El Renacimiento hacia la nueva modernidad de Barcelona capital y después de toda Cataluña, no comenzaría hasta 1854, cuando la ciudad se liberó de las murallas medievales que asfixiaban desde la revolución industrial. La Exposición Universal de 1888 fue representativa del nivel que alcanzaba el pulso colectivo. Pero el mayor beneficio fue sin duda el psicológico, pues los barceloneses recobraron la seguridad perdida, que aterraba al resto de España por la crisis económica y psicológica a raíz del desastre colonial, lo que no tardó en producir efectos muy beneficiosos. La nueva legión de arquitectos y maestros de obras que compusieron el tejido denso con un mínimo de calidad. Obras como La Pedrera, La manzana de la discordia, la Casa de los Ossos, La Casa de les Punxes, El Castillo de los Tres Dragones o el Palacio de la Música son sólo algunos ejemplos. Entre los nombres de arquitectos, destacan Gaspar Homar, Frances Vidal, Lluís Domenech, Antoni Gallissá, Josep Pey, Joan Busquets i Cornet o por supuesto Antonio Gaudí, son sólo algunos de los nombres de arquitectos claves que se rodearon de un grupo de artistas y artesanos de primer nivel, experimentados y plenamente entregados a su labor, siendo capaces de crear conjuntos de factura y nivel.
LAS ARTES PLÁSTICAS:
A diferencia de la arquitectura, escultura, las artes decorativas y las gráficas, la pintura modernista no sólo tuvo unas características muy determinadas. A principios de 1890, la pintura que triunfaba en Barcelona era la de “asunto”, en donde se representaban cenas amables, de cariz aristocratizante, cuyos autores habían adquirido un calidad artística nada despreciable aunque totalmente desprovista de novedad, estos artistas con una clientela tan adinerada como la burguesía catalana de aquel momento, vivieron su momento de esplendor. Abrir brecha en ese ambiente tan sólido no fue fácil. Dos artistas se atrevieron a ello Ramón Casas y Santiago Rusiñol, hijos rebeldes de la burguesía catalana, presentarían a finales del siglo XIX en la única sala que existía entonces en Barcelona, la Sala Parés, su exposición, que cómo era de esperar fue un completo rechazo por parte de crítica y público. Pero esto no les impidió continuar en sus respectivas andaduras, así pues Ramón Casas se dedicaría a la faceta de los retratos, tanto al óleo como dibujos al carbón, que resultarán ser trabajos muy elaborados, donde priva captar por encima de cualquier subjetividad, las características objetivas del personaje representado. En junio de 1897, Casas, Rusiñol, junto con Pere Romeu y el crítico Miguel Utrillo, abrirán en Barcelona un local singular bautizado con el nombre de Els Quatre Gats, homenaje al famoso local parisino, local que en poco tiempo sería regentado por las personalidades más importantes del mundo del arte, la literatura, la música que pasaban por Barcelona. Algunos de las nuevas promesas que pasaron por ahí serían Nonell, Canals y Mir. Nonell, que junto con Mir, es sin duda una de las grandes personalidades del arte catalán, estaría presidida su carrera por una absoluta independencia y sobre todo rechazo a cualquier imposición, esa obstinación, le costaría bien cara, pues no conocería el éxito, hasta poco antes de morir.
EL ARTE PUBLICITARIO:
El fenómeno del cartelismo eclosionó a finales del siglo XX. La influencia del cartel, como vehículo de expresión artística, vendría a adoptar unas formas artísticas y un repertorio figurativo. Los primeros grandes autores dedicados a esta especialidad, bebieron de las fuentes de los movimientos simbolistas y prerrafaelistas ingleses. Entre sus autores más importantes, destacamos a Ramón Casas, Josep Lluís Pellicer o Alexandre de Riquer.
REPRESENTACIÓN ARAGONESA:
Entre las piezas seleccionadas para esta exposición, figuran tres piezas del escultor aragonés Pablo Gargallo (Maella 1881- Reus 1934) ‘La Pareja’, ‘La Bestia del hombre’ y ‘El Ángel’. Aunque el escultor no está considerado como modernista, si fue bien sensible a esta influencia, dando lo mejor de sí en el empleo de materiales como el plomo, el cobre y el hierro y trató magistralmente el vacío como elemento de expresivo más de la representación plástica.
A partir de 1910 el modernismo había agotado ya todas las posibilidades de decir algo nuevo. La Primera Guerra Mundial tuvo una gran repercusión en la transformación de los gustos y costumbres de la gente. Como apuntaba el decorador Santiago Marco “las heridas de esa guerra lo transformaron todo, y el arte no pudo quedar inmóvil cuando todo cambia de fisonomía”.
PARA SABER MÁS:
La exposición podrá visitarse los días laborables de 10.00 a 14.00 horas y de 17.00 a 21.00 horas y los Domingos y festivos de 10.00 a 14.00 horas. Los lunes la Lonja permanecerá cerrada.