Cuadros de Eduardo Gimeno Wallac

Bajo el título Distorsión y ensoñaciones, la galería de arte Itxaso, del 14 de febrero hasta el 8 de marzo, exhibe 22 cuadros, tres esculturas y un montaje para que el público se hiciera fotografías, de modo que en el centro  hay un hueco en forma de corazón para colocar la cabeza, más dos en la zona superior y dos calaveras. Todo muy afín, muy acoplado, con el espíritu de la exposición. Títulos de cuadros como La espera que desespera, Creación de los dioses, Las horas que duelen, Calor y fresas, Marcha ascendente, Mensajeros, Naturaleza adulterada, Esperando en vano, Cráteres y ríos o Divina providencia, entre otros, nos orientan sobre muy dispares asuntos abordados con alta imaginación y dosis surrealistas, sin olvidar un cambiante color que potencia cada tema.

Si en las esculturas tenemos el rostro de una bella figura femenina, tres corazones rojos y tres bocas enseñando los dientes que ubica en el centro y un árbol seco como matiz destructivo, en los cuadros, de muy dispares tamaños, plantea temas como la manzana entera que es mordida, el reloj cual símbolo del tiempo, dos desnudos femeninos y tres masculinos sobre la playa de claro contenido erótico, una calavera chupando un helado y otra comiendo un fresón cual vínculo entre vida y muerte, dos niños con globos, símbolo de la inocencia, y un tigre al lado como gran amenaza, hormigas y cangrejos con un artefacto para dar cuerda, como en el cuadro con una paloma y otro con un lobo y un huevo, el muy bello barco-pez volando y tres amenazadores tenedores que emergen del mar y el típico paisaje con el bosque incendiado como crítica a la destrucción de la naturaleza. El cuadro de mayor tamaño, titulado Creación de los dioses, permite la máxima complejidad por los temas incorporados, que describimos para ofrecer una idea aproximada. Estamos ante un paisaje con dos planos paralelos a la base, tierra y cielo, que posibilitan el impecable juego de las formas mediante  una figura femenina flotando en el espacio que tiene seccionados el tronco y las extremidades, para incidir en el tema de la mutilación tan afín en los surrealistas históricos de primera generación. Basta ver algunos dibujos de Federico Comps y de Manuel Viola, esto sin salir de Zaragoza y antes de 1936, ni digamos la mutilación del ojo en otros artistas. Asimismo, ya en la tierra, figuran dos astronautas, restos de un edificio como matiz de hipotética violencia, un perro y un mono con cuchara en la espalda para darse cuerda y, como contraste, sujetando un libro. Todo muy bien encajado.

Dicha afinidad con los surrealistas históricos jamás empaña lo hecho por este pintor, siempre auténtico, pues lo importante es que haya un sentido lógico dentro de la generalizada irracionalidad, en ambos casos muy enlazados con la realidad vital circundante. El hombre, sin más, cual sujeto doliente amado por el artista. Admirable sensibilidad con ética.