Diversión y trabajo

Sabores, ruidos, olores, sensaciones concretas que hablan de la infancia y la adolescencia. De momentos de algodón de azúcar y esperas en la cola para subir a una atracción. Las ferias forman parte del imaginario colectivo de miles de personas que las esperan año tras año, fiesta tras fiesta, en las afueras de los pueblos y las ciudades. Para hacerlas posible es necesario trabajo duro y dedicación constante. Las emociones del público y los desvelos del feriante se reúnen en el Centro de Historias a través de Feria, ocio y vida. 

 

La exposición se organiza en distintas etapas que parten del propio montaje de la feria o de la burocracia necesaria para hacer posible el negocio. Los diferentes espacios reúnen más de 500 fotografías. La mayoría de ellas han sido recopiladas (o incluso realizadas) por José Antonio Pérez, alma de la idea y diseñador gráfico perteneciente a una familia con extensa tradición en el oficio. La propuesta incluye también bocetos de atracciones firmados por el artista José Cerdá y una gran cantidad de elementos relacionados con las ferias, como caballitos de madera, motocicletas y vagones o coches de atracciones. Una recreación que llega a la propia música, al sonido y las luces de los autos de choque, dentro de un concepto expositivo que logra sumergir completamente al espectador y que aprovecha muy bien el espacio proporcionado por el Centro de Historias.

 

 El apartado de “familia” es quizás el que mejor define la esencia de la feria. El negocio se pasa de generación en generación y supone un verdadero estilo de vida: convivencia cercana de todos sus miembros, desde abuelos hasta nietos, y movimiento continuo. Montaje, desarrollo y final en localidades distintas pertenecientes a una, varias o casi todas las regiones del país. De pueblo en pueblo, de fiesta en fiesta. Las ferias constituían un ambiente recreativo y de libertad especial. Durante mucho tiempo, fueron los únicos lugares en los que se podía soltar adrenalina, comprar juguetes singulares o salir sin apenas control. Los cambios sociales, económicos y de consumo de ocio de las últimas décadas han hecho competencia a estos rincones de la infancia: el auge de parques de atracciones como Port Aventura es un buen ejemplo. La crisis potenciada por la enfermedad por coronavirus COVID-19 ha resultado especialmente dura para el colectivo: le impide trabajar mientras muchos de sus gastos se mantienen. 

 

Las imágenes del desmontaje de la feria entran dentro de las más entrañables por ese recuerdo que todos tenemos de la clausura. El día en que empezábamos a contar lo que quedaba para el siguiente. Una imagen de Santa Bárbara fechada en el siglo XVII, de autor anónimo y cedida por el Arzobispado de Zaragoza, sirve de cierre en la última sala. La patrona de los feriantes, cuya festividad se celebra el 4 de diciembre. La exposición se completa con la proyección de un documental con más de diez entrevistas sobre el tema. Muestran la memoria oral de una forma de vida y de un referente para muchas generaciones que se constituye una parte indispensable de nuestra sociedad.