En otras ocasiones habíamos mencionado la estrecha relación entre la escultura y la joyería de autor, y cómo la postmodernidad o la neomodernidad se ha ocupado de borrar los límites entre los géneros artísticos. Escultura y joyería comparten ritmos, valores visuales y volumétricos, soportes, tratamiento de las superficies y cómo no, expresión del vacío.
La muestra del Colectivo Fractal de la Escuela de Arte de Zaragoza difumina deliberadamente estos límites y origina una exposición monográfica donde ambas disciplinas van de la mano en torno a una temática común: el cuerpo humano. La unidad de la muestra viene dada como decimos, además de por la temática -que parece en algunas piezas concretas, inspirada en los dibujos anatómicos de Leonardo de la Royal Library of Windsor o del Museo de la Specola de Florencia- por la elección de los soportes: metales y materiales de desecho para las esculturas de gran formato y cobre y plata, para las joyas artísticas, escultóricas.
También es común a todas las piezas la experimentación con texturas, bruñidos y arenados. Las superficies son terminadas con pátinas negras, verdosas y azuladas así como con grabados al ácido, que expresan, en cualquier caso, la intensidad de las emociones internas. Expresión que empatiza y resalta en el espacio que envuelve las piezas: blanco, aséptico, austero. Echamos en falta cartelas o información gráfica, pero las piezas se exhiben con buena visibilidad y sin problemas de escala, facilitando el discurso, sin distorsión entre ellas.
Algunas de las joyas que se exhiben son versátiles, intercambiables. Otras, de gran volumen, brazaletes con pequeñas piernecitas, o con narices superpuestas en pisos, que recuerdan a las gargantillas de varias vueltas en torno al cuello, los collier-chien de Madame Adele Bloch-Bauer de Gustav Klimt.
Una de las estudiantes, Artemisa Arnas, nos cuenta, acerca de su serie “De tripas con razón” cómo ha intentado reunir en sus creaciones la parte intelectual con la más visceral del ser humano. La serie se conforma por un brazalete con forma de intestino grueso, una cápsula de bilis y un collar de neuronas.
María Lalana es la autora de un collar en forma de pectoral-tórax titulado “Bones X-Rays” o simplemente “Radiación”. En él ha usado como soporte, el cobre y un baño electrolítico de plata sobre la parte de las costillas. Para el resto de la pieza, las pátinas, como el resto de sus compañeros, aplicadas con pincel o con spray y presión o temperatura. Otro de los alumnos incorpora plásticos que penetran en las aurículas y ventrículos del “collar con arterias”.
Carlos Fernández y Laura Allue son los autores de “Bella y Bestia”. La cara de “Bestia” se cubre por un broche-gargantilla, “Bella”. A ambos artistas les preocupaba el perfecto diálogo de las piezas, reunir el discurso sin perder la identidad de las creaciones por separado.
En el uso de nuevos materiales y texturas, la muestra entronca con las ferias más alternativas de joyería, en la línea de Inhorgenta, donde priman los diseños más depurados, la vanguardia, los valores culturales frente a los intrínsecos. Otros escaparates internacionales joyeros se abren al gran lujo y a la sofisticación, como las ferias de Vicenza o Basselworld.
En el eclecticismo del panorama actual, en sincronía con otras manifestaciones artísticas, conviven las ya clásicas fórmulas de la haute joaillerie de los diamantes y las gemas más preciadas, símbolo de fascinación y poder, con las más artísticas y nuevas formas de expresión y experimentación, y la joyería de marca registrada.