El antes y después del Impresionismo

 

 

    Dos grandes exposiciones sobre impresionismo pueden verse estos días en la capital española, situadas entre sí  a tan solo 800 metros de distancia. Impresionismo y aire libre. De Corot a Van Gogh, en el Museo Thyssen-Bornemisza e Impresionistas, postimpresionistas y el nacimiento del arte moderno. Obras Maestras del Musée d’Orsayen la  Fundación Mapfre. En total ciento noventa y cuatro obras de nombres como:  Valenciennes, Corot, Turner, Constable, Rousseau, Daubigny, Courbet, Boudin, Monet, Renoir, Cézanne, Van Gogh, Hodler, Gauguin y Henry Touluse- Lautrec o Sorolla, desfilarán por ambas instituciones, en lo que será la mayor concentración de impresionismo, fuera del país que lo vio nacer, Francia.

 Mientras que la exposición del Museo Thyssen-Bornemisza propone acercar a sus visitantes a los orígenes y desarrollo de la pintura al aire libre, con una presencia muy importante de diferentes escuelas artísticas, por el contrario, en la Sala Recoletos de la Fundación Mapfre se trata el  postimpresionismo, y de cómo este movimiento constituirá, por así decirlo, el “resplandor” de esa deflagración que convirtió al impresionismo en una  nebulosa en vías de saturación, hecha añicos.

 Es verdad que la pasión un poco narcisista de los pintores impresionistas, la interesada mala fe de algunos de sus marchantes, la exaltación ciega de los críticos que les defendían y, sobre todo, el desconocimiento que tenían muchos historiadores del arte de la evolución técnica y estética de la representación de la naturaleza habían impuesto, durante casi todo el siglo XX, la idea de que el impresionismo había «inventado» el paisaje del natural, pero sus orígenes se remontan mucho más atrás, hasta las postrimerías del siglo XVIII. Con la finalidad de profundizar en la representación veraz de la naturaleza y, de paso, confeccionar repertorios de motivos para utilizar en sus composiciones elaboradas en el taller. Será el académico, crítico e ensayista Roger de Piles,  quién en su tratado Cours de peinture par principes, publicado en 1708, donde ofrecería un amplio listado de aquellos motivos que, a su entender, requerían la atención del paisajista: «Las cosas que son particulares al paisaje y sobre las que se puede reflexionar, son, según mi opinión, los sitios, los accidentes, el cielo y las nubes, los lejos y las montañas, las praderas, las rocas, los terrenos, las terrazas, las edificaciones, el agua, el primer plano del cuadro, las plantas, las figuras y los árboles», tratado que se ha retomado, a la hora de organizar esta peculiar muestra. A finales del siglo XVIII, la práctica de la pintura al aire libre no solo se extendió entre los paisajistas. Pintores de historia y de figuras como Louis Gauffier, François-Xavier Fabre, François-Marius Granet o Léon Cogniet se sintieron también atraídos por la pintura de paisaje realizada frente al motivo. Llegándose a crear la teoría neoclásica de tres tipos de paisaje:  «paisaje histórico o heroico»,  «paisaje campestre», al que  se sumó un tercer tipo, el «paisaje retrato».

  

Durante la primera mitad del siglo XIX, la neta distinción entre apuntes al aire libre y cuadros de estudio se fue desdibujando. Artistas como Corot y Constable practicaron la pintura del natural durante toda su carrera, llegándose el caso de colgarse en las paredes del taller del artista, esos “ejercicios”, para  que lo copiasen los discípulos, siendo habitual que los artistas más jóvenes pujasen por ellos en las subastas póstumas de sus maestros. Hacia mediados del siglo XIX la pintura al aire libre se convirtió en un fenómeno internacional compartido por pintores de casi todo el mundo. A su difusión contribuyó de manera singular la fama creciente de los pintores de la Escuela de Barbizón, mientras en España, serían Ramón Martí i Alsina y Carlos de Haes, quienes seguirían esta estela. El primero, visitó la Exposición Universal de París de 1855, trasmitiendo sus propias experiencias a los jóvenes paisajistas catalanes en su estudio del Passatge Madoz en Barcelona, mientras que el segundo popularizó la práctica de la pintura del natural a través de su Cátedra de Paisaje de la Escuela Superior de la Real Academia de San Fernando en Madrid, desde 1857.

 

Muy pronto, un grupo de pintores más jóvenes, deseosos de llevar sus planteamientos más lejos, plantearán lo que entendemos por postimpresionismo. Que es el objeto fundamental de la exposición de la Fundación Mapfre. El término postimpresionismo fue utilizado por primera vez por Roger Fry en 1910, y lo utilizó como un término de oposición al impresionismo. En realidad, el postimpresionismo se alimentó del impresionismo, incesantemente redefinido por sus grandes fundadores, hasta el punto de apropiarse  ellos mismos de  muchas de las innovaciones  del postimpresionismo. Obras de Cézanne, Van Gogh, Gauguin y Henry Touluse- Lautrec, junto con las de un grupo de jóvenes artistas que pronto darían que hablar: los nabis. Y esto sucedía justo cuando críticos y público empezaban a asimilar las novedades estilísticas aportadas por los impresionistas, que comenzaban por fin a tener cierto renombre.

  

La verdadera importancia del impresionismo es haber llevado a la pintura, a una gran pintura, todas las ideas que estaban en ebullición en una sociedad que no paraba de transformarse. En un mundo moderno en continua construcción, entendemos perfectamente la importancia de esos cuadros que, de una manera tan intensa, siguen fascinando a generaciones. También entendemos que el movimiento impresionista, tal y como había surgido, no podía permanecer.

 

 -Impresionismo y aire libre. De Corot a Van Gogh. Museo Thyssen Bornemisza

5/02-12/05/13

-Impresionistas y postimpresionistas. El nacimiento del arte moderno. Obras maestras del Museo D· Orsay.

Fundación Mapfre, Madrid. 2/02- 5/05/13