Los artistas tuvieron un protagonismo relativo y secundario, por no decir que pobre, en la pasada Expo zaragozana. Entre los diversos objetos y productos audiovisuales que competían por la atención del visitante, algunos eran obras de artistas, desde la venus clásica del Pabellón de Italia a la construcción de cristal de Dan Graham. En casi todos los casos, se apostó por un concepto convencional de obra de arte, expuesta a la mirada del público o, como mucho, transitable. Una de las pocas excepciones fue la performance de la artista brasileña Beth Moysés, organizada por la Casa de la Mujer (Ayuntamiento de Zaragoza) el día 11 de julio de 2008.
Nacida en Sao Paulo en 1960, Beth Moysés es una artista bien conocida en España, donde se ha realizado muchos de sus últimos proyectos. Su interés, casi exclusivo, vienen siendo los problemas concernientes a la mujer y, sobre todo, la violencia de género. Del año 2002 data su performance “Memoria del Afecto”, desarrollada en Madrid, y que hizo desfilar a decenas de novias entre Cibeles y Neptuno. Y del año 2004, una impactante individual en la galería Fernando Pradilla, donde el traje de novia volvió a tener protagonismo. Ella misma ha comentado, en una entrevista, que el vestido blanco es “el símbolo que más rápidamente remite a la boda, a la unión con el hombre”. Desde este símbolo, nos reconduce a una reflexión sobre los malos tratos. La artista provoca así en la víctima una confrontación entre la violencia actual y el viejo amor del que estuvo “impregnado” el traje nupcial.
El proyecto para Zaragoza tiene relación con todo esto, incorporando el pie forzado acuático. El agua interviene como elemento sanador. Pero el trabajo de Beth Moysés comenzó mucho antes de la performance de julio, en una casa de acogida, donde convenció a veinte mujeres maltratadas para que colaborasen con ella. Les pidió que escribieran en rojo, sobre vestidos blancos, acerca de sus esperanzas, experiencias y miedos. El día 11 de julio de 2008, otras veinte mujeres diferentes, veinte voluntarias, desfilaron desde el Pabellón de Zaragoza hasta la explanada de la Expo, repleta de gente, llevando aquellos vestidos, pero vueltos del revés, con los textos y dibujos de las víctimas por dentro, a modo de forro o entretela. En su destino esperaban, dispuestas en un círculo, otras tantas palanganas metálicas con agua dentro y con una pastilla de jabón al lado.
Las voluntarias se desprendieron entonces de los vestidos, volviéndolos del revés y descubriendo la parte escrita y escondida. Arrodillándose, procedieron a lavarlos, disolviendo en agua todos los textos, como ejercicio catártico. Hecho esto, los escurrieron, estrujándolos con energía y volvieron a ponérselos, para deshacer el camino previo, en un nuevo desfile.
![]() |
Esta acción se ha revivido en la Sala Juana Francés, en una exposición inaugurada el 24 de noviembre de 2008 –víspera del Día Internacional contra la Violencia de Género– y que durará hasta el 14 de enero de 2009. En esta exposición-secuela, encontramos fotografías de los vestidos, previas a su lavado, donde pueden leerse los textos y contemplarse los dibujos desesperados y emotivos de las veinte mujeres maltratadas, los textos y dibujos diluidos en el agua. Y puede verse un hermoso vídeo que recoge la performance completa, imágenes que también podrán hallarse en la página web de la artista: www.bethmoyses.com.br.
Como autora de performances, Beth Moysés puede adscribirse a una tradición brasileña, que comienza con el “histórico” Flavio de Carvalho, vinculado al surrealismo, e incluye a mujeres pioneras como Lygia Clark. En el caso de Beth Moysés, la artista evita el protagonismo del performer, y se convierte en algo más parecido a un coreógrafo o a un investigador, la mezcla de ambas cosas, en realidad. En la línea de los clásicos de la performance brasileña, puestas en escena como la que nos ocupa (“Diluidas en agua”) tienen relación con los símbolos profundos, amados por antropólogos o psicoanalistas, y guardan semejanza con las ceremonias rituales, bebiendo de dos fuentes que conviven en Brasil: las tribus indígenas supervivientes y la religión católica.
