Estudiar y divulgar la historia de un país, una región o un hecho histórico no es tarea fácil, y menos cuando eso se difunde a través de una exposición. Dos son las exposición que, en este año de la Expo Internacional se están mostrando estos días en nuestra ciudad. La primera de ellas, se titula La Zaragoza de los Sitios que se ubica en el hoy Centro de Historia de Zaragoza, lugar perfecto para esta muestra pues como bien es sabido el lugar que hoy es el museo, en el pasado fue el Convento de San Agustín, lugar donde se puso de manifiesto la heroica resistencia de los zaragozanos ante el asedio francés, representado perfectamente por el pintor César Álvarez Dumont en un cuadro de gran formato titulado La defensa del pulpito de San Agustín, conservado hoy en día en nuestro Museo de Zaragoza. La muestra que no es sino la punta del icerbeg de los actos que a lo largo de este año y el que viene prepara la Fundación 2008 para conmemorar el Bicentenario de los Sitios de Zaragoza, está comisariada por Wifredo Rincón, miembro de Academia de San Luís, e investigador científico del Instituto de Historia del CSIC.
La muestra se ha concebido en cuatro grandes bloques. "La ciudad confiada", que nos aproxima a la Zaragoza de 1808, una ciudad próspera, que conserva con orgullo el ser considera como la capital del Reino de Aragón, en este primer espacio veremos desde planos y vistas de la ciudad, además de una maqueta de cómo se encontraba urbanisticamente hablando la ciudad. Acaba este primer bloque con la serie completa de la Tauromaquia de Goya, pues lo religioso no se tiene porqué enfrentarse a lo social. El segundo bloque, titulado "La ciudad Sitiada" se muestran íntegramente los dos sitios a través de grabados y pinturas que representan los escenarios donde se desarrollaron los acontecimientos más importantes de los dos asedios. Dos grandes maquetas de los dos edificios emblemáticos del momento se asoman al visitante en este tramo, en primer lugar, la desaparecida Torre Nueva, por el otro, la puerta del Carmen, uno de los iconos, aún vivos, que con más fuerza, nos recuerda la gesta heroica, además también se expone en esta sala una curiosa colección de soldados de plomo con los uniformes militares de los defensores de la ciudad. El tercer bloque, más reducido, se titula "La obligada calma" en el que a través de grabados, mapas y cuadros de diversos autores, se nos muestra como quedó la ciudad tras la capitulación el 20 de febrero de 1809. Un epílogo, cuyo título es "Zaragoza, siempre", nos muestra una vista de la ciudad pero completamente distinta, con un intento de volver a lo de antes, pero siempre dejando patente el recuerdo de esta ciudad a sus héroes y heroínas, a través de bocetos como el de Agustín Querol para el monumento a los Sitios de 1908. Viendo los antiguos grabados que nos hablan de una ciudad, primero confiada, luego sitiada y finalmente expectante, podemos comprender mejor la lección moral que ha impregnado el alma de Zaragoza desde entonces, hoy, y siempre.
Esta exposición también tiene un núcleo de unión con otra, que también versa sobre la historia, en este caso de nuestra comunidad. Se titula: Zaragoza y Aragon: Encrucijadas de Culturas, una exposición que a través de 320 piezas históricas de gran relieve, procedentes de 97 instituciones o colecciones de todas las comunidades autónomas españolas y varias sedes internacionales, realiza un barrido por 20 siglos de la historia de España en su relación con Aragón y Zaragoza. La exposición se estructura en ocho periodos históricos. Cada uno de ellos rodea a distintas figuras aragonesas emblemáticas: Marcial en el mundo romano, el obispo hispano visigodo San Braulio; el musulmán Avempace, músico, médico, poeta, astrónomo…, los reyes Jaime I y Fernando el Católico, que cubren diferentes etapas hasta el Renacimiento, en el que aparecen Miguel Servet y Gabriel Zaporta. Y luego, en el siglo XVII, Gracián; y, en la Ilustración, el Conde de Aranda, Pignatelli y Goya. Palafox, Espartero y Cabrera cubren el XIX y con Ramón y Cajal se abre paso un siglo XX representado por material audiovisual. Sin duda alguna la exposición cuenta con piezas con suficiente “fuerza”, como para ser visitadas. El Vidal Mayor la recopilación de los Fueros de Aragón en lengua romance, es un ejemplar único, que regresa por primera vez a esta comunidad, prestado por la Fundación Paul Getty; varias coronas de reyes visigodos donadas a las iglesias, pertenecientes al Tesoro de Guarrazar, salen por primera vez del Museo Arqueológico Nacional, para esta exposición, lo mismo que el Gran Mosaico de Baco; o el retablo de Juan de Levi, que nunca estuvo fuera de la catedral de Tarazona. Por otro lado la nómina de artistas que en la muestra se representan es aún más interesante, piezas de Goya, Velásquez, Murillo, Bayeu, Zuloaga, Sorrolla, o Gárate. Una exposición de depurada selección de piezas, donde “lo significativo prima sobre lo exhaustivo", tal y como lo explica su comisaria Carmen Iglesias. Ambas dos exposiciones tienen una simbiosis entre sí, pues si bien es cierto que ambas se entrelazan, ya que la primera, muestra exclusivamente una historia tan cercana como fueron los Sitios de Zaragoza, en la segunda exposición este tema se entrelaza pues es un capítulo más de la muestra, aunque centrado dentro de los contextos relacionados entre Aragón y España, pero aún hay más. Estas dos exposiciones se entrelazan porque todas las piezas cuentan una historia con sus luces y sombras que es la de todos nosotros.


