Desde siempre, sin duda antes de pintar, Cristina Beltrán ha sentido el paisaje como algo íntimo mediante las cambiantes vivencias de su amado pueblo natal. Su exposición en el bar Bonanza, desde el uno de junio hasta agosto con cierre entre medio, obedece al tema de la naturaleza vegetal según viene ofreciendo desde hace años. Pero hay algo, para los que seguimos su evolución artística, que ha cambiando, sin duda por mayor madurez pictórica a partir de la impecable técnica.
Estamos ante fondos abstractos, como tales otros cuadros, con muy cambiantes planos que generan enigmáticas abstracciones o con toque expresivo, siempre de notable belleza y capacidad evocadora a través de potentes y delicados colores. Con dichas bases, imprescindibles para desarrollar el otro tema, se crea la adecuada atmósfera para que flote y resalte su pasión hacia la naturaleza vegetal, siempre pintada, sentida, desde un ángulo poético, pero también como una especie de testimonio vital ante su indiscutible trascendencia. Dicha triple alianza, pasión, matiz poético y tono vital, es la clave de tanta naturalidad pictórica aliada con el auténtico sentimiento de la pintora.


