A lo largo de la Historia de la humanidad, las guerras han sido determinantes para el destino de los pueblos. En todas las civilizaciones, los imperios se han valido del triunfo de las tropas para someter a sus enemigos. En España, sería Cervantes, quién escribió la tragedia Numáncia, en ella cuenta como los habitantes de esta ciudad prefirieron su desaparición a rendirse a los romanos. Paradigma del heroísmo español, está ciudad ha sido siempre citada cuando se ha considerado que la libertad de la patria peligraba. Algo así también le ocurrió a Zaragoza, la valentía y el sacrificio de la población zaragozana que sufrió durante el primer asedio de las tropas napoleónicas en 1808, suscitó una admiración sin límites a escala mundial. Al enterarse que el ejército más preparado en esos momentos sobre la tierra hubiera abandonado el ataque de una ciudad española, un artista español, Juan Gálvez Rodríguez, y el italiano afincado en España, Fernando Brambila, por voluntad propia, se acercaron a la heroica ciudad. Ninguno de ellos ejercía exclusivamente como grabador, y aunque habían colaborado alguna vez en el ámbito de la pintura, nunca en el campo de la calcografía, y nunca más lo harían. El general Palafox había llamado a Goya, pintor más conocido a más de paisano, para que dejara testimonio artístico de la resistencia zaragozana, pero se encontró con Gálvez y Brambila, quienes acabaron cumpliendo, mejor, la función de propaganda “difundiendo y perpetuando las glorias de aquella ciudad” a lo largo de 36 planchas donde se podía ver desde la descripción naturalista de los héroes populares, así como los combates callejeros y las ruinas urbanas, todo ello en el Cádiz patriótico de las Cortes en 1810, mientras que Goya en el Madrid de Bonaparte, en las mismas fechas realizaría las 85 estampas inventadas, que con el tiempo darían forma a la colección de Los Desastres de la Guerra, en donde se refleja algunas de las experiencias vividas por el artista en los caminos entre Madrid y la capital aragonesa, y que no verían la luz hasta 1863.
Pero hasta llegar al Cádiz liberal, los artistas tuvieron que pasar penalidades, pues el temor e inseguridad del segundo sitio, acechaba a la ciudad. Esto hizo que Gálvez y Brambila abandonaran la ciudad en dirección a Madrid, ahí prepararon el grabado y las planchas, pero el conocimiento público por parte de la Corte del trabajo que se proponían realizar los dos artistas, y el inminente peligro por parte del enemigo, hizo que los artistas abandonasen la capital en dirección a Cádiz, ciudad que no había sido sometida por el ejército francés, y donde darían luz tanto los grabados cómo las estampas de manera ordenada. Toda esta historia ha sido estudiada por el Doctor en Bellas Artes por la Universidad Complutense Rafael Contento Márquez, y magníficamente publicada por la Institución Fernando El Católico, bajo el título Las ruinas de Zaragoza de Gálvez y Brambila. Una epopeya calcográfica. No se trata pues, de un libro conmemorativo, sino del resultado de la investigación elaborada por su autor, quien ha tenido que bucear hasta en cinco colecciones distintas para completar el estudio. La de la Biblioteca de la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, la más completa, pues fue regalada por los propios autores en 1828, la de la Diputación Provincial de Zaragoza, la de J. L. Cintora, y la existente en el Servicio Histórico Militar en Madrid. Es la primera edición en dos siglos, sustentada por la investigación, y no por la propaganda o por la memoria del mito de los Sitios, el lector, a lo largo de las páginas, podrá entender la belleza y potencia de cada una de las láminas, después de saber cómo se fue ejecutando la impresión de las planchas, la financiación del proyecto, la propia biografía de los autores, los procesos de producción y estampación así cómo la descripción detallada de cada lámina, los dibujos preparatorios, quizás lo más interesante, y las planchas matrices, de las cuales sólo se conservan ocho, y serían adquiridas en 1956 por Calcografía Nacional. Unos grabados, que documentaron con gran maestría técnica y gran calidad artística, la primera transmisión visual e iconográfica de la defensa de Zaragoza en los Sitios, difundiéndose con rapidez y alcanzando una fama perdurable hasta nuestros días, y que hoy, gracias al esfuerzo del autor, y de las instituciones que la han editado, podemos conocerla al detalle.
PARA SABER MÁS:
Las ruinas de Zaragoza de Gálvez y Brambila. Una epopeya calcográfica
Rafael Contento Márquez
Instituto Fernando El Católico, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando 2010