Siguiendo con la feliz idea de inaugurar exposiciones fuera de la Asociación de Artistas Plásticos Goya-Aragón, ejemplo de su versatilidad, es imprescindible referirnos a la colectiva Aragonia es tu ziudad, marzo de 2011, bajo la promoción y patrocinio de Aragonia, en Zaragoza, con un espacio para Pablo Picasso como homenaje del 130 aniversario de su nacimiento a través de una amplia colectiva formada por los artistas Isabel Falcón, Carmen Relancio, Velásquez-Gomez, ambos escultores que trabajan en equipo, Juan Carlos Laporta, Miguel Sanza Pilas, Cristina Beltrán, Nines Cárceles, Leticia Hidalgo, Esther de la Varga, J.L. Borra, J. de las Muelas, Débora Quelle, J. A. Amate, Mariela García Vives, Miguel Ángel Arrudi, María del Carmen Santaliestra, Oleg, Carmen Casas, Carmen Catalán, Alejo Anadón, Blanca G. Guerrero, Jesús Guallar, Francisco J. Marco, Emilio Gazo, Helena (Rayo de Luna), Elena Sovh, Horacio Gulias, Paco López Francés, Julia Reig, Sonia Abraín, María Pilar Pala, Pilar Aguado Laviñeta, Josefina Paricio, María José Jiménez Usán, Jorge de los Ríos, Roberto Morote, Ana Isabel Enguita, María Jesús García Julián y Carlos Celma. Colectiva con múltiples enfoques artísticos y muy dispares técnicas.
Otra colectiva que conviene citar es la titulada Arte en Primavera, inaugurada el 27 de abril en la Asociación de Artistas Plásticos Goya-Aragón. Integrada por los pintores Paco López Francés, mediante sucesivos planos al servicio del expresionismo, Julia Reig Zapatel, con dosis imaginativas a través de planos interconectados, y Domingo Sanz Azcona, a través del dominador expresionismo móvil empapando el soporte.
Queda la colectiva integrada por los pintores Carlos Celma (Zaragoza, 1967) y Ana Isabel Enguita (Tierga, Zaragoza, 1966) y el escultor y pintor José Miguel Abril (Alcañiz, Teruel, 1974). La mayor o menor carga matérica de Carlos Celma sirve para multiplicar su inclinación expresionista, que adquiere máximo nivel en el cuadro con dominantes rojos, trazos móviles y planos irregulares, tan enriquecido por círculos y espirales con su correspondiente y compleja carga simbólica por todos sabida. Como variante tenemos la obra con fondo blanco alterado por el moteado gris y expresivas manchas negras de las que se desprenden haces grisáceos. Manchas que tienen como variante, en otro cuadro, el gran cuerpo central en forma de círculo cual matriz gestante desprendiendo trazos y planos hacia espacios infinitos. También encierra interés, pese al exceso matérico bien resuelto, el cuadro