El arte de Oriente en Madrid

Con el título Orientando la mirada se celebra en la Sala de las Bóvedas del Centro Conde Duque de Madrid, del 25 de febrero al 24 de mayo, una extraordinaria exposición con una selección de 150 obras de arte de la India, Tíbet, Nepal, China, Tailandia, Camboya, Java y Japón, que se conservan en distintos museos y colecciones públicas ubicadas en la capital de España. El comisariado de la exposición ha sido realizado por el Grupo de Investigación Asia, dirigido por Carmen-García Ormaechea, coordinado por Mª Jesús Ferre y formado por Matilde Arias, Pilar Cabañas, Isabel Cervera, Cinta Krahe y María Román, todas ellas grandes especialistas en las distintas parcelas del arte oriental que se presenta en la exhibición y, también, autoras de las fichas catalográficas y de los estudios del excelente catálogo editado.

Ciertamente, la exposición es una magnífica ocasión para ver un amplísimo panorama del arte asiático con piezas que habitualmente están muy dispersas o no se exhiben. El montaje, elegante y sobrio, resalta la belleza de obras de arte muy diferentes en cuanto a tamaños, materiales y procedencia. De este modo, hallamos lacas namban, cerámicas chinas y japonesas,  bronces chinos, miniaturas del Imperio Mogol, pinturas chinas y tibetanas, grabados ukiyo-e de Japón, pequeñas tallas en marfil japonesas y esculturas de la India y el sudeste asiático. Todas estas piezas se presentan en un discurso expositivo en tensión entre la elegante presentación de la belleza del arte oriental y una exposición de tesis que aborda la evolución del contacto de Occidente con el arte de Asia oriental desde la Edad Moderna y las distintas lecturas que han tenido estas piezas desde objeto de lujo y exotismo a objeto como manifestación cultural.

Aunque el título Orientando la mirada pudiera asociarse a una voluntad didáctica, la exposición no pretende convertirse en una “introducción al arte oriental”, pues, ni el discurso expositivo, ni la ausencia de textos explicativos en paneles apuntan hacia ese enfoque. Así, las piezas no se agrupan por periodos históricos ni por culturas o religiones. No obstante, los comisarios  han presentado una exhaustiva información sobre las obras expuestas de manera indirecta, mediante el catálogo, las (muy recomendables) visitas guiadas y un servicio gratuito de auto-guía mediante auriculares en las que pueden escucharse los comentarios sobre una selección de las obras más  representativas.

Por nuestra parte, sólo podemos recomendar vivamente esta exposición a todos los amantes del arte oriental, que sin duda disfrutaran ante el detallismo decorativo de un sagrario namban del siglo XVII, la delicadeza de las preciosistas pinceladas de las miniaturas indias, la belleza de las mujeres de los ukiyo-e Utamaro, el vivo colorido de los thangkas tibetanos o la solemnidad de los bronces de Buda.