En el Museo Guggenheim de Bilbao, hasta el 30 de septiembre, podemos ver esta exposición en la que el polifacético artista e investigador nos muestra su fascinación por la naturaleza, con una muestra de 150 obras realizadas entre los años 2005 y 2011, acompañadas de otras que datan de los años 50 hasta los 90, por lo que podemos comprobar el interés que ha despertado el paisaje en él a lo largo de más de 50 años y su evolución. En total 190 obras realizadas en distintas técnicas.
Emplea lápiz, carboncillo, óleo, acuarelas y composiciones realizadas con ipad, desde pequeños dibujos y cuadernos de bocetos a grandes obras compuestas por diversos lienzos, y vídeos, en los que se captan los cambios que la luz y el paso de las estaciones producen en los distintos paisajes retratados.
David Hockney nace en Bradford, estudia en Londres y se establece en Los Ángeles. En un interesante vídeo que acompaña a la exposición, se muestra muy abierto y nos hace importantes revelaciones personales y artísticas. Nunca dejó de estar en contacto con su tierra, un lazo muy fuerte le unía a su madre, y todos los años pasaba la Navidad en su casa, pero nunca podía permanecer en ella durante mucho tiempo, acusaba mucho el frío y la humedad y tenía que regresar a Los Ángeles. Tras el fallecimiento de su madre comienza a añorar los paisajes de su infancia.
Habla de su infancia y juventud, de cómo con veintitantos años, trabajó de jornalero dos veranos en los campos de Yorkshire y disfrutó mucho, pues era la primera vez que no se sentía tutelado, el trabajo era monótono pero se sentía libre, le gustaba el ambiente masculino del dormitorio, recorría los campos en bicicleta, entonces conoció a fondo los paisajes de Yorkshire, que en estos últimos años ha vuelto a recorrer y descubrir en profundidad. Al volver a mi tierra, descubrí los cambios en la naturaleza. Me asombró descubrir que, pese al tópico de los cielos grises, hay una maravillosa luz cambiante en el paisaje inglés. Nunca hay dos días exactamente iguales.
Recuerda que dejó Bradford para estudiar en Londres en el Royal College of Art, donde los compañeros se le reían por su acento, y a él le divertía pues pensaba si yo dibujara como tú, no me reiría.
Afirma que se siente un hombre muy afortunado, porque solamente con mirar, con la vista, disfruta profundamente, cualquier paisaje, detalle, todo le proporciona un gran disfrute muy intenso. Ha sido así desde pequeño, siempre le sucedió. Hockney arrastra una sordera que va en aumento,la pérdida del sentido auditivo tiene una compensación: ve más y mejor.
La llamada de atención de estos paisajes, su redescubrimiento, surge en el verano de 1997,Hockney cada día recorre en coche los Wolds, para visitar a su amigo enfermo terminal, Jonathan Silver. Según palabras de Hockney era una persona de gran inteligencia, había restaurado una antigua fábrica de la zona para albergar la colección de obras de Hockney, Centro Salts Mill de Saltaire. Siempre le había animado a pintar estos parajes. Durante estos viajes acumula una gran cantidad de recuerdos que dan lugar a un grupo de pinturas que marcan el inicio de la relación de Hockney con el paisaje de Yorkshire.

La muerte de Silver le afectó profundamente, y apenas dos años más tarde moriría su madre, a los 99 años, lo que supuso también un golpe muy fuerte para Hockney.
Todas las impresiones del trayecto que realizaba a diario, de los paisajes que tan bien conocía y ahora recordaba, iban a generar un grupo de pinturas, sólo una de ellas, la primera, fue pintada en el estudio de Bridlington, el resto, una vez fallecido su amigo, las pintaría de memoria en el taller de su casa de Los Ángeles. Afirma que es una manera de pintar que beneficia a su obra, al pintar de memoria la dota de mayor libertad e imaginación, lleva en su mente lo esencial, los detalles, un rincón, un paisaje y luego traslada al lienzo esas impresiones, esos recuerdos, transformándolos libremente con su personalidad e imaginación.
También habla de sus cuadernos de bocetos y apuntes, en media hora puede terminar un cuaderno, dibuja muy bien y rápido, le gusta plasmar en ellos, a modo de catálogo, todos los tipos de hierbas, hojas, flores, semillas, arbustos… una vez que las tiene en su cuaderno y las conoce bien, al mirar ese paisaje lo ve de una forma diferente, con mayor claridad y detalle.

