El rostro de las letras. Escritores y fotógrafos en España desde el Romanticismo hasta la Generación de 1914

 

            Hasta el próximo 11 de enero permanecerá abierta esta importante exposición, inaugurada a finales de septiembre pasado, en la sala madrileña. Constituida por una extensísima nómina de fotógrafos activos algunos de ellos en los albores del medio fotográfico, como podemos certificar en el daguerrotipo en que aparece retratado el escritor romántico catalán Jaume Tió i Noé, fechado en 1840, pasando por los retratos de José Martínez Sánchez, uno de los más activos especialistas en este género a mediados del siglo XIX en nuestro país, cuyos trabajos están a la altura de los coetáneos franceses Etiènne Carjat y Nadar. El trabajo de Martínez Sánchez comparte el formato carte de visite que popularizó Carjat, así como una aproximación cercana e introspectiva hacia el retratado que trataba de romper las convenciones del retrato concebido en estudio, acondicionado de manera aparatosa por medio de un complejo decorado; todo ello queda descartado en favor de un telón de fondo neutro, sin más atrezzo que distrajera la atención del observador, aunque no dejara de estar todo perfectamente definido. Estos paralelismos quedan muy bien explicitados por la presencia del retrato de Víctor Balaguer, escritor, periodista y político vinculado con el movimiento cultural de la Reinaxença, tomado por el propio Carjat, en la línea de los célebres retratos de Charles Baudelaire, Víctor Hugo o Alejandro Dumas. Muchas de estas imágenes formaban parte de amplísimas colecciones, como dejan de manifiesto las cartelas explicativas de la muestra. Es el caso de la que era poseedor el pintor Manuel Castellano, quien durante, aproximadamente, veinte años (1855-1875) fue acumulando una ingente cantidad de vistas y retratos de su época. En una línea similar hay que comprender la colección del escritor Pedro Antonio de Alarcón que, en parecidas fechas, se hizo con una galería de retratos de algunas de las más significadas personalidades nacionales e internacionales del mundo de la cultura y de la política.

            Continuador de esta práctica de la carte de visite fue Eusebio Juliá, que poseía un estudio, al igual que Martínez Sánchez, en Madrid, al cual acudían las clases más acomodadas. O Pau Audouard, que regentaba otro gabinete en el Paseo de Gracia de Barcelona.

            En la misma línea, pero ya activo a finales del siglo XIX y principios del XX, se sitúa el danés Christian Franzen, de quien hallamos imágenes de Emilia Pardo Bazán o Joaquín Sorolla. En efecto, destacan los interiores suntuosos del domicilio de la escritora gallega, elegantemente vestida y en una actitud ligeramente indolente que pretende dar un sentido de espontaneidad a la toma. O, en otras ocasiones, aparece rodeada de sus amistades, dentro de los característicos actos sociales (lecturas de relatos, poemas u obras de teatro de los autores) propios de la aristocracia a la que pertenecía la autora de Los pazos de Ulloa.

            Muy ilustrativas del ambiente de las tertulias literarias tan en boga en aquella época son las imágenes protagonizadas por los miembros de la generación del 98 y del 14. Imágenes en grupo que nos permiten conocer de primera mano el ambiente en que se gestaron muchas de las preocupaciones literarias, artísticas, sociales y políticas que alumbraron estos célebres hombres de letras. Pero tanto o más interesantes son las imágenes en solitario, que nos aportan una dimensión más humana de estas personalidades, de tal modo que no hay pose seleccionada o actitud rígida: se percibe claramente en muchas de las fotografías realizadas a Ramón María del Valle Inclán en su casa, a cargo de Campúa (José Luis Demaría López). Son ejemplares también de esta aparente ausencia de pose las fotografías realizadas a Pío Baroja (entre ellas, destaca aquélla en que aparece meditabundo paseando entre árboles, obra del origen húngaro Nicolás Muller) o la icónica de Antonio Machado, sentado en el Café de las Salesas, fechada en 1934, a cargo de Alfonso Sánchez Portela, un fotógrafo que es representante de una nueva generación de profesionales (su padre fue igualmente un reconocido fotógrafo, Alfonso Sánchez García), que colabora asiduamente con la prensa diaria, a la que proporciona sendos reportajes gráficos para ilustrar las noticias publicadas. Suyas son algunas de las más impactantes imágenes de la Guerra de Marruecos, o de la proclamación de la Segunda República en Madrid, sin ir más lejos.

            Otro de estos representantes de la nueva generación fue Santos Yubero, que trabajó, entre otros periódicos, para La Nación, ABC o Diario de Madrid. La sala que alberga la exposición que nos ocupa reunió, en una muestra de 2010, más de 160 obras del fotógrafo madrileño.

            Sin embargo, no hay que perder de vista la labor de otros nombres de la anterior generación, como Francisco de Goñi, activo en los albores del siglo XX, quien realizó en 1906 el célebre doble retrato -presente en la muestra- del escultor Agustín Querol tomando, a su vez, un modelo de arcilla al científico aragonés Santiago Ramón y Cajal.

            Finalmente, queremos resaltar la presencia testimonial de otro importante fotógrafo, uno de los que dará en nuestros país el definitivo paso a un tipo de estética donde el reportaje documental adquiere carta de naturaleza estilística, como fue Ramón Masats, autor de los retratos de unos ya ancianos Azorín y Ramón Menéndez Pidal, fechados ambos en 1957.

Sala Alcalá 31, Madrid

Número 29

Diciembre 2014
Francisco Javier LÁZARO SEBASTIÁN
Profesor del Depto. de Hª del Arte, Universidad de Zaragoza
Fecha de recepción: 18/12/14
Fecha de aceptación: 18/12/14
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