Damián Forment, maestro de maestros

“En el año 1515 salió un ingenio peregrino en esta profesión llamado Damián Formento. Fue gran dibujante, gran historiador, sus figuras de magnífica grandeza, muy consideradas sus aptitudes con terrible solución y manejo”. Estas palabras del pintor y teórico Jusepe Martínez, autor de los Discursos practicables del nobilísimo arte de la pintura (1670) demuestran el recuerdo que a finales del siglo XVI se seguía teniendo sobre todo en Zaragoza y Huesca del escultor. La catedrática del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, Carmen Morte, acaba de publicar dentro de la Colección Monografías de Arte CAI un completo volumen sobre el escultor Damián Forment. Se trata de la primera monografía seria que se hace sobre uno de los mejores y más influyentes escultores españoles del siglo XVI. La publicación comienza en su etapa valenciana (1495) en donde la autora casi asegura como lugar de nacimiento Valencia, aunque no se sabe exactamente pues todavía no se ha encontrado su partida de nacimiento. Hijo de Pablo Forment, carpintero, maestro de talla e imaginero, descendiente del Bajo Aragón turolense, bien Molinos o Alcorisa y de Beatriz Cabot, de ahí que en los últimos años se pretenda poner como lugar de nacimiento de Forment esta última localidad aragonesa, por la constancia de este apellido desde el siglo XV, de lo que la autora no está completamente de acuerdo pues algunos documentos notariales lo dan natural en Valencia, al margen de afirmarlo el propio Jusepe Martínez, así como la afirmación en algunos contratos de obras en las que aparece como: imaginero natural de la ciudad de Valencia y vecino de Zaragoza. El libro nos llevará rápidamente por tierras de Aragón, donde su triunfo se hace constante inicialmente con el retablo mayor del Pilar de Zaragoza (1509-1518), todo un acontecimiento para los hombres de aquella época, convirtiéndose desde su terminación en el testimonio más alto de calidad y arte en Aragón, emulando a la Seo de Zaragoza, con su monumental retablo, luego llegarían el retablo mayor de la iglesia de San Pablo (1511-1517), primer retablo realizado totalmente en madera conservado en Aragón. El retablo de San Miguel de los Navarros (1519-1521), el primero conservado de traza renacentista y en el que Forment debió reservarse de manera especial la ejecución de la talla del titular, o el retablo mayor de la Catedral de Huesca (1520-1534) segundo retablo realizado en alabastro, realizado a imagen y semejanza del Pilar de Zaragoza, cumpliéndose las expectativas del cabildo oscense. A lo largo del libro, la autora analiza con detalle algunas de las obras contratadas por el escultor, algunas de ellas por primera vez, como el caso del retablo del canónico Martín de Santángel en actitud sedente, en la Catedral del Huesca única obra que se ha conservado realizado por el escultor o el cuerpo y ático del retablo mayor de la iglesia de Santa María Magdalena (1524-1525), que esperemos algún día poder verlo con la conclusión de las obras.     El grupo escultórico masculino de los Santos Mártires de la cripta de Santa Engracia (1529) obra de alta calidad realizada en alabastro, presentando similitud con las esculturas del retablo mayor de la Catedral de Huesca, y aunque los personajes no son fácilmente identificables, destacan de entre todos un posible autorretrato del escultor como el que existe en el sotabanco del anterior retablo citado, y el de otro personaje que recuerda los rasgos del Rey Carlos V, con barba corta, pelo recogido en una cofia debajo de un sombrero y lleva espada, el Sepulcro de Juan de Lanuza para el Castillo de Alcañiz (1537-1538) uno de los pocos ejemplos de monumento funerario plenamente renacentista, y el único realizado por Forment ó las imágenes para la Custodia del asiento de la Seo de Zaragoza (1539-1540) donde Forment se compromete a realizar cuarenta imágenes, mientras que el platero Pedro Lamaisón las montaba, por lo tanto estamos ante un monumento eucarístico realizado por los dos artífices más reconocidos en Aragón dentro de sus diferentes campos.
 Capítulos especiales que destaquen en el libro son los dedicados al retablo del Monasterio Cisterciense de Santa María del Poblet, en Tarragona (1527-1529) y no especialmente porque sea el primer gran retablo de escultura renacentista echo por nuestro autor, ni por ser el monasterio más importante de Cataluña, por ser panteón real sino por el pleito que este retablo ocasionará a Forment, siendo su mayor fracaso profesional. Para este fracaso se unieron varios problemas, entre ellos el exceso de trabajo contratado, las frecuentes ausencias del artista en el proceso de realización del retablo, la caída en desgracia del abad Caixal, y sobre todo el recelo de los escultores que trabajaban en el principado catalán. En junio de 1536 Forment retorna a Zaragoza, a pesar de la edad, los últimos años de su vida, fallece en 1540, no pierde ni su genio ni el entusiasmo por nuevos proyectos como el retablo mayor de la Catedral de Santo Domingo de la Calzada, en La Rioja (1537-1540) obra cumbre de  toda una trayectoria profesional como uno de los grandes maestros de la escultura del Renacimiento.
   El libro se completa con un capítulo dedicado a obras descartadas, así como los nombres de algunos de los profesionales que tuvo Forment en los distintos talleres a su servicio, hasta tres talleres simultáneos llegó a tener entre Zaragoza, Huesca y Poblet- Montblanc, así como un CD con más de quinientos documentos comentados en texto, algunos de ellos inéditos, que permiten saber donde se encontraba Forment durante su vida viajera, a partir de 1520.
PARA SABER MÁS:  
Carmen Morte
Damián Forment, escultor del Renacimiento
Colección Monografías de Arte CAI nº 2
Caja Inmaculada Zaragoza 2009. 445 pags