Es un estudioso de los pintores clásicos y sus técnicas, invirtió en esto mucho tiempo, aún sabiendo que le iba a perjudicar pues no podría seguir pintando. Ve la diferencia entre la pintura occidental, concebida para mirar a través de un punto, un enfoque, un agujero, una cámara, como algo estático en que el espectador mira la obra desde fuera sin estar integrado en ella, frente a la pintura oriental, la china, donde el movimiento y la perspectiva cobran importancia, habla de los rollos chinos, donde las escenas que se desarrollan pueden ir hacia delante o hacia atrás. El dibujo oriental, las acuarelas, le fascinan…
La llegada de la primavera en Woldgate, compuesta por 32 lienzos, es la mayor obra de la exposición, considerada por el propio artista como una de las obras más relevantes, está acompañada por 51 impresiones de obras realizadas con ipad.
Hockney a lo largo de su labor artística ha demostrado su maestría en el retrato y la figura humana. La muestra que nos ocupa sólo contiene una obra en la que aparece figura, es en El sermón de la montaña (según Claudio de Lorena) y los estudios que le acompañan, realizada con una concepción muy esquemática, casi ingenuista y de gran colorido y luminosidad, como toda la muestra. Edith Devaney (comisaria de la exposición con Marco Livingstone) explica como el artista, en su visita a la Frick Collection de Nueva York se sintió cautivado por esta obra, y tomó una imagen que limpió digitalmente para realizar el estudio del efecto espacial de la obra y su versión.

Su experiencia escenográfica se aprecia en la teatralidad de muchas de sus obras. También se manifiesta su paso por la fotografía, sus composiciones con polaroid, que él llama ensamblajes, mosaicos de imágenes de una misma figura o retrato, tomadas desde distintos ángulos o perspectivas, que juntas forman una sola imagen distorsionada a la manera cubista. Ahora no utiliza la cámara fotográfica, pero arrastra su experiencia, multitud de dibujos hechos con ipad van a servir como bocetos para realizar una obra compuesta por un mosaico de lienzos, desde puntos de vista múltiples.

Recorren las carreteras comarcales con una furgoneta, despacio, cuando algo le llama la atención, dice a su ayudante y compañero desde hace 16 años, que pare, y ahí monta su caballete, coloca el lienzo, su mesa de trabajo, sus paletas, pinturas, pinceles… bien abrigado pues hace mucho frío y humedad. Cuenta que ese frío le obliga a trabajar deprisa, no quiere decir hacer las cosas de cualquier manera, eso no, pero a veces mis mejores obras las he pintado muy rápido, si vas rápido quiere decir que te estás dejando guiar por tu intuición y hay que confiar en ella, no es bueno retocar una y otra vez. En el vídeo le vemos pintando un paisaje y lo termina en dos horas, se siente muy satisfecho con el resultado.

En este recorrido por las carreteras comarcales de Yorkshire en busca de rincones, paisajes, ángulos, su elección no se corresponde con el paisaje más bello, mas majestuoso o perfecto, elige un rincón, un cruce de carreteras, un punto que a él le llama la atención pero no tendría nada de especial para otros ojos, pero a él precisamente le motiva porque anticipa la transformación que experimentará en sus manos.
En estos últimos años ha sentido la necesidad de volver a la pintura, a la materia, al óleo y ha encontrado una herramienta que describe como fantástica, el ipad, es como un cuaderno de apuntes, como una hoja de papel sin fin, indica que no ha abandonado la pintura ni los pinceles, ya que el color de la pintura marca la diferencia con el ipad.
También emplea la cámara, en sus recorridos colocan 9 cámaras en la furgoneta que van captando imágenes desde distintos puntos, en una sala podemos ver los resultados de esta experiencia a través de 18 pantallas, contemplamos el paso de las estaciones en un mismo paisaje desde 9 ángulos diferentes. Un resultado asombroso, de gran belleza, que trasmite serenidad.

Hockney continúa la tradición paisajista inglesa revolucionando su concepción con nuevos instrumentos y técnicas. Es un trabajador e investigador incansable. En todos estos trabajos podemos distinguir tendencias muy variadas, en algunos encontramos la huella del Pop, en otros casos raya el naif, sus colores luminosos e intensos –violetas, amarillos, naranjas, azules, verdes- en ocasiones se aproximan a los impresionistas y postimpresionistas, en otras a los fauvistas. Sus composiciones unas veces son esquemáticas y otras minuciosas. Y todas desprenden vigor y alegría de vivir.
No se trata de sublimes, ni siquiera en medio de niebla o en la contemplación de la agreste naturaleza o en la soledad de un paisaje nevado. Es la visión de una persona que pone los pies en la tierra, que sufre con su paisaje el sol y el calor, el frío y la lluvia, el viento…
Tenemos que nombrar a Monet y su catedral de Rouen, del mismo modo que su luz cambiante atrapa a Monet para que la plasme reiteradamente, así los paisajes de Yorkshire llaman a Hockney para que los inmortalice en diferentes horas, estaciones y desde distintos puntos de mira y estilos.
Comparte el interés por la naturaleza, la minuciosidad y estudio de cada especie con los pintores del Renacimiento, así hace una descripción de hojas, hierbas, plantas y árboles como si se tratase del trabajo de un botánico.

Es innegable el influjo de Claudio de Lorena, Turner o Constable, el Cubismo y Picasso, como este artista al que admira y del que está seguro que también emplearía el ipad, es un trabajador incansable y prolífico que emplea diversidad de estilos y técnicas. Es un estudioso de los pintores antiguos, de su forma de mirar y de componer el espacio pictórico, y un avanzado en el empleo de la tecnología aplicada al arte.
