Dibujos de Santiago Arranz, cuadros de Juan Carlos Callejas y Elena Domingo, obra de Sergio Aragón Belmonte, colectiva, cuadros de Ira Torres

Bajo el título  “…y ya no se veía para ver”, como homenaje al escritor Juan Goytisolo, se inaugura en la galería A del Arte el 11 de enero con 40 dibujos del año 2014. Prólogo de Pablo J. Rico centrado en la teoría artística.  Siempre con títulos tan sugerentes como “Isótopos radiactivos”, “Incendio  místico”, Óleo y sudor” o “Adeptos a la noche oscura”. Todavía recordamos su primera exposición en Zaragoza inaugurada en la actual sede de la Asociación de Artistas Plásticos Goya Aragón. A partir de aquí viene una fascinante evolución repleta de categoría. Los dibujos tienen fondos equivalentes a abstracciones líricas con dosis expresivas, siempre cual amortiguadores de los dibujos con los pájaros, uno por obra, como protagonistas. Aves que sirven para mostrar una gran variedad formal y cromática, pero también en una jaula como rechazo de las dictaduras, sin obviar el pájaro que hunde su pico en un agujero hacia el centro de la Tierra, como si fuera Julio Verne a la búsqueda de un ámbito inundado de aventuras impredecibles. Hermosos dibujos que avalan su categoría, por supuesto a la espera de un nuevo tema dentro de su línea pero ahora con los cuadros como grandes protagonistas.

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En la Galería Cristina Marín, desde el 9 de febrero, se exhiben numerosos cuadros del conocido pintor Juan Carlos Callejas bajo el título “Paisajes Soñados” que ha pintado durante los años 2016 y 2017. Se parte de ricas y variadas texturas con dos y tres planos paralelos a la base que posibilitan el énfasis en un muy tamizado paisaje siempre sugerido y en la notable variedad del color posado en el lugar exacto, de manera que todo facilita la imaginación del espectador.

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En la galería Cristina Marín, desde el 23 de marzo, se exponen los cuadros de la pintora Lorena Domingo bajo el título En busca de un encuentro, con obras entre 2015 y 2017. Nacida en Zaragoza el año 1984, lo expuesto ha sido la gran sorpresa pues estamos ante cuadros extraordinarios propios de una muy gran artista. La exposición, como sorpresa, vibra con dos enfoques, los cuadros figurativos y en la sala interior los cuadros abstractos, que tienen como punto en común el excepcional sentido del color por diáfana intensidad. Los cuadros figurativos, de mediano a gran formato, abordan la presencia de figuras femeninas y masculinas, de una a cuatro, así como tres paisajes, uno en pleno invierno con nieve. Las figuras femeninas tienen rostro de notable belleza, por tanto sublimadas. También se interesa por una figura masculina en el interior de una habitación como eco de la vida cotidiana y la soledad potenciada por tanta radical quietud. En la segunda sala tenemos unas abstracciones que respiran sin luz. La pintora, en el prólogo, afirma: En el análisis del espacio me interesa inventar obras que dialoguen con su entorno de modo especial en cuanto a forma y contenido, y que muestren así una visión de la noche y del día. Desarrollo y elaboro cuadros hechos de plástico fluorescente con pigmentos fluorescentes. El material y la luz se fusionan y forma así una unidad, determinando la coloración en el espacio de forma camaleónica. El espacio a media luz sugestiona como tal, mientras que las abstracciones viven su belleza mediante dos cuadros que tiene dos planos, el superior monocromo y el inferior, más estrecho, tiene bandas paralelas a la base. Armonía. Los restantes cuadros tienen énfasis geométrico y bandas paralelas a la base, propio de la geometría de Uclides, siempre vigente, que mastican suave dinamismo y sutil espacio. Pureza.

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En la galería Antonia Puyó, desde el 9 de febrero, tenemos la exhibición de grabados “Una danza macabra” con excelente prólogo de Alex Brahim, pues se arranca desde las muy conocidas “Danzas de la muerte” para continuar centrándose en el artista. La exposición se completa, como indica el prologuista, con “las matrices y planchas de los grabados, de dibujos preparatorios, así como del material  documental histórico y gráfico de la investigación…”. Se parte de fondos blancos para que resalte el tema en negro. En cada obra hay un esqueleto que dialoga o se ríe con una figura masculina de gran cabeza. Todo muy natural. El conjunto de la exposición tiene demasiado toque de un pasado ajeno a la actualidad.

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En la galería Finestra Estudio, desde el 10 de marzo, tenemos la colectiva Fenómeno Imparable, sobre la que ofrecemos un breve resumen. Conchita de la Cueva tiene diez retratos sobre lienzo, uno por cuadro, con toques expresionistas. Estela Álvarez una obra con formato circular y rostro de una figura femenina muy convencional. Samlake Bellacrux tiene cuatro fotografías en blanco y negro con la figura femenina como protagonista. Tres con positiva distorsión de la imagen y otra con un primer plano tapándose el rostro. Laura Kahlo tiene una obra ingenuista con dosis poéticas. Marta L. Lázaro con tres fotos sobre una pantalla con la figura femenina como protagonista con rostro tapado. Melanie Aliaga mediante primeros planos de dos figuras femeninas y texto demasiado grande que anula el terma principal. AAG tiene una fotografía rascada con carteles en francés, uno cuestionando la democracia, y el primer plano de una figura femenina con gran atractivo.  María Urra mediante dos esculturas con dosis expresivas y predominio de los ángulos. Y, para  finalizar, Eugenia Tzortzi participa con  una escultura que es, con diferencia, lo mejor de la exposición. Se basa en una tela plana negra vertical que sugiere, salvo error nuestro, el cuerpo de una figura femenina. Todo repleto de magia latente.

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En la galería Kafell, desde el 30 de marzo, se inauguró la exposición de IraTorres, nacida en Zaragoza el año 1991, con numerosas obras de pequeño de gran formato. La exposición tiene varios temas, muy diferentes entre si, que significan el ímpetu de la edad y la necesidad de mostrarlo todo. Cuadros de buen nivel son los que corresponden a títulos como At school, Good Might, Panici, Ausencia o Curiosity, que se basan en colores muy suaves y primeros planos de rostros femeninos, uno con esparadrapo en forma de cruz sobre los labios para sugerir, quizá, la censura de lo que sea. A partir de aquí tiene tres cuadros excepcionales. Comunicando con madera de olivo sobre el que pinta una figura femenina, We are future que representa a una niña de unos doce años con peinado de adulta y empuñando el típico revolver y Desaparecer mediante la cabeza de una mujer y el rostro transformado en una agitada abstracción con colores blancuzcos, grisáceos y negros, quizá aludiendo a la impersonalidad o a la destrucción. Aunque no alcance el alto nivel de las obras citados, se puede definir como un buen cuadro Double trouble basado en la naturalidad de dos figuras femeninas vestidas de amarillo y con gafas oscuras. Todos los cuadros pequeño formato con temas como loritos, gatitos, caballitos, y pececitos son desafortunados, aunque la pintora nos comento, salvo error nuestro de interpretación, que reflejan el espíritu de su época. Argumento inteligible. Sobre lo exhibido se llega a una conclusión. Ira Torres es una verdadera artista que ha expuesto todo, sea excepcional o no, arrastrada por un impulso vital propio de la edad.
Galerías A del Arte, Cristina Marín, Antonia Puyó, Finestra Estudio, Kafell

Número 38

Marzo 2017
Manuel PÉREZ-LIZANO FORNS
Miembro de la Junta Directiva de AACA
Fecha de recepción: 31/3/17
Fecha de aceptación: 31/3/17
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