La naturaleza que la cerámica incorpora o crea no siempre está a ras de tierra. No se trata solo de proyectar en arcilla, sino de adquirir un marco como obra a la que contemplar. Esta identidad no extraña, cuando analizamos un proyecto fundacional, como la muestra “Duales” en el Torreón Fortéa, del 24 de septiembre hasta el 8 de noviembre. La cerámica crece en planta colonizando la sala mediante propuestas que se articulan en una mezcla de agrupación simétrica, con orientaciones diferentes. Formas a veces de contacto, presión, o sutilezas que confirman el protagonismo de la arcilla. Esta compenetración puede formarse de manera natural durante el crecimiento de la misma, y, el esfuerzo de su estructura interna. No hay apariencia de frialdad, y si raciocinio. Las obras presentes esconden valores que, sin duda, constituyen el núcleo ideológico que a menudo no es evidente. Estas cerámicas duales, simbolizan aspectos un tanto in materiales como el tiempo, la luz, las palabras y la consciencia. Este valor espiritual va configurando la cualidad de las presentes obras, siempre como una adopción de la arcilla como parte fundamental del mundo interior que los diferentes actores diseñan, y de su lectura. Uno también se pregunta si ese silencio fotográfico impuesto al ver la muestra, llegó a nuestra vida. Todos los ceramistas en duales, han construido sus límites con un material que dominan, gobernando una geometría transparente, nítida, lejos de la forma simple, como un reflejo de la propia materia que lo sostiene. Por ello las obras que nos presentan : Ángeles Casas, Ana Urbina, Sergio Marco, Leticia Martínez, Teresa de la Cal, Mariano Calve, Fernando Torrens, Mark Gordon, Yanka Mihailova, Miguel Ángel Gil, Fernando Garcés, Fernando Malo, Sara Monge, Marina Rubio, Juan Fanlo, Lorena Sanz, Lola Royo, Mercedes Millán, Marta Danés, Anastasia Souk, Giselle Peters, Violeta Bourrut-Lalouture, Mara Ona y Fidel Ferrando, nos dibujan los retratos de sus autores que, más allá de aferrarse a las reglas básicas del espacio lo ven como una expresión que no se resigna a su caducidad.


