De la luz a la pintura

El ser humano, como todo animal, tiene la facultad de reconocer identidades a través de las variaciones de diferencia, para tener en cuenta los cambios de condiciones y para preservar el marco de un modo estable. Lo que alcanza nuestra retina, es una confusión de puntos luminosos que estimulan los hilos sensitivos que envían su mensaje al cerebro. En la tradición occidental, es un hecho probado que la pintura en particular y el arte en general, se ha ido cultivando como una ciencia, pues todas las obras de grandes artistas que vemos en los  museos o galerías, implican un descubrimiento que ha sido el resultado de una experimentación incesante por parte del artista. Pues el artista tampoco puede transcribir todo lo que ve, se encuentra estrictamente atado al registro de tonos que su medio puede proporcionar, recordemos los apuros del fotógrafo, una modalidad más dentro del amplio abanico que es el arte, pues sólo la lámpara proyectora con ayuda de la adaptabilidad de nuestros ojos, le permitirá alcanzar el registro de intensidades lumínicas para mostrar la realidad de lo retratado. Ningún crítico profesional ha visto la naturaleza de este problema. Tan sólo un famoso artista aficionado a la pintura como pasatiempo como Winston Churchill, daría con la clave: “Sería interesante que alguna autentica autoridad investigara con cuidado el papel que la memoria desempeña en el pintar. Miramos al objeto con una mirada fija, luego la paleta, y en tercer lugar a la tela. La tela recibe un mensaje enviado desde el objeto natural, usualmente unos pocos segundos antes. Pero en route ha pasado por una oficina de correos. Se ha transmitido en cifra. Se le ha transformado de luz en pintura. Llega a la tela como un criptograma. En tanto no se le puede descifrar, no resulta aparente su sentido, no se le ha vuelto a traducir desde el mero pigmento de la luz. Y entonces la luz no es ya la de la naturaleza, sino la del arte”.

     No es cuestión baladí hablar de psicología en el arte cuando precisamente hablamos de la obra de Gema Rupérez ¿O quizás sí?. La artista zaragozana, se encuentra en su mejor momento creativo, no lleva ni uno de los dos años que se encuentra becada por la Diputación Provincial de Zaragoza en la Casa Velázquez, en Madrid y ya está despuntando como una joven promesa en el mundo del arte. Después de su interesante “Muselinas de vapor. Escenas de Apolo y Dafne”, que pudimos ver entre septiembre- octubre del 2010 en el 4º Espacio de la Diputación Provincial de Zaragoza y de la cual ya dimos buena cuenta en nuestra revista, la pudimos ver en la pasada edición de la feria Dearte en Madrid en el stand de la Casa Velázquez, con dos obras de la serie titulada “presente continuo”. Por ello no nos es difícil comprender su primera incursión plástica en el Séptimo Arte, como asistente de dirección de arte en la película El Artificio, del valenciano José Enrique March, y seleccionada para el 14º Festival de Cine de Málaga, o su participación, de la mano de Casa Velázquez, en el recientemente creado Museo del dibujo del ABC con una selección de pintura e instalaciones, o su participación en una exposición organizada por  Ricardo Marco y Carlos Buil que podremos disfrutar en abril entre la Lonja y el Museo Camón Aznar.

 

     

Ahora, nos presenta muy lejos de nuestro país, en Bari (Italia), su primera exposición individual en esta tierra  Found Scenes (escenas encontradas) de la mano de la galería ARTcore. La exposición está formada por dos series anteriores y una serie de collages e instalaciones inéditas. La narratividad visual de la que hace gala en cada una de sus exposiciones queda plenamente manifestada a través de estas escenificaciones  de pequeño formato que sumados a esa dimensionalidad narrativa que complementa de manera inexorable con las instalaciones donde podremos apreciar de manera incipiente el llamado arte povera, o también conocido como “arte pobre” .Tendencia creativa dada a conocer por primera vez en una exposición veneciana en el año 1967, acuñada por el crítico y comisario de arte italiano Germano Celant cuyo mejor exponente sería el artista Mario Merz, famoso por sus Iglú, realizados con materiales diversos en forma de estructuras hemisféricas. De entre las instalaciones de Rupérez,  destacamos Castigo,  obra formada por dos materiales de por sí tan antiguos como el hombre, la cera y el cuero, unidos para expresar a través del arte el sentimiento y el dolor que todos y cada uno de los seres vivos llevamos dentro. La muestra se completa con una serie pictórica donde varias figuras solitarias, desnudas sobre paisaje, plantean posibles historias por conocer., pues “la pintura es la maga más asombrosa; sabe persuadirnos, mediante las más evidentes falsedades, de que es la verdad pura” recordaría Jean- Étienne Liotard a través de su Tratado de las principales reglas de la pintura

    

  

Hablar de Gema Rupérez es hablar de arte y mujer. O del elogio de la mujer a través del arte. Sea por lo que fuere, el caso es que el cuerpo femenino es el gran protagonista de su obra, en la que deja traslucir sus sentimientos y emociones, pero también sus actitudes ante la vida. “El artista debe ser mezcla de niño, hombre y mujer”, decía Ernesto Sábato, tal vez tenga razón, y aunque le queda mucho por exponer y que demostrar, es posible, que esta artista sea uno de los ejemplos más claros de lo que pretendía decir Sábato

 

 

 

FOUND SCENES

 

Del 25 de Febrero al 19 de Marzo 

 

ARTcore Gallery (vía de Rossi 94) BARI 

 

http://www.artcore.it/exhibition.html

 

 

 

 

 

 

Gema Rupérez expone en Bari (Italia)

Número 14

Marzo 2011
José Antonio VAL LISA
Miembro del Comité de Redacción de AACADigital
Fecha de recepción: 30/3/11
Fecha de aceptación: 30/3/11
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