En la galería Itxaso el 6 de noviembre se inauguró la exposición Preludios, que es la primera exposición individual del pintor Borja Cortés, nacido en Zaragoza el año 1982. El día de la inauguración presentamos la exposición como evidencia de nuestra apuesta hacia su obra. Estamos ante un artista que con 14 años toca la guitarra, de la que es un maestro, y que comienza a pintar el año 2005. El título de la exposición, Preludios, fusiona la música con la pintura. Prólogo de Adrián Navarro Polo que sugiere las preferencias musicales del pintor a través de grandes compositores y las evocaciones en su obra de artistas como Jackson Pollock, C. Twombly y Gerhard Ritcher.
La exposición se divide, de forma muy nítida, en dos bloques. Al primer bloque corresponde un conjunto de cuadros, del año 2011, que son lo más parecido a un intencionado e impecable calco de lo hecho por el gran pintor Jackson Pollock. Dicho rasgo obedece a que el pintor quería captar en su totalidad la técnica del citado pintor con su famoso chorreo sobre el lienzo en el suelo. Lo lógico, con total respeto, es que estos cuadros, muy bien pintados, nunca los hubiera expuesto, pues carecen de un lenguaje propio.
Donde vemos al artista diferente, con personalidad, es en el resto de los cuadros pintados durante los años 2014 y 2015, con títulos como Escenas del bosque, Lágrimas I y II, Reflejos I y II, Sorrosal o Perspectiva 04. En dos cuadros combina, con magníficos resultados, lo figurativo y lo abstracto. Veamos. Escenas del bosque tiene de fondo una fotografía transferida que muestra abundante vegetación y su natural capacidad evocadora, que se altera por los irregulares planos pintados con intensos colores, como si cierta irracionalidad invadiera la pacífica naturaleza vegetal. Perspectiva 04 es una fotografía transferida que muestra la soledad de una habitación, también alterada por la pintura con predominio expresivo mediante múltiples trazos. Mezcla de la quietud y la espontaneidad invasora. Los restantes cuadros son abstracciones con planos irregulares, en realidad expresivas manchas, muy bien compuestos y con excepcional sentido del color, que evidencian un ámbito repleto de azar al servicio de lo irracional en el espacio humano. A sumar el generalizado movimiento o en alguna obra la tendencia vertical hacia la base. En estos cuadros, incluyendo los dos citados, demuestra su capacidad como artista.


