El sueño americano de Sorolla

 

Hoy en día, no es ninguna novedad afirmar que, el artista,  Joaquín Sorolla es una referencia obligada, dentro de la pintura española del siglo XX, siendo, junto a Velázquez y Goya, el artista español más querido, y conocido.  La antológica celebrada en el año 2009, en el Museo Nacional del Prado, fue calificada como la más vista, en la última década, en la pinacoteca madrileña. Ello corrobora el gran reconocimiento que sigue gozando su pintura, ajena a modas pasajeras, haciendo que su obra, tenga el carácter universal e intemporal, que solo los grandes maestros merecen. Y es que, el universo visual de Sorolla, ha estado grabado, en la retina del público, por esa doble moral, en su obra, retratar el ocio burgués, sin olvidar los aspectos de la vida más sombríos.

En la primera década del siglo XX, Nueva York, se había convertido en la capital cultural de los Estados Unidos, en ella residían, la mayor parte de los millonarios, de grandes mansiones, donde instalaban, para deleite propio, y de otros de su misma “condición”, las obras de arte provenientes en su mayor parte, de Europa. Los éxitos  nacionales e internacionales cosechados por Sorolla, no eran del todo desconocidos, por algunos sectores artísticos, de aquel país. Los constantes viajes de artistas americanos como Wiliam Merritt Chase o Cadwallader Washburn, a Madrid, a visitar el Museo Nacional del Prado, para conocer la obra de Diego Velázquez, hicieron que conocieran la obra del artista valenciano. Por otro lado, la participación de Sorolla, en la Word´s Columbian Exposition de 1893 en Chicago, sería destacada por la prensa especializada, pieza clave, para la divulgación de su obra en este país. La primera exposición individual de Sorolla en Estados Unidos, será en el año 1909, en La salas de la Hispanic Society of America, de la mano de su fundador, Archer Milton Huntington; Sorolla cosechó el éxito, en este país, como ningún  otro pintor extranjero lo había conseguido. La prensa de la época, consideró a Sorolla, digno sucesor de artistas españoles como Goya o Velázquez, y se afanaban  en reconocer la: “bravura, versatilidad, virilidad y el optimismo que transmitían sus obras”. Una de las grandes preocupaciones del artista valenciano, era la de captar, en su pintura,  los efectos de la luz sobre la superficie y los colores, de forma instantánea, esto hacía que algunos críticos reflexionaran sobre el aspecto abocetado de algunas de sus obras: “Observamos que algunos de los paisajes de Sorolla resultan tan excesivamente abocetados que apenas si son más que unos estudios apresurados del natural. Pero es precisamente en el boceto donde más posibilidades tenemos de encontrar esplendor y espontaneidad en su manejo”. Sorolla en ese momento  de su vida, lo tenía todo, como pintor, había cosechados todos los éxitos posibles en un artista, lo que se traducía en una desahogada situación  económica, para cubrir las necesidades de su familia. La fortuna le sonreía, no cabe duda, el contrato millonario, para la decoración de la biblioteca de la Hispanic Society of America, y el dinero ganado, con  las obras vendidas en aquel país, había hecho realidad su sueño de tener una casa-estudio con jardín, que se ajustaba a lo que él deseaba. Sin embargo, aquel colosal encargo de la decoración, empezaba a afectarle físicamente. La idea inicial del artista, era plantear los catorce lienzos, como una panorámica continua y ordenada, siguiendo la disposición geográfica de las diferentes regiones, sin embargo, la realidad fue muy distinta, pues los paneles no presentaron conexión alguna entre ellos, ni tampoco se incluyeron todas las regiones españolas, sino más bien las más representativas, pues no se incluyó Portugal, como país de la península ibérica.

La Fundación Mapfre, en colaboración  con el Meadows Museum, de la Universidad de Dallas, y el The San Diego Museum of Art,  ofrecen la exposición: Sorolla y Estados Unidos. La muestra se divide en nueve secciones, que plantean, los aspectos más relevantes, de la presencia de Sorolla en Estados Unidos.  Se inicia con la obra Niña italiana con flores (1888-1889), obra que recuerda su periodo de becado, en Roma, para seguir a continuación ¡Otra margarita! (1892) y ¡Triste herencia! (1899), la primera obra, consiguió medalla de primera clase en la Exposición Internacional de Bellas Artes de Madrid, de aquel año, la segunda obra, obtendría un Grand Prix, en la Exposición Internacional de París, de 1900. En lo que hace referencia a los retratos, entre los realizados en Estados Unidos, y los realizados fuera de este país- todos ellos realizados en Francia-, hacen un total  de cincuenta y cuatro. Destacamos un Autorretrato, de 1909, el del rey don Alfonso XIII, el del presidente de los Estados Unidos William Howard Taft, el retrato de Emily Perkins…etc.. Si el ejercicio de retratista, le reportó unos ingresos más que aceptables, las ventas de retratos de su familia, igualmente, le procuraron importantes ingresos, véase el caso de: Paseo del faro (1909), Clotilde con traje negro o La siesta en el jardín, obra espléndida, donde en primer término, dormitan, en unas mecedoras, las hijas del pintor. En cuanto al retrato “social”, no podemos olvidarnos de Pepilla y su hija así como del retrato histórico, dentro de los parámetros conocidos, destacamos Cristóbal Colón  saliendo del puerto de Palos. En cuanto a los paisajes, de las más de trescientas obras, que se vendieron en Estados Unidos,  ciento ochenta y siete, eran de playa. De los cuales, destacamos: La vuelta de la pesca, Puerto de Valencia o Niños a la orilla del mar. Frente a las obras de gran formato, se muestran dibujos y gouaches, de gran calidad; Algunas de estas obras, son impresiones leves y sentidas de lo que el artista ve y le gusta, están realizadas, desde la habitación del hotel Savoy, de Nueva York, en el año 1911; Otros en cambio, se convierten en  ejercicios de auto confirmación y auto declaración artística.

Respecto al magnífico catálogo, coordinado, por la comisaria de la exposición Blanca Pons-Sorolla, destaca, sobre todo, el enorme trabajo realizado sobre el apéndice, de todas las obras que fueron vendidas por Sorolla en Estados Unidos, donde se rastrea la procedencia, exposiciones en las que estuvo y los números de catálogo.  La historia del arte, no está contada de manera lineal, sino que más bien está sujeta a revisiones y redescubrimientos, según las constantes variaciones de gustos e intereses. La presente muestra de Sorolla, invita a buscar la influencia, que el artista valenciano, ha tenido en el mundo, especialmente en  países como América Latina.

Sorolla y Estados Unidos

Fundación Mapfre, Paseo Recoletos, Madrid

26/09/2014-11/01/2015