De Venecia y un compañero pintor: Escalinatas, puentes y “graffiti” en los muros

Un largo caminar cercano al artista facilita considerablemente la lectura de su obra y permite situarla en sus coordenadas de espacio, tiempo y preferencias. Como sucede a quien escribe con el proceso personal y creativo de Vicente Villarrocha. A quien trato y sigo desde los comienzos, con una etapa inicial tan valiosa como la de su actividad en Algarada, uno de los grupos clave de nuestra impagable vanguardia de los setenta. Entre sus constantes, por lo menos en las exposiciones más recientes, se halla la de elegir un compañero de viaje y un lugar específico. Así lo recuerdo desde “Manzoni en Giverny” y en varios otros casos. Esta vez se trata de Cy Twombly y de Venecia. A la que Villarrocha ama sin medida desde el principio de sus tiempos, puesto que, para sus ojos, nada hay más promotor de la pintura en el universo mundo. Poco le cuesta convencernos.
El estadounidense Cy Twombly sitúa en la generación de Jasper Johns, aunque nunca se sujetase a la auténtica atmósfera Pop. Difícil de encuadrar, su más libre quehacer arranca del expresionismo abstracto y también se ha relacionado con la abstracción postpictórica. Gillo Dorfles lo acerca al signo por las “escrituras” pseudoingenuas cuyo eco recogen los “graffiti” de esta exposición. Establecido en Italia, en Roma, participó en la Bienal de Venecia de 1964. Esta ciudad, que seduce a Villarrocha, suministra con su luz y gama el tema global. Del que entre los cuadros mayores -que no son muchos- los de puentes vuelven sobre motivos anteriores, mientras que los de escalinatas cursan con una contrapartida de volumen real en las estanterías manipuladas. Que contribuyen al particular montaje.
Porque Villarrocha no ha querido ofrecer una muestra convencional. Acompaña objetos, como dichas estanterías o el sombrero escayolado de ascendencia Pop. Se trata de una propuesta intelectual y hasta diría, sin perjuicio de las prioridades visuales, literaria, subrayada por la enriquecedora poética de Ángel Pestime en el catálogo. Un agrupamiento triple, en el centro, nos la explica por si fuera necesario. Se unen el retrato de Cy -con el nombre escrito, por cierto, en la pared-, el pabellón veneciano -o su reverso- y la “Fondamenta Twombly”, título que en su primer término -lo tomo en la acepción de orilla practicable- nos habla de los muros venecianos que entornan los canales, que delimitan las aguas más o menos profundas, misteriosas y omnipresentes, aunque no siempre se vean.
Damos paso así al que quizá suponga hoy un bloque capital, las inscripciones murales, en las que conviven el lenguaje plástico y el escrito, con desarrollo informal -o de calidades, si se quiere- en el fondo, que acoge los “graffiti” de la vertiente sígnica antes apuntada. Leeremos referencias a la ”grappa”, al “fumo”, a la bebida “senza zuccherini” o al “acqua alta”. Claro que el conjunto no se limita a las piezas mayores. Suma multitud de formatos pequeños, bastantes de los cuales calificaríamos de bocetos, incluso los reflejos vedutistas, a los que se añaden las presentaciones con las tijeras. Hay una insistente mención de técnicas, acaso para recordarnos la indiscutible profesionalidad. Todo lo cual configura una exposición lejos de cauces habituales, compleja, atractiva, inteligente y conocedora.