Cuadros de Cristina Herrera. Cuadros y esculturas de José Luis Ayuda

 

En el Torreón Fortea, desde el 12 de marzo, tenemos Cristina Herrera. Sólo sueños, con prólogo de Elisabeth G. Iborra. Zaragozana nacida en 1976 y cuadros de 2014 y 2015. Estamos ante una pintora ingenuista por decisión propia, pues conviene recordar que es Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca. Por decisión propia, afirmábamos, dado que si se observan los fondos de algunos cuadros, nada ingenuos, estamos ante abstracciones espaciales con planos irregulares, que puede mezclar con zonas mediante trazos geométricos. Queda evidente que combina la abstracción, propia de una pintora conocedora del arte, y un hermoso ámbito figurativo ingenuista repleto de exquisitez. A partir de aquí se podrá admirar sus paisajes e interiores mediante una temática inundada de ternura con temas como el amor pasión en numerosas obras, las figuras volando con o sin alas de mariposa y la tierna madre con su hijo. Todo muy auténtico y acompañado por un cambiante pero sobrio color. Plácida armonía que transmite al gozoso espectador.

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En el Torreón Fortea, 20 de enero a 1 de marzo, con prólogo de Rafael Ordóñez Fernández, se inauguró la exposición de una artista nacido en Zaragoza, el año 1957, del que desconocíamos todo. Al margen de que el título de la exposición, Pequeñas cosas, sea un desastre aunque defina el tamaño de las obras, dejamos constancia de una rareza. Aludimos a que desde 1978 hasta 2015 ha expuesto de forma individual en cuatro ocasiones, tres en Zaragoza y una en Huesca, lo cual se debe a razones que ignoramos. Poca vocación expositiva como matiz muy negativo.

Muy buenos y coherentes cuadros y esculturas de 2014, que tienen como punto en común la abstracción geométrica. Muchos de los cuadros son, en realidad, escultopinturas acopladas de maravilla, al servició de una obra potente, muy sobria de color, con proliferación de zonas ambiguas, enigmáticas y numerosos microespacios que enriquecen el conjunto. Cuadros que ofrecen un canto de la racionalidad inmersa en un ámbito irracional, como vía conducente a mostrar un ángulo de la realidad humana. Dichas singularidades, racionalidad en la forma general e irracionalidad en la superficie, se dan en las esculturas, pero con un impecable sentido del poderoso volumen, matizado, marcado, mediante tajantes líneas rectas trazando cambiantes formas, como norma atrapadas por sutiles tensiones, sin olvidar, cuando procede, la incorporación de sugerentes huecos. Rafael Ordóñez Fernández, como remate de su prólogo, afirma: …las texturas corpóreas, las tenues epidermis apasionadamente contenidas, los colores profundos como la soledad y el desamparo o la celebración de la alegría, y la luz primorosa que origina y protege y reconoce y canta la belleza indeleble, misteriosa y eterna donde habitan absortos los ocultos placeres acaso metafísicos de todo lo pequeño.