Díaz Pardo y la recuperación del arte gallego en los artículos de prensa

Isaac Díaz Pardo es una figura clave en la cultura gallega, así lo avala su amplia producción periodística compuesta por quinientos catorce artículos de prensa redactados entre 1963 y 2009, y publicados en medios gallegos como La Voz de Galicia, Faro de Vigo, El Correo Gallego, y A Nosa Terra, este último de Argentina. El conjunto de estos textos se compilan en la extensa obra que aquí presentamos, y que pasa a convertirse en una de las más exhaustivas del galleguista, junto con A luminosa mirada dos ollos de Isaac. Isaac Díaz Pardo. Obra dispersa (2012). Tal y como se deduce en ambos estudios, la lengua predominante en este polifacético intelectual es el gallego, especialmente a partir de 1980, quedando reservado durante los años de la dictadura franquista a los artículos que escribió en Buenos Aires. Recupera la lengua gallega por tratarse de un factor identitario ligado a la tradición que debía restablecerse, al igual que la vanguardia artística, ambas fueron víctimas de las represiones que el franquismo ejerció en los miembros de esta generación. De tal modo que, el grupo Os Novos quedó desmantelado y Díaz Pardo asumió la ardua tarea de reconstruir la historia de Galicia a través de diferentes iniciativas culturales, como la labor periodística, con el fin de rescatar los nombres de aquellos intelectuales, amigos de su padre, el escenógrafo Camilio Díaz Baliño, que habían formado parte de la intelectualidad santiaguesa: Luis Seoane, Otero Pedrayo, Castelao o Lorenzo Varela. Algunos de estos volvió a encontrar en el exilio bonaerense, donde surgió la creación del Laboratorio de Formas, un proyecto memorialista ideado en Buenos Aires en 1963 – el mismo año con el que se inicia este libro-, y que daría lugar a la creación de la Ediciós do Castro, el Museo Gallego de Arte Contemporáneo Carlos Maside, la Fábrica de Cerámica, el Seminario de Sargadelos, el Instituto Galego de información y la red de Galerías Sargadelos.

La prensa es el reflejo del puente cultural que este intelectual mantuvo entre Argentina y Galicia, participando activamente a un lado y a otro del Océano Atlántico. Asimismo, mostró un gran interés por la memoria de la República, la Guerra Civil, la realidad histórica y social del noroeste español, y también por la cultura culta y la popular, el diseño y los artistas gallegos, tal y como reflejan sus artículos. De hecho, habría que puntualizar que “Díaz Pardo no es un periodista al uso ni un articulista político […] sino un emprendedor que con Luis Seoane creó un paraíso de arte, industria y comunicación con el que homenajeó al pueblo gallego. Es por eso que también es un ciudadano comprometido con las causas de su tiempo” y luchó por restablecer la memoria fragmentada del movimiento renovador gallego, rescatando del olvido los artistas de esta generación. Atribuye a este grupo de intelectuales, compuesto por Colmeiro, Torres, Mazas, Maside, Souto, Castelao o Seoane, entre otros, la unidad de ruptura ante las formas plásticas poco originales vigentes en los años treinta, y la búsqueda de un nuevo cauce, asimilando las formas y los estilos propios del románico y barroco, pero con un principio de diferenciación basado en las nuevas invenciones y conquistas técnicas. La incorporación de elementos medievales tanto en la temática como en las formas se encuentra en la cerámica, el grabado, la poesía y la pintura de Seoane, con el fin de constatar las verdaderas raíces de Galicia, para que, según el pintor, “los gallegos al mismo tiempo que las utilizamos nos enteremos de que Galicia tiene una historia importante”. En este sentido, Díaz Pardo da paso a la explicación de los grabados abstractos de Seoane, buscando una aproximación entre la obra y el espectador, en esta “distancia entre el que hace y el que mira”. Asimismo, le recuerda como un luchador de las causas progresistas, que supo adaptar la vanguardia histórica a las nuevas relaciones sociales, compromiso que le impulsó al exilio en 1936, al inicio de la Guerra Civil. Desde Argentina continuaría luchando, utilizando como soporte la obra gráfica y la literaria, dando lugar a obras como Fardel de eisilado, obra clave en la poesía y el pensamiento gallego.

