Juan Ignacio Bernués Sanz, conocido historiador y crítico de arte, nos hablaba maravillas, desde hace tiempo, de un tal Fernando Estallo, de vida cambiante capaz de exponer en Barbastro y alrededores, de modo que su exposición en el Palacio de Villahermosa, de Huesca, es casi como un atrevimiento lejos de su Barbastro natal. La exposición se inauguró el 3 de mayo y la visitamos el 4 de junio con presencia del artista y del prologuista, por supuesto Juan Ignacio Bernués Sanz. Su primera exposición individual fue en 1998, con 46 años, sin duda en Barbastro. Ofrecemos algunos datos del artista, sacados del catálogo, porque estamos ante una personalidad desbordante inundada de positiva pasión. Nacido en en 1952, escribe poemas desde los 15 años y estudia Filosofía y Letras en la Universidad de Zaragoza, de modo que en dicha ciudad colabora, entre 1972 y 1974, con el Teatro Estable y en la creación del Grupo “Octubre”. Fallece su padre en 1975 y regresa a Barbastro para regentar la peluquería paterna durante cuatro años. Con posteridad vive en Gerona donde aprende ganadería y vive con intensidad la naturaleza. En 1998 fija residencia en Barbastro y en 1992 publica su primer libro de poemas pero compartido, Interminable el desengaño, junto con José María Mur y Evaristo Albadalejo. No es casualidad, por tanto, que en 2015 publique Flux Para Poemas, con numerosos poemas cortos en una hoja gigantesca doblada. Poemas de gran atractivo, ágiles, fugaces e impactantes, tipo El reto experimenta con el azar “te has secado las lágrimas el mundo dejará de ser erróneo”, Durante siete días, estaba llena. Llena y fría. A gatas, abriendo la puerta. Ardiendo la puerta, Con cinco balas el regreso es más sombrío o Ha venido cada noche de la agonía olvidable ella se esconde detrás de su nombre.
Pero ahora estamos con su exposición. Collages de pequeño formato tiene extraordinarios, como el tríptico publicado en el catálogo con la evocación de tres figuras perforadas con agujas y plena de fuerza creativa: el quieto silencio de un borbotón. También tiene otros con muy variados temas y la presencia de figuras al servicio de matices dramáticos. Lo que entendemos como cuadros son también collages sobre papel manila, técnica mixta y variados tamaños. Las muy cambiantes texturas son trascendentales, pues se ponen al servicio de un expresionismo abstracto cargado de cambiante fuerza, en el que dominan los planos, las bandas languideciendo hacia la base del soporte o cierto toque etéreo deslizándose con sutil movimiento. También tenemos una forma dominante que protagoniza el cuadro, como si fuera un ente indescifrable que vive desde su implícito azar. Los colores transpiran al servicio del campo formal, de modo que suele predominar uno como fondo, sea blanco, oscuro o de suaves tonos, pero con frecuencia acompañados de otros que son notas exclamativas. Mundo del subconsciente cargado de autenticidad, como si cada cuadro, cada pequeño collage, fuera otro poema corto atrapado en su ser.