José Moñú, con cuadros y dibujos, inauguró el 27 de noviembre la espléndida galería Kafell, que situada en la calle Lasala Valdés 8, tiene gran altura de techo y está en planta calle. Todo gracias a la iniciativa del empresario Miguel Pérez Esteban, director y descendiente del pintor Miguel Pérez Piqueras, que fuera miembro fundador del zaragozano grupo Pórtico, desde abril de 1947 a noviembre de 1950. A título de curiosidad, aunque está a la vista del público salvo cuando se cierra la cortina, el pintor Alejandro Monge, uno de nuestros grandes valores artísticos en Zaragoza, tiene su estudio en plena galería. Lo nunca visto pero que queda muy bien.
Como sobre el zaragozano José Moñú se sabe todo y nada, ambos quedamos en la galería y le hice varias preguntas para orientar al lector sobre el artista. Nacido en Zaragoza el año 1981, estudia Decoración en la Escuela de Arte y en el estudio del conocido pintor Eduardo Lozano. Lo que vemos importante por reseñar es que vive en Berlín desde 2010 a 2012, para el pintor experiencia muy satisfactoria por el contacto con numerosos artistas de dispares países. También que su primera línea pictórica se basa en expresionistas desnudos femeninos, mientras que su actual enfoque artístico comienza en 2005, más que expresionista como rasgo que ya se daba en los desnudos femeninos, pero ahora con obra figurativa y abstracta dentro de una misma línea creativa. En la exposición dibujos y cuadros sobre lienzo con acrílico y gruesa capa matérica, una de las claves para contribuir al expresionismo radical junto con la intensidad de los colores.
Comenzamos con los dibujos, tan importantes como los cuadros y en la misma línea temática y expresionista, con la diferencia que el tema se basa en un rostro por obra sobre fondo blanco que atempera tanta expresividad. Acrílico sobre papel. Dibujos que, salvo error nuestro, son cuadros pero sobre papel y centrados en un rostro por obra. Seleccionamos algunos títulos que vemos muy interesantes. Títulos como La ventana se cerró por sorpresa, Aceitunas a la hora del té, Copito de nieve y sus rayos uva, En la comida prefiero no hablar, Gato y zumo de Fenix, Llegando justo de tiempo sin ruedas a la ópera de su cuñado, El pájaro y el leño su corazón era combustible, El hijo de Neptuno vive en NY y Salto radiante. Estamos ante rostros expresionistas deformes, algunos sin rasgos faciales, que transpiran angustiados y feroces cuando enseñan los dientes y se acompañan por muy penetrantes miradas, en una suerte de generalizada intensidad sin barreras. A sumar los violentos trazos gestuales que imprimen un cambiante movimiento. Como si el artista liberara su inquietante carga íntima atrapada con antelación en el pensamiento.
Sigamos con los cuadros, con títulos como Superman haciendo pesas, El chinche, La cerilla de Moñú, Le gustaba pasear con su perro en el bolsillo, Superman y su biberón de porcelana y El dentista golpea dos veces. Además de que en algunos cuadros incorpora palabras sueltas como <<libre>>, <<detective>>, <<pubis>>, <<señorita>>, <<pero>> o <<huevo>>, que vemos como un juego formal para romper y enriquecer un espacio de la composición, a recordar que son acrílicos sobre lienzo con gruesa capa matérica. Los cuadros abstractos, que emanan el mismo espíritu que los figurativos, se caracterizan por el movimiento generalizado y los colores intensos perfectamente articulados, de modo que se configura un todo potente, dramático, con la intensidad garantizada. Obras que, como las restantes, señalan los monstruitos personales de cada espectador. De los cuadros figurativos nos quedamos como modelo con Superman haciendo pesas, pues divide el soporte en dos planos paralelos a la base, negro arriba y azul abajo, para crear un muy sugestivo y enigmático espacio con menos capa matérica sobre el que incorpora un rostro expresionista pintado a trallazos. En las restantes obras también tenemos un rostro por cuadro de similares dosis expresivas. Dibujos y cuadros que manifiestan drama y terror, mediante la gran belleza vía imperfección humana.


