Uno de los pilares del cine español, mal que pese a ciertos sectores, es la comedia. Este género atraviesa toda la historia de nuestro cine, sirviendo no solo de testigo, sino también y más importante, como reflejo de los distintos hitos históricos y transformaciones sociopolíticas del país. Más allá del estereotipo o del chiste fácil al que la memoria colectiva parece llevarnos cuando hablamos de “comedia española”, esta exposición pretende rendir homenaje y reivindicar la risa y humor hispano como una de las características representativas del país, a la par que como un lazo de unión entre todos sus habitantes.
Partiendo de esta idea, los comisarios Arturo González-Campos (conocido por su labor como humorista y director/colaborador en diversos podcasts culturales, centrados en el mundo del audiovisual y la ficción) y Maribel Sausor realizan un recorrido de casi un siglo del que se han extraído aquellos films más destacados e icónicos que han acompañado a la sociedad española.
La exposición se despliega en el interior del Palacio de Longoria, sede madrileña de la SGAE, en tres secciones distintas claramente delimitadas, puesto que cada una se desarrolla en un espacio diferenciado. A su vez, estas secciones se componen de cartelerías, recortes de revistas, documentos originales (guiones, partituras, bocetos, planes de producción, etc.) y memorabilia diversos, que llaman la atención del visitante, enriqueciendo su experiencia. Todo ello, se completan con paneles que, más allá de cartelas explicativas, funcionan como homenajes escritos por profesionales del cine actual, como los directores Paula Ortiz y Rodrigo Cortés, la guionista Marta González de la Vega que toma el ejemplo de Conchita Montes para honrar a todas las mujeres silenciadas en la historia del cine patrio, o la crítica Mariona Borrull.
De esta manera, la primera sección, bajo el título de “La comedia en blanco y negro”, marca el pistoletazo de salida del recorrido expositivo con La verbena de la Paloma (1935) de Benito Perojo, ejemplo paradigmático del cine zarzuelero y uno de los primeros grandes éxitos del cine sonoro. En recorrido circular —ya que esta sección ocupa el vestíbulo que rodea a la escalera central del palacio, de la que se asoma un recorte de José Isbert en Bienvenido, Míster Marshall, dando, precisamente, la bienvenida a los visitantes—, la muestra enlaza con otros clásicos del cine del franquismo como La vida en un hilo (1945, Edgar Neville), Historias de la radio (1955, José Luis Sáenz de Heredia), Mi tío Jacinto (1956, Ladislao Vajda), El Pisito (1958) y El Cochecito (1960) de Marco Ferreri, La gran familia (1962, Fernando Palacios) y diversas obras de la filmografía de Fernando Fernán Gómez, que se ilustran no solo con fotogramas y fichas, sino también con la Medalla del Círculo de Escritores Cinematográficos que recibió por el argumento de La vida por delante (1958) y su máquina de escribir personal.
Precisamente Fernán Gómez sirve como vínculo de unión con la siguiente sección de la exposición, que se centra en esos autores que reinventaron la comedia clásica española y la imbuyeron de personalidad. No puede faltar, por lo tanto, un espacio dedicado a Luis García Berlanga, ilustrado por carteles, fotografías y los guiones originales de sus éxitos; y otro dedicado a José Luis Cuerda, con documentos sobre la gestación de Amanece, que no es poco (cinta que da nombre a la exposición), su máquina de escribir y, coronando el espacio, el proyecto para la escultura de Cuerda que se erige en Albacete.
Acompañando a estas dos figuras titánicas de la comedia española, también se referencia al cine de los 70, personificado en el landismo, como inauguración de ese cine de sol, playa y erotismo; y a la lucha frontal contra la censura por medio de la comedia, aunando en un expositor los dibujos satíricos y storyboards de Manuel Summers y el expediente de censura de la cinta Cuando los maridos se iban a la guerra (1976, Ramón Fernández), entre otros objetos.
El recorrido termina con “la comedia moderna”, donde se dedica un enorme espacio a Pedro Almodóvar, figura capital a la hora de actualizar la risa hispana, de cuyas cintas se exponen guiones y partituras originales. Al director que nos dio a conocer allende nuestras fronteras, acompañan las tendencias de los últimos 20 años: desde El milagro de P. Tinto (1998) a Torrente (1998, Santiago Segura), Campeones (2018, Javier Fesser) o Padre no hay más que uno (2019, Santiago Segura). Por supuesto, no puede faltar una referencia a la película más taquillera del cine español: Ocho apellidos vascos (2014, Emilio Martínez-Lázaro), que se acompaña por una claqueta del rodaje y el Goya a Mejor Actor que ganó su protagonista, Dani Rovira.
La muestra cuenta con el enorme privilegio de desarrollarse en el interior del palacio modernista de Longoria, cuya arquitectura y patio merecen una visita por sí mismos. A pesar del juego de espacios tan interesante que éste permite, por ejemplo, con la escalera central, no hay marcado un recorrido claro. Tampoco nos encontramos ante un discurso expositivo cronológico, aunque así pueda parecerlo, así que esa libertad del visitante para elegir dónde empezar y terminar el recorrido puede aprovecharse para servir a uno de los objetivos de la muestra: todas las películas allí presentadas beben de una misma base cultural y de un entendimiento compartido del sentido del humor de un país.
Así pues, la exposición no solo cumple con el propósito servir de recordatorio nostálgico y homenaje de uno de los grandes géneros de nuestro cine, sino que actúa como un escaparate dignificador al equiparar a todos los cineastas y autores, obligando a convivir a Alfredo Landa con Almodóvar, o a Benito Perojo con Los Javis. Tal y como los comisarios buscaban transmitir, ninguna de las comedias que allí se contemplan habría existido sin sus predecesoras.
Recientemente reconocida por el premio Evento FlixOlé-URJC 2025, esta exposición muestra la supervivencia de un género que, tras las carcajadas y la mal llamada “españolada”, esconde un valioso comentario sobre la sociedad que las gestó y las recibió en el lienzo de plata.