Cuando, en la cúspide de su fama, murió el escultor Agustín Querol el 14 de diciembre de 1909 pareció que su obra iba a ser punto de referencia de la escultura española y transmitida de generación en generación, sin embargo, el destino fue muy distinto.
En su estudio se formaron muchos artistas, algunos que siguieron la huella queroliana como Manuel González, Jacinto Higueras, José Bastida y Fernández de Espina, Rodrigo de Figueroa y Torres, Marqués de Tovar, Jacinto Hegeseras, Lorenzo Ridanza, Domingo Gutiérrez, José Martínez Banciela, Lorenzo Riduara, André Ridaura, María Siclo, Luis Pardo, María Rich, José Vega Cruces, Lorenzo Collaut Valera, dos hijos de su maestro Victor Cerveto Bestratén, allá en Tortosa, Victor Cerveto y Riva y José Cerveto y Riva.
Junto a estos hubo dos artistas de Hispanoamérica: José María Larrazábal, natural de La Habana, Cuba, y, Francisca de Roda, de Guatemala.
También frecuentaron el estudio de Querol dos artistas que, luego, serían representativos de la vanguardia escultórica, no sólo española, sino mundial, uno, Pablo Gargallo que: "de 1900 a 1907, cuando realiza su primera obra de metal en París, su obra es todavía titubeante y desorientada" (Trueba, 1985: 34). El otro José de Creft, del que, la historiadora del arte Josefina Alix Trueba especifica que: "… no aguanta allí mucho tiempo, no soporta aquel ambiente de escultura casi industrial y académica y enseguida abandona para dedicarse algún tiempo al aprendizaje del dibujo" (Trueba, 1985: 149).
El taller-estudio de Querol, fue además, de centro de reunión cultural, paso obligado para todo artista nobel, y sus enseñanzas o aportaciones, fueron, en un primer momento, aprendizaje obligado. Si Querol era el maestro del eclecticismo escultórico, ello suponía enseñar a sus discípulos todos los estilos que él había aprendido y asimilado, por el que no era posible seguir y como apunta en sus escritos seguir por otros caminos estéticos. Prueba de ello es que en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1910, un año después de la muerte de Querol, fueron premiados José Clará, y Angel Ferrant.
En estas circunstancias y para generaciones posteriores era fundamental que su casa-estudio junto con sus obras, tal y como era el deseo de Querol, se conservase para la posteridad y para ello, convertirla en Museo. En los primeros momentos se consideró la posibilidad de musealizar dicho inmueble, sito en el Paseo del Cisne (hoy Avda. Eduardo Dato). Posteriormente sus familiares decidieron trasladar la obra de Querol a Tortosa y fundar allí el correspondiente museo tal como indicaba un artículo titulado "La obra de Querol" en El día de Tortosa: "Un telegrama que publica El Noticiero de Barcelona de anoche, dice que nuestros particulares amigos D. Federico Fernández y D. Pedro Mayor, hermanos políticos de nuestro Querol, protestan de lo dicho por la Epoca, suponiendo que iban a sacar a subasta las obras que nuestro afamado escultor tenía pendientes. Añade el despacho, que con dichas obras se formará un museo en Tortosa" (18 de diciembre de 1909, nº 8.415, sin paginar).
La noticia viene corroborada poco después por el mismo diario en otro artículo que lleva por título "Museo Querol": "El estudio que el escultor Querol, tenía en Madrid, en la calle del Cisne, será convertido en museo, en el que figurarán no sólo sus grandes obras, sino cuantos objetos le pertenecieron en vida. La obra de Querol podrá ser admirada dentro de breve plazo por el público, pues la familia del escultor, piensa, aún conservándolas como reliquia, dejar libre acceso al museo, a los que lo soliciten" (20 de diciembre de 1909, nº 8.416, sin paginar).
El Ayuntamiento de Tortosa reunido en Sesión Plenaria el día 24 de julio de 1918 acordó erigirle un monumento y que el autor del mismo sería, cómo no, otro escultor tortosino: José Cerveto y Riva; con ocasión de lo cual se daban a conocer las obras de Querol con destino al Museo que habría de ubicarse en su ciudad natal (Ver anexo).
Sin embargo, en nada quedó el intento de crear un museo en Tortosa, porque al desaparecer sus familiares, el desinterés y la negligencia ocasionaron que lo que pudo ser uno de los primeros intentos en España de constituir un museo monográfico dedicado a un artista se malograse. En un principio se hizo cargo de su estudio-museo su discípulo Victor Cerveto, pero pronto escasearon los apoyos, pareciendo que ya no tuviera interés social la obra del maestro, como bien ha señalado un estudioso (Pereira, 1987: 1-7):
"A los pocos años arreciarían las críticas contra su obra, contra su arte y contra él mismo. Ya durante su vida, al lado del elogio incondicional, había podido escuchar Querol la burla malévola y punzante, así como el desdén ofensivo. Y sería este el que prevalecería después de su muerte, calificándose de mera producción industrial, denominando su fama a un fenómemo más psicológico que artístico.
Trascurridos tres lustros el museo se había abandonado, y su obra escultórica repartida, era olvidada, menospreciada y hasta arrinconada en paseos y plazas, o inclusive, amenzada por alguna reforma urbanística promovida estas secuelas tardías de la City Efficent de entreguerras reavivadas en el período desarrollista de los sesenta y primeros setenta… ".
Más tarde hubo que sumar las destrucciones debidas a los avatares de la Guerra Civil. Durante la posguerra tampoco prosperaron los intentos de su hija Silvia (cuando murió su padre, estaba educándose en un colegio de Bélgica), que escribió al Alcalde de Tortosa Esteban Albacar, poniendo a disposición de Tortosa las obras de su padre, pero todo ello sin respuesta alguna. Con ello se perdió el legado dejado por una de las figuras claves de toda la Escultura Española Contemporánea.
ANEXO:Acta del Ayuntamiento de Tortosa. Tortosa 18-VII-1918, pp. 124-125
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