Del 13 de diciembre, 2012, al 13 de enero, 2013, abarca la exposición en la galería Carolina Rojo, de Zaragoza, del pintor chileno nacido en 1972 pero con residencia en España desde 1980. Chus Tudelilla, en la introducción, comenta que su tesis doctoral fue sobre la Pintura Postmoderna como final de la vanguardia histórica, de manera que nos sugiere la clave de los cuadros exhibidos.
Cuadros que rezuman múltiples rescoldos de la citada vanguardia histórica, de ahí que haya cambiantes ecos de otros pintores sin que destaque uno concreto. Como una síntesis nostálgica pero con personalidad y maneras de pintor. Los fondos, a veces con planos en el sitio exacto, sirven para crear la adecuada atmósfera, en el sentido de un espacio por el que se agitan muy dispares formas apoyadas en un intenso y variado color muy bien combinado. Campo formal, cabe insistir, basado, por ejemplo, en círculos, óvalos, aspas, curvas más o menos prolongadas, rectángulos, líneas y la media luna. Un derroche formal sin duda muy atractivo por la variedad de evocaciones.
La exposición es buena, repleta de sugerencias, pero produce la impresión de estar en otra época artística, si encima consideramos que el pintor solo tiene 40 años. Sería imprescindible una ruptura tajante, más o menos paulatina, por el procedimiento que sea, pero desde luego centrándose en suprimir bastantes formas para que las restantes adquieran máximo protagonismo e intensidad. Vendrá otro período. Un ejemplo que sacamos de sus propios cuadros. Los bellos trazos gestuales, que danzan con mayor o menor énfasis, son como tales un tema único con el correspondiente espacio, que se podrían acompañar por planos más o menos geométricos.