El escultor Alberto Ibáñez

La galería Pilar Ginés, del 26 de septiembre al 26 de octubre, inauguró con 21 esculturas de Alberto Ibáñez, uno de los más importantes artistas zaragozanos como es sabido por todos. A título de información, la exposición se acompaña por tres grabados abstractos geométricos, uno con toques expresivos, que pueden verse en una carpeta.

Si el matiz mas importante es el material, hierro-acero en color tipo acero cortén con sensaciones de envejecimiento en alguna obra, lo mismo puede afirmarse con los títulos de las esculturas que nos orientan sobre el tema hasta un grado específico. Basta con citar Por bulerías, Danza Mediterránea, Amor brujo, Un universo en danza, Danza Marina (Habanera en Cádiz), Erótica, Ysabel´s table dance (a Charles Mingus), y Danzante íbero. Lo primero que alabamos, además del color, es la supresión de elementos formales, incluso hasta llegar a una especie de varillas, para enfatizar en un expresionismo afín al tema mediante un ritmo casi generalizado, sin olvidar que también utiliza planos de muy diversa índole que suelen enlazarse con la quietud. Esto significa que parece dibujar en el aire, aunque ya sabemos que  es una ficción para evidenciar su excepcional sentido del volumen. También merece nuestra alabanza total la sensación que generan algunas obras con un lejano pasado a definir, que es presente por el tratamiento formal. Resulta ineludible comentar la aparente facilidad, que no lo es, para crear muy hermosas obras con mínimos elementos, como la escultura con tres patas rematadas por un plano con tres clavos que lo perforan. Lo mismo con la figura filiforme, ejemplo de síntesis desde la idea, que es atravesada por una herradura.

Magníficas esculturas, tan armónicas partiendo de una idea, que avalan el desarrollo de un escultor con larga trayectoria dentro de su discurso sin fisuras.