En el Centro cultural Ibercaja Huesca, expone Ignacio Fortún del 29 de marzo al 7 de mayo. Se trata de una estupenda muestra que aúna distintos aspectos: una línea de actuación cuidada y técnicamente muy bien ejecutada, una comunicación, un acercamiento del artista al espectador a través de la expresividad quieta de sus obras, y un montaje muy trabajado y minucioso.
La sala está compartida en tres espacios, en una parte, paisajes de Huesca y de Zaragoza, Gigantes, visión panorámica de los Mallos de Riglos, donde a diferencia del resto de las obras, no encontramos ninguna referencia arquitectónica, salvo la presencia contundente de estas formaciones rocosas, La ciudad y la montaña, vista de Huesca en el valle, con los Pirineos como telón de fondo, otras que muestran zonas semiurbanas Guardianes de Huesca, o el barrio de Torrero de Zaragoza, Días de abandono, La ciudad del canal, que igualmente podemos relacionarlos con el canal de Huesca o de Zaragoza.
![]() |
| La ciudad y la montaña 2010 mixta/aluminio 45×150 cm |
El segundo espacio está relacionado con el agua, el mar, es un paréntesis, un momento en que necesitas respirar, en otoño o en primavera, unos días, te acercas al mar, es una necesidad de escapar del interior hacia el exterior. Se trata de un tema menos frecuente, más limitado dentro de la obra del pintor, Octubre, Bajo la lona, zonas de apartamentos que en otro momento están llenas de bullicio, ahora nos envuelven de melancolía, no es una visión idílica del mar, son momentos otoñales, crepusculares, vacíos, que nos transmiten abandono, soledad.
La tercera parte es una reflexión sobre el mundo rural, los cambios producidos en su medio, naves, cobertizos, puertas, postes de alumbrado, cables que cruzan el cielo, arquitecturas que pertenecen a pueblos de Zaragoza, pero que podrían ser de cualquier parte, paisajes vistos, recordados, que no tienen porqué ser de ningún sitio. La última cabina, nos muestra un vestigio de algo que prácticamente ya no existe, y que ni siquiera en su momento tenía congruencia en ese lugar, una cabina en una zona de las afueras de un pueblo que parece abandonado, nos resultan espacios casi metafísicos, no aparece el ser humano. Vemos corderos, ahora no son víctimas, como en otro tiempo, de la intervención del hombre en el campo contaminándolo, envenenándolo, es una escena casi romántica, el cordero como auténtico protagonista del paisaje rústico. El huerto y la laguna, sin elemento humano, lo intuimos por la presencia del cultivo en el que está la huella del hombre, un huerto protegido con valla frente a la laguna, como lugar de cobijo, donde se siente seguro, en su ámbito, frente a Paisaje inundado, en el que el agua forma parte accidental del mismo.
En Paisaje que mira, tenemos unas casas y unos árboles que parecen mirar hacia un horizonte que no se define, los árboles son los espectadores del paisaje. El artista dota a cada elemento inanimado de una personalidad propia, otorgándole una vida y unas cualidades sensitivas propias de seres humanos, y que además tienen capacidad de comunicación, transmitiéndonos ese sentir a quienes los observamos.
![]() |
| Paisaje que mira 2009 mixta/aluminio 45×150 cm |
El soporte que utiliza para sus obras es plancha de zinc o de aluminio, empleando últimamente más este último, las somete a la acción de ácidos, con los que consigue distintos resultados en el metal, así sobre el zinc actúa dejando unas corrosiones oscuras a diferencia de las manchas blanquecinas que aparecen cuando el ácido actúa sobre el aluminio. La pintura empleada es mínima, la indispensable, consiguiendo el resto de los efectos con la iluminación y el ambiente que crea a su alrededor. También presenta obra gráfica sobre aluminio.
Realiza un montaje escenográfico de la obra, casi cinematográfico. En otras exposiciones del artista, nos hemos encontrado con cuadros, en los que alternativamente iban incidiendo luces de varias tonalidades, con lo cual una misma obra se convertía a la vez en múltiple, nos hablaba de un paisaje en las diferentes horas del día, del amanecer al ocaso. En está muestra las luces son fijas, no cambian, es la persona que contempla desde distintos puntos, el que da vida al cuadro con su movimiento, pudiendo ver, dando unos pasos, diversas obras en una misma.
Esto se lleva a cabo gracias a un elaborado montaje, y a la técnica y materiales empleados. Así las planchas metálicas sobre las que están realizadas las imágenes, recogen y reflejan las luces, a modo de espejos. Las paredes han sido tintadas de diferentes tonalidades para que las transmitan a los cuadros, éstos, son iluminados por focos que pueden ser de colores ámbar, azul o rosa. La luz focal que recibe una obra la refleja a las que tiene enfrente, y a la vez éstas reflejan las luces recibidas a sus compañeras frontales. El movimiento se consigue con el contraste, la alternancia de focos de tonos fríos y calientes. Se trata de un complicado juego de luces, que aporta aspectos muy distintos a las composiciones según el ángulo que elijamos para mirarlas. Otras paredes teñidas de un color oscuro potencian la expresividad de las obras, que reciben una iluminación baja, realzando sus calidades metálicas.
El espectador es una parte activa, hace que el cuadro no sea una imagen estática, dependiendo de la capacidad que tenga de descubrir este juego, de introducirse en la obra, de pasearla, podrá disfrutar mucho más de esta exposición.

