Muy evocador es el título de esta exposición conjunta en la Asociación de Artistas Plásticos Goya-Aragón de dos personalidades muy diversas de la escena artística zaragozana, unidas por vínculos generacionales y de amistad. PASAJES es el lema que corresponde a las piezas en hierro de Alfonso Vaquerizo (Zaragoza, 1964), escultor y médico que no sólo se inspira en la naturaleza para las formas alabeadas de sus planchas metálicas, sino que incluso toma de ella sus elementos, pues usa a menudo materiales reciclados. Es sorprendente el resultado que, a base de plegar, cortar y soldar, sabe extraer de los contrastes entre vacío y materia, construyendo formas muy dinámicas, que parecen fijadas en un equilibrio inestable, relacionable en ocasiones con el estilo de sus admirados Pablo Serrano y Eduardo Chillida. Pero aún más divertido es jugar a reconocer los elementos paisajísticos que las han inspirado, según las pistas que nos dan algunos títulos, como “Tenue horizonte dorado”. A juzgar por las obras recientes que presenta en esta exposición, este miembro del colectivo Intervalo 582 está viviendo un momento de plenitud creativa.
Alejo Anadón (Lumpiaque, Zaragoza, 1961) está en un periodo de reflexión, como quien se para a escuchar los ECOS. Por eso, aunque según me comentó en la inauguración hubiera podido llenar las paredes de la sala con cuadros nuevos, ha preferido ofrecer una muestra retrospectiva, y como ya hizo otra de sus obras abstractas, esta vez ha escogido únicamente pinturas figurativas. No faltan retratos y hasta algún autorretrato, pues se trata a menudo de temática autorreferencial, como en el cuadro de técnica mixta firmado en 1996 donde hace un homenaje muy postmoderno al Guernica de Picasso, las Meninas de Velázquez, y los Girasoles de Van Gogh, sobre los que se representa a sí mismo en actitud reflexiva, con una mano en la mejilla siguiendo el modelo de Durero, y la otra sujetando la Gioconda de Leonardo… Se titula “La Colvertera”, que es el nombre de la colina cuya silueta domina el término municipal de Lumpiaque, a la manera de la montaña Santa Victoria que tantas veces pintó Cézanne en Aix-en-Provence. Pero mi favorito es el titulado “En la luz”, donde su autorretrato adopta la pose a lo Buda que tantas veces ha representado Jaume Plensa, si bien queda desdibujado por una saturación de capas de blanco, que me recuerda algunos cuadros de Armando Reverón. No resisto la tentación de compararlo en el recuerdo con las pinturas de contrastados colores que presentó en su excelente exposición del Torreón Fortea a principios de 2002. Veremos qué nos depara más adelante la trayectoria de este artista con tan variados registros.