despistado, y lo rodeo varias veces del derecho y del revés, desciende y se alza el mirar, ya emboscado, y sigo recordando: “Tu patria es el aire/es mi patria./No tengo bandera/no tengas”. Mi aliento, no me resisto a soplar entre los hilos, es la brisa que mueve los camafeos que me van proponiendo sorpresa tras sorpresa: fellini, un envoltorio de Sugus, las jaulas, las casitas, Alicia, Penélope, cuatro corazones por el ojo de una cerradura, una llave,… Sugestivos enlaces y complicidades evocando recuerdos, silbando a esta memoria que hoy cumple más de setecientos meses: mi primera visión de Amarcord, los guiñotes en el cuartel, mi lengua peleando por librar al sugus de una muela, los conejos del corral de mi abuelo Valeriano, las piezas blancas y rojas de la  arquitectura de mis dominicales tardes infantiles,… Y como una lluvia suave, imágenes que acuden a cada paso que doy por la sala. Me agrada cuando una exposición intenta secuestrarme y creo que logro zafarme.

Me detengo en el rincón de los acetatos de los paraguas y acude Brassens: “Un p’tit coin d’parapluie, contre un coin d’Paradis, elle avait quelque chos’ d’un ange”, o ante las figuras que parecen jugar con el sol o con la luna o en una playa. Y de nuevo los versos de Prada: “Somos la herida y el bálsamo, polvo de luna en el mar”

Hacía poco que había visitado la exposición de Lita Cabellut, casi anonadado por el tamaño de sus lienzos, por la fuerza y el deterioro que me trasmitieron, por la sensación de erosión que me obligaba a mirar a mis espaldas por si Cronos me seguía implacable con su brocha de pinta arrugas y ahora me siento al otro lado… del espejo (¿será por los zapatitos de Alicia?) sosegado por una especie de ternura dadaísta.

Sí, echo en falta una lupa, aunque prefiero no saber la verdad. Mientras, retiro lo de dadá, porque aunque los collages me sugieran surrealismo y ciertos colores fauvismo y los tamaños minimalismo y los materiales arte póvera el bosque entero desparrama la clasificación. Esto es bello y sugerente, cercano y por inventar.

Igual que del primer vistazo a una persona desconocida te quedas con su silueta Susana nos invita con las suyas a no quedarnos en eso, a “comprometernos” (de aquel promittere: obligarse a hacer, a decir o a dar algo), a seguir construyendo la obra que observas y a tu misma persona. Por eso al salir de un bosque nunca somos los mismos. Entre copa y raíces, tras grillos y chicharras, mirada y mente han cambiado, han crecido.

Al salir de este bosque que Susana ha plantado, podado y cuidado, no sé si he estado embozado o emboscado. Me prometo volver a internarme pronto en él para otra tanda de nuevas emociones pero… el primer lunes de junio este bosque se emboscó. No sé qué dios de la flora y la fauna, qué diosa de la ecología, o qué institución pública de esta Zaragoza, pudiera hacernos felices un rato haciendo replantar este hermoso y evocador bosque. Me agradaría tanto poder reemboscarme antes de mi ochocientos cumplemés, por ejemplo.