En el año 2021, la obra de Mariano Oliver Aznar cobró protagonismo debido a que el consistorio de Zuera, el pueblo natal del pintor, había adquirido una colección de siete cuadros pintados por él en su época más madura. Se trata de las obras: Jotero, Campesino, Niña con perro, Retrato de mujer, Autorretrato, Retrato de hermano y Retrato de cuñada, realizados en las técnicas de dibujo a tinta, sobre papel, óleo sobre lienzo y óleo sobre tabla. A comienzos del año 2023, el Ayuntamiento de Zuera, empeñado en divulgar la figura de este personaje qué en su tierra natal, hasta ahora, pasaba muy desapercibido, organizó una exposición en la que se presentaban al público las obras adquiridas, al tiempo que publica una biografía sobre el artista, realizada por los hermanos Víctor y Jesús Murillo Ligorred, Mariano Oliver, un artista de su generación.
Manuel Mariano Oliver y Aznar (Zuera, Zaragoza, 1863- Madrid, 1927) fue considerado una de las personalidades más destacadas del arte aragonés de la generación del cambio de siglo, no solo en nuestro territorio, sino con reconocimiento a nivel nacional (varias menciones honoríficas en las Exposiciones Nacionales de 1892, 1895 y 1897), y menciones en bienales internacionales (mención y medalla en la de Marsella, Tolón y Niza; Diploma de primera clase en la Exposición Internacional de Barcelona de 1894). En cuanto a su época de formación, Oliver Aznar ingresa como estudiante en la Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza sobre el año 1873, a la edad de diez años, recibiendo clases de arquitecto Ricardo Magdalena y de pintura y composición del pintor caspolino Eduardo López del Plano, quién murió joven en el año 1885 a la edad de 45 años, por el brote de cólera que asoló a Zaragoza. Es significativo situar aquí la formación de Oliver Aznar, pues en ocasiones se ha confundido su formación con otra institución posterior, en la Escuela de Artes y Oficios.
Tras varios intentos por conseguir una beca para realizar estudios en Italia, marchó a este país, donde se dejó influir por el Renacimiento y por Rafael, como se puede observar en sus retratos y pinturas de historia. De nuevo en España, añadirá a estos temas los costumbristas, en los que la presencia de Goya y los maestros del siglo de Oro español es evidente. Según los autores del libro, Mariano Oliver Aznar abrió su estudio en Zaragoza, desde principio de la década de 1890 y no desde el año 1906 como apuntan otras fuentes. El dato que se conoce y parece cierto es el del cierre de su estudio em 1908, cuando abandona Zaragoza para trasladarse definitivamente a Madrid, ciudad en la que terminaría sus días en el mes de octubre de 1927.
La generación de Oliver Aznar marcó una prestigiosa plana de artistas de reconocimiento nacional, que expusieron como colectivo en numerosos certámenes y salones nacionales fuera de Aragón, como sucedió en Madrid. Son pintores que cultivan el costumbrismo y el retrato o temáticas como la tauromaquia. Pero la mayoría de ellos, al calor de la conmemoración del centenario de la Guerra de la Independencia y los Sitios de Zaragoza, en 1908 se centran en esa época de la Historia.
Jesús Nazarenus, Rex Judaeorum
Una buena parte de este libro está dedicado al concurso para la reforma del Recorrido del Santo Entierro de la Sangre de Cristo en Zaragoza (1909), organizado por la Muy Ilustre, Antigua y Real Hermandad de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Un proyecto de carácter social, transcendente para la sociedad de la época zaragozana y por el impacto que pretendía, donde lo religioso estaba en el centro de la sociedad y para el que Mariano Oliver Aznar estuvo entregado durante mucho tiempo. De los cuatro proyectos presentados al concurso, el ganador fue el que desarrollaron Oliver Aznar, pintor, y su colega José Nasarre Larruga titulado Jesús Nazarenus, Rex Judaeorum. Los otros accésits del proyecto fueron para Emilio Fortún y Sofi bajo el lema Christum Regem y para el pintor Alejo Pescador y Saldaña, con su proyecto bajo el lema Por Jesús. El proyecto ganador se dio a conocer en una primera noticia en el diario La Vanguardia de Barcelona con fecha del 22 de febrero de 1910. Dicho proyecto está conservado en el archivo de la Sangre de Cristo, en Zaragoza. Plásticamente es muy rico, con propuestas de reformas de pasos, nuevos vestuarios o atributos. En la actualidad, se conserva una cantidad importante de acuarelas y diseños, a pesar de que una parte del proyecto no se conservó, no se encontró o directamente se extravió.
No queremos finalizar esta reseña sin resaltar la labor docente de Oliver Aznar. El buen ojo que tuvo siempre como “captador” de jóvenes talentos, como sucedió con Marín Bagües le sitúa como un referente dentro de los profesores de dibujo y pintura en los talleres privados, más allá de los estudios de las distintas academias y escuelas públicas.
La finalidad y los objetivos que los autores tenían sobre este proyecto editorial de precisar, concretar y matizar parte de la literatura existente sobre el pintor y trazar más claramente su paso por los distintos espacios dónde transcurrió su vida, queda claramente recompensado en un libro ameno, de fácil lectura y apto para cualquier persona que esté interesado en la vida y obra de este pintor zufariense.