Hace dos décadas, el 15 de julio de 1999, ingresaba de forma definitiva al Museo de Bellas Artes de la Coruña una parte del amplio legado del polifacético Luis Seoane, que procedía de su colección personal. La gestión fue realizada por su viuda, María Elvira Fernández López, más conocida como Maruxa Seoane, que tras la muerte de su marido asumió la responsabilidad de dar cumplimiento a la voluntad de este, que era nutrir con sus obras los museos gallegos. A ella le debemos las negociaciones con las instituciones para su incorporación a los fondos museísticos y el retorno artístico del exilio procedente de Buenos Aires. Aunque su figura ha pasado desapercibida y no ha tenido el reconocimiento que merece, sin embargo su presencia es clave durante la vida y tras la muerte del pintor. Las contribuciones que ejerció Maruxa Seoane, tanto en el proceso creativo del pintor como en sus creaciones literarias y ensayísticas, están más que demostradas. Recordemos que fue ella quien se encargó de preparar los bastidores para los óleos de Seoane, además participaba con algunas propuestas y soluciones pictóricas. De tal modo que, Beatriz Graña Pérez la identifica como el complemento de la actividad pictórica del bonaerense. El gran conocimiento que tenía de esta obra le permitió identificar algunas pinturas falsas que circularon por el mercado del arte. También ejerció de secretaria, ya que tenía una gran habilidad con la mecanografía, de manera que, como ella misma explicó, se encargaba de pasar los manuscritos de Seoane a máquina, además de los artículos de la revista Galicia Emigrante, que estaba vinculada al programa radiofónico que recibió el mismo nombre.
El Museo de Bellas Artes de la Coruña quiere prestar atención al matrimonio Seoane a través de una exposición donde se le rinde homenaje y se conmemora el veinte aniversario del ingreso de la obra del pintor a la colección. Una muestra que coincide con otra celebración, la dedicación del Día das Artes Galegas 2019 al artista, una decisión que fue a iniciativa de la Real Academia Galega de Belas Artes.
Uno de los aspectos más relevantes de esta exposición es la historia y el proceso de negociación de la donación que Maruxa Seoane realizó al museo coruñés, y que pasó por diferentes etapas hasta su culminación en 1999. Hacia 1993 empezó a buscar una institución que acogiese todo el legado de su marido, que se encontraba en su mayor parte en el exilio bonaerense. Pretendía dar cumplimiento a su última voluntad, que era conservar prácticamente en su totalidad todo su patrimonio en los museos gallegos. El traslado de esta colección personal fue realizado por Maruxa, que desplazó de Argentina hasta Galicia casi todas las obras que poseía, y previamente realizó un trabajo de localización e inventariado de las mismas. Tiempo después recordaría la ingente labor a la que se enfrentó, de gran envergadura, que hizo de forma solitaria y sin recibir ningún tipo de apoyo.
De todo el patrimonio que Maruxa llevó hasta Galicia para entregarlo a los museos gallegos, destaca el que se conserva en el Bellas Artes de la Coruña por ser la primera institución en la que entró en contacto tras realizar del retorno artístico. El volumen ofrecido en su origen era más amplio, pero al surgir la propuesta de creación de la Fundación Luis Seoane en la misma ciudad, a la que también hizo una generosa donación, el número se vio reducido a 42 óleos, 252 grabados y 6 libros ilustrados. La vía de ingreso del legado fue a través de la Asociación de Amigos del museo y que esta, a su vez, depositaría de forma definitiva a la colección en 1999.
Desde su incorporación, la figura de Seoane se convirtió en una referencia en la institución, pues sus obras van a proporcionar “la integración de las colecciones del museo en la contemporaneidad propia del siglo XX, de ahí radica su importancia. […] Ya que permitía la identificación de este museo con una modernidad que hasta entonces carecía”. El artista llegó a ser uno de los grandes representantes de la vanguardia histórica, pero también fue un galleguista comprometido con la sociedad contemporánea, con las actividades culturales del exilio y con la emigración gallega en América. Es decir, con Seoane se cubría la representación del arte gallego que hasta entonces había estado escasamente visible y que, gracias a la generosa aportación que han realizado colecciones privadas como la del pintor, tal y como señaló la directora del museo, Ángeles Penas, ha sido posible la ampliación y el enriquecimiento del fondo museístico.
Se puede decir que otra de las aportaciones más destacables de esta muestra es la puesta en valor que se hace de la figura de Maruxa Seoane, que lamentablemente ha pasado muy desapercibida pese al relevante papel que tuvo en el patrimonio gallego. Uno de los escasos reconocimientos que recibió en vida fue la entrega de la Medalla Académica de Honor concedida por la Real Academia Gallega al donar 1500 libros de arte, que hizo igualmente siguiendo las voluntades de su marido.
En esta ocasión, el museo coruñés quieres sacar a la luz de forma íntegra el conjunto de todo el legado que se conserva del artista en esta institución, y en donde se aprecia la gran diversidad de estilos en los que trabajó, además de la variedad de temas y técnicas. Todo ello pertenece al periodo cronológico de los años cincuenta hasta los setenta. Con respecto al criterio expositivo elegido, se ha optado por el método iconográfico, el cual se convierte en el eje central de la ordenación del discurso. De esta forma la colección queda estructurada en cuatro grandes bloques: La mujer gallega, Naturaleza y el paisaje, Guerra y la denuncia social, y Mitos tradicionales y leyendas.
En las obras de Seoane reside el carácter polifacético del galleguista que mostraba inquietudes por la sociedad, la política y la historia, temas que fue integrando en sus trabajos al mismo tiempo que mantenía un equilibrio entre modernidad y tradición, autoctonía y universalidad. Así por ejemplo en el primer apartado, dedicado a la mujer gallega, en su representación recurre a un amplio corpus iconográfico que integra desde la sacerdotisa, la acróbata o la celestina, que vincula con elementos claves ligados a la identidad. Asimismo, este intelectual prestó atención al paisaje, aunque terminó convirtiéndose en un espacio para la evocación de Galicia que rememoró mediante escenas de mar, principalmente. El tema de la guerra y el compromiso político y social también forma parte de la colección coruñesa, que se integra en un conjunto de series como O Meco, las xilografías de El Caído o el álbum Intentando golpear las ideas. Finalmente la muestra concluye con la cuarta sección, que está inspirada en obras celtas y medievales, como el álbum Martina Céspedes, donde recupera una serie de personajes junto a elementos arcaicos y simbólicos. Todas estas obras han sido ilustradas y recogidas en el catálogo de la exposición, el cual se convierte en una fuente de información ineludible para conocer íntegramente la colección del polifacético galleguista.