En el capítulo uno, versículo tercero, del libro del Génesis se lee: “entonces Dios dijo: “Hágase la luz”. Y la luz se hizo”. Luz y color, aunque paradójicamente sean mostrados a través de la luz negra. Esa y no otra, fue la búsqueda constante, casi obsesión, de un artista-alquimista de poliédrica visión, no siempre comprendida por la crítica y el público, como fue José Orús. Todo en Orús rezuma misterio. Artista único, original e inconfundible en su pintura y sus materiales, siempre buscando formas para no repetirse. En una entrevista, en los años setenta, al diario Amanecer, el artista afirma: “Mi mundo es personal, individual y opuesto a cualquier encasillamiento. Pero por encima de todo vivo con intensidad la época del descubrimiento del átomo, de la iniciación de la era espacial, con cuyos principios me identifico totalmente”. Esto es dos visiones. Un mismo cuadro.
Orús. La búsqueda de la luz (1950-2014)es el título de la exposición que organiza la Diputación Provincial de Zaragoza, en el Palacio de Sástago. Comisariada por quién mejor lo conoció, su hija Desirée; La presente retrospectiva salda una deuda histórica, que esta institución tenía contraída con el maestro zaragozano. Un total de ochenta y seis obras, algunas de ellas inéditas hasta este momento, que se reparten a lo largo de tres ámbitos expositivos, que repasan las distintas etapas creativas, desde el informalismo de la Zaragoza de los años cincuenta, hasta su plena consolidación como artista. La obra de gran formato, se sitúan en el patio central del palacio zaragozano. Procede en su mayoría de colecciones públicas y se encuentra datada entre los sesenta y los setenta del pasado siglo XX. Es época en la que el artista pasará de trabajar con pigmentos metálicos, como el oro, plata y bronce, a someter, ya a finales de los setenta, a la luz blanca, al influjo de la luz negra.
Para Orús, el soporte es sólo un medio, y el papel, uno de sus preferidos. El artista ataca el papel, de la misma manera que maneja el lienzo o la tabla, siendo las primorosas acuarelas que se encuentran entre el patio y el ámbito titulado El despertar de la materia, una autentica oda a las emociones. Orús, a través de su obra, es más espiritual que religioso. A partir de los años cincuenta, su pintura dará un cambio necesario para el artista. A los óleos sobre tela en tonos oscuros, Orús va a añadir a sus obras pigmentos naturales que darán protagonismo a la materia plenamente formalista. Son años en los que la búsqueda de la verdad frente al engaño que encarnaban las imágenes tradicionales, va a ser lo primordial de su pintura.
El último ámbito expositivo, formado por dos salas, titulado La conquista de la luz, está formado por obra de sus últimos años. Quizás sea lo más conocido de toda la trayectoria del artista, sin desmerecimiento alguno de la calidad innegable. Se trata pues de ventanas al mundo interior del artista, un viaje a la emoción, al yo interior, al misterio de las grutas ocultas de lo desconocido del universo. Todo eso y mucho más, es la obra de José Orús.