La sala verde del Museo de Arte Sacro de Teruel (MAST) acoge la muestra Cuerpos etéreos, el proyecto más íntimo y depurado de Estela Ferrer Peraire (Berge, Teruel, 1999), una de las voces escultóricas más prometedoras del panorama aragonés. La convivencia entre las estilizadas figuras en alabastro y la iconografía medieval del museo genera un diálogo inesperado: cinco siglos de distancia se disuelven en un mismo espacio donde lo sagrado, lo simbólico y lo humano se entrelazan. La artista, que ya había participado en muestras colectivas del MAST con anterioridad — en el contexto del Premio Nacional de creación artística Spiritu—, encuentra ahora un marco propio que permite apreciar la coherencia y la evolución de su lenguaje formal.
La exposición reúne una veintena de piezas creadas durante sus estancias en el Centro Integral para el Desarrollo del Alabastro, donde Ferrer ha desarrollado una investigación material y conceptual que se percibe en cada volumen. Su propuesta desafía frontalmente los códigos tradicionales de representación del cuerpo femenino: no busca la belleza normativa ni la sensualidad de la piel, sino la materialización de lo invisible. Sus figuras, erguidas y orgánicas, encarnan emociones, pulsiones y contradicciones que trascienden lo corporal. La ironía aparece cuando esas formas interiores, supuestamente alejadas de lo físico, evocan sin embargo la silueta femenina convencional, recordándonos que la mirada cultural condiciona incluso aquello que creemos esencial.
El recorrido permite apreciar la evolución del proyecto: de los obeliscos blancos y casi ascéticos de Fuerza o Alma a piezas más complejas, facetadas y cromáticamente diversas, como Transparencia, ejecutada en lapis specularis, o Interior, tallada en piedra Keuper. En el centro de la sala, un trabajo en alabastro bardillo, Descanso, rompe la verticalidad dominante y explora la postura sedente, abriendo nuevas posibilidades expresivas dentro de la serie. Esta variedad formal no diluye la unidad conceptual del conjunto, sino que la amplifica, mostrando cómo la artista profundiza en la idea de transformación, identidad y liberación.
La trayectoria reciente de Ferrer —premiada en la edición de 2025 de Carrara Ciudad Creativa de la UNESCO y reconocida en distintos espacios expositivos— confirma la solidez de una obra que combina destreza técnica, sensibilidad contemporánea y una mirada crítica sobre los discursos que han moldeado la representación de lo femenino. En definitiva, Cuerpos etéreos no solo exhibe esculturas, sino que propone además una reflexión sobre la percepción, la memoria cultural y la emancipación simbólica. Todo ello en torno a unas figuras que, en el Museo de Arte Sacro de Teruel, no solamente se limitan a ocupar el espacio, sino que además lo reconfiguran, invitando al espectador a mirar más allá de la superficie y a reconocer en el material la vibración íntima de lo humano.