Asimismo, en estos artículos se presta atención al diseño de Walter Gropius, pues no hay que olvidar que la Bauhaus tuvo una gran influencia en el desarrollado del Laboratorio de Formas. De hecho, Díaz Pardo considera, con respecto a Gropius, que es la “creación más importante que él movilizó y que ha operado en este campo en todos los tiempos”. Destaca la huella  que dejó en la arquitectura moderna, pero también en el arte aplicado, además de allí salieron figuras tan extraordinarias en el arte como Kandinsky y Paul Klee. El cambio de dirección con Mies Van der Rohe al frente duró poco tiempo, suprimiéndose en 1933 “en una de las cacerías de brujas del gobierno nazi”. Díaz Pardo analiza las consecuencias de los fascismos europeos y la interrupción que supuso en la evolución artística y estética, pero también habla de los regresos de los desterrados a sus tierras de origen, aunque en el caso de Castelao se trataba de un retorno póstumo; y de la desmemoria de figuras como Granell. Llegó a plantearse “¿Qué pasó para que un gallego tan importante en el mundo fuese tan desconocido en su tierra?”, y seguidamente lamenta que “hay muchos interesados en que no se sepa la importancia fundamental que tiene para la cultura española la cultura del exilio y de los que padecieron la historia”. Ante esa necesidad de recuperar del olvido y restablecer el discurso interrumpido por el franquismo, Díaz Pardo asume la labor de poner en valor la trayectoria de estos intelectuales a través de diferentes iniciativas, como los artículos de prensa y la puesta en marcha, junto a Luis Seoane, del Museo Carlos Maside, la primera institución que expuso obra de los artistas de la diáspora y restableció la memoria del movimiento renovador.

Otras de las reflexiones que plantea Díaz Pardo es la cultura, pues “la cultura como se quiere entender hoy cosa reciente”, señala el galleguista, quien además indica que la incorporación de este término en el Diccionario de la Academia no tuvo lugar hasta principios del siglo XX. Se trata de un concepto amplio que abarca la lengua, el arte y todos los sistemas de comunicación, es decir, es semejante a la civilización, y que en el caso del ámbito gallego se ha encontrado con diferentes problemas. En el afán por consolidar la cultura del noroeste español, este intelectual presenta varias exposiciones de figuras relevantes, como fue la muestra de Seoane, Patiño y Marinhas del Valle en el Centro Galego de Arte Contemporánea, donde se recuerda la relación establecida entre los dos primeros, tras encontrarse en Argentina, produciéndose una total comprensión de sus compromisos y modos de creación, que junto al ensayista y dramaturgo del Valle, mantienen un estrecho vínculo con el galleguismo. Asimismo, se presta atención al pintor Laxeiro, cuya obra se promueve en la fundación que lleva su nombre y que ha sido la encargada de homenajear el centenario del pintor mediante una reflexión de su obra plástica, para “entenderla, valorarla y proyectarla en el futuro, pues ya no quedan vivos los que trabajaron en el tiempo de Laxeiro”. Uno de los últimos artículos está dedicado a Maruja Mallo, con motivo de la exposición que la Caixa Galicia de Vigo celebró en 2009, una muestra que califica de “excepcional” por la selección de la obra y su autenticidad; aunque no hay que olvidar, en palabras de D. Pardo que las cajas de ahorro modernas son “las servidoras del pueblo en la que fueron creadas”. De hecho, ya en 1993 esta misma entidad celebró una colectiva compuesta por M. Mallo, Eugenio F. Granell y Urbano Lugrís, que reflexionaba sobre el surrealismo gallego, y que coincidía con la retrospectiva de la obra de Eugenio Granell. Por tanto, Díaz Pardo hace una profunda reflexión sobre el arte y la cultura gallega a través de los artículos de prensa que, por primera vez, se publican todos reunidos, convirtiéndose este libro en una valiosa fuente de información para conocer de cerca las principales inquietudes del nacionalismo gallego.