Cristina Huarte, que ya expuso con el pintor Alejandro Monge en la CAI Luzán de Zaragoza el año 2013, inaugura exposición en la galería Finestra Estudio el 19 de febrero, la cual se distingue, salvo excepciones, por seleccionar a jóvenes artistas con total acierto pues no olvidemos que esta pintora nació en Zaragoza el 4 de octubre de 1988. Título de la exposición, El gesto espontáneo, como idea de la galería mediante una serie de pinturas que dan forma y continuidad a la serie Mental wealth, según indica el folleto. Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca en el 2011, como dato que confirma la excelente preparación de nuestros artistas desde hace años, sobre todo si los comparamos con generaciones anteriores. La propia artista escribe un texto en dicho folleto criticando a las personas temerosas de decir no por miedo al fracaso. También señala, entre otras consideraciones, lo siguiente:
Lo que vemos cuando estamos despiertos es muerte; cuando estamos dormidos, sueños. Cuando estás dormido ves sueños, ilusiones, espejismos…tus propias creaciones…Cuando te encuentras con la muerte, cuando la ves cara a cara, cuando no la evitas, cuando no la esquivas…cuando te encuentras y haces frente a este hecho…de pronto eres consciente de que la muerte es vida.
Da lo mismo cuadros de tamaños grandes que medianos, con o sin cristal, todo obedece a un mismo espíritu. Cuadros de gran formato, expuestos en la Sala CAI Luzán, con títulos como Dispersión instantánea, Materia, el grado más bajo de la duración e Impulso evolutivo, mientras que los de menor tamaño, enmarcados con cristal, son de fechas recientes. Siempre pintura industrial sobre lienzo al servicio de excelentes composiciones. A la incorporación de ricas texturas en el punto idóneo que trazan atractivas rugosidades, se añade la proliferación de variados colores como, entre otros, negros, rojos o verdes y la muy marcada presencia de micro y macro espacios. Lo indicado es clave para captar una magnífica obra móvil, vibrante, dinámica, explosiva, vital, siempre al servicio de las múltiples sensaciones que nos lanzan un ámbito convulso, destructor, misterioso, con marcada agresividad, sin duda como impecable eco del hombre desde lo real. Máxima belleza al servicio de la incómoda verdad. En definitiva: cuadros, lo mismo que afirmábamos sobre el pintor Víctor Solana pero con obra figurativa, más que españoles dentro de la tradición expresionista abstracta. Una gozada.
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En otra crítica comentábamos la enorme categoría del joven escultor Mario Molins, sin duda en su anterior exposición, también en la galería Finestra Estudio, pero ahora inaugurada el 15 de enero. Presenta alguna obra del pasado inmediato y el resto de finales de 2014 y 2015. Como su obra es la consecuencia de su permanente sentir del campo, también podemos sugerir que respira el mismo ámbito de sensaciones que el pintor y escultor Germán Diéz, en el sentido de vida, soledad, muerte, silencio y vacío infinito, de ahí que las esculturas sean una consecuencia de dichos rasgos.
Podemos comenzar con cuatro excepcionales dibujos que titula Retorno I, II, III y IV, más que refinados, hechos mediante cartulina blanca e incorporación de astillas en forma de árbol para simbolizar la nueva vida. En cuanto a las esculturas, siempre madera, tenemos títulos, tan significativos, como Perenne y caduco, Semilla abierta I y II, Zarza, Crecimiento V y VI, Rebrote I y II, Resquicio I y II, Ascla I y II, Ánima X y XI, Medro I y II, Memoria y Brotes. Esculturas que se distinguen por su impecable sentido de la composición, el cambiante ámbito formal y el toque expresionista más o menos acentuado según el tema, razón de su cambiante impacto visual, con el tronco de árbol como gran protagonista Tenemos esculturas con el tronco del árbol sin corteza y el énfasis vertical o configurando un bloque compacto. También se distinguen las obras quemadas en zonas concretas. Hasta aquí la muerte como presencia natural. La vida, sin embargo, se detecta en dos esculturas con los troncos sin corteza, también destruidos, con la diferencia de que están abiertos para que emerja del interior el deseado nacer como indestructible futuro. También en cuatro tablas de un mismo árbol e incorporación de una o más formas ovaladas para simbolizar el nacimiento de un nuevo árbol. Escrito así, como un planteamiento entre vida y muerte, parece muy sencillo, pero conviene recordar lo ya escrito tras citar los títulos de lo expuesto.
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