Diario de Moscú

 

“…comimos algo en mi habitación y luego nos fuimos al Teatro Meyerhold. (…) No pudieron conseguirme entrada, a pesar de la tentativa de Asia. Estuve, pues, andando todavía media hora por la Tverkaya, subiendo en dirección al Kremlin y otra vez de vuelta, deletreando con cuidado, al pasar, los rótulos de las tiendas y avanzando sobre el hielo. Llegué a mi habitación muy cansado (y, probablemente triste)”. Así finalizaba el primer día de Walter Benjamin en Moscú según recogió en su diario de viaje. Y de forma similar transcurrieron los siguientes. Entre la visita, frustrada o no, a teatros y museos, la soledad de quien no conoce el idioma, el deambular por las calles heladas, y la tristeza por sus desencuentros con el motivo de su visita: la directora y actriz de teatro Asja Lācis.

Walter Benjamin estuvo en Moscú entre el 6 de diciembre de 1926 y el 6 de diciembre de 1927. A la necesidad de estar junto a Asja, a la que había conocido en Capri durante el verano de 1924 y por la que estaba fascinado desde entonces, Benjamin añadió otros motivos, más bien excusas: conocer la realidad rusa para decidir su posible ingreso en el Partido Comunista de Alemania, y escribir sobre ello.

Las notas tomadas por Benjamin, tan reveladoras en todos los aspectos: el personal, el político, el cultural…, permanecieron inéditas hasta 1980, cuando fueron publicadas tras el fallecimiento de sus protagonistas. Tal y como afirmó entonces Gershom Scholem, Diario de Moscú puede considerarse algo completamente único en la producción del autor, “el documento más personal y de la franqueza más absoluta y despiadada de un periodo muy importante de su vida”.

Tal riqueza de informaciones y contenidos, así como la posibilidad de adentrarse en el mundo de Benjamin desde su dimensión más íntima, han llevado a Chus Tudelilla, a través de la galería Carolina Rojo, a convocar a diecisiete artistas para la lectura y reflexión sobre el libro. Después siguió la creación o selección de sus obras, junto a cada una de las cuales se ha dispuesto en la exposición un texto de Benjamin que las complementa y apunta significados.

El recorrido se inicia con la calle de doble dirección fotografiada en Berlín por Iñaki Bergera y el Kremlin ensamblado por Nacho Bolea a partir de diferentes piezas y fragmentos. Bolea es un recopilador de objetos de los que se sirve para construir realidades nuevas: “Cada piedra que encontraba, cada flor que cogía y cada mariposa capturada, todo lo que poseía era para mí una colección única”, escribió Benjamin sobre su infancia. En otra de sus obras, Bolea alude a la fascinación de Benjamin por los juguetes tradicionales rusos, constante obsesión durante su viaje que también ha motivado a Louisa Holecz la realización de una serie de estampas. La artista también ha grabado el retrato de los dos protagonistas, y ha cosido de forma incansable las botas que necesitaba Daga, la hija de Asja, a la que encontraron descalza durante una visita al establecimiento benéfico donde se encontraba mientras su madre se recuperaba de una crisis nerviosa en un sanatorio. El carácter repetitivo de la acción de Holecz se observa también en las formas orgánicas de la pintura de Luis Gordillo y en las espirales continuas de los dibujos de Charo Pradas, acordes con los propios paseos de Benjamin por Moscú. Fotografías la ciudad, de Benjamin y de Lācis, han servido al colectivo Señor Cifrián para elaborar dos collage, en positivo y negativo. Mientras que fragmentos recortados y recompuestos de las páginas de una edición en alemán del libro han servido a Marla Jacarilla para componer el suyo. Esta nueva redacción, carente de sentido, aparece dispuesta en torno a un plano de Moscú dividido. Como la pareja imposible que baila en el diario un tango de encuentros y desencuentros, bien reflejada en las fotografías y el poema reunidos por María Alcantarilla. Una mujer real, compleja y fuerte, es el motivo fundamental de los dibujos de la irlandesa Sinéad Spelman, así como la femineidad inspira los magníficos dibujos y acuarelas vegetales de la polaca Aleksandra Kopff.

El paisaje es el asunto contenido en otro grupo de obras. Imposible quedar impasibles ante la calidad de la pintura y los dibujos de José Noguero, o ante las dos fotografías de Almalé y Bondía, de la serie Infranqueable 01, en las que construyen estructuras de espejos ante el paisaje helado de la frontera entre España y Francia. El hielo es también protagonista en las dos grandes fotografías presentadas por Jorge Fuembuena, pertenecientes a su serie The End of Cathedrals, en la que documentó las transformaciones del glaciar Jakobshavn, en Groenlandia. Y el frío es también clave en la composición sonora creada expresamente para la ocasión por Antuán Duchamp.

Tan relevantes como las calles de la ciudad son los interiores descritos por Benjamin, de los que Cecilia de Val toma para su creación una ventana cegada. Aparecen también entre la composición de tintas chinas realizada por Fernando Martín Godoy, en la que recoge ambientes y momentos vividos por el filósofo con la precisa maestría a la que nos tiene acostumbrados. Y, por último, en las estructuras construidas y destruidas por Antonio Fernández Alvira con papeles pintados a la acuarela. Las ruinas de Lo que parecía indestructible, cierran la exposición.

De la calidad de la propuesta da buena prueba la coherencia con que dialogan obras tan diversas. Benjamin no es la excusa, sino el motor. Diálogo ha habido también en el ciclo El ojo que piensa, que acompaña a todas las exposiciones de la galería. El abundante número de asistentes, un miércoles tras otro, demuestra que el público, cuando se le ofrece rigor y profundidad de contenidos, responde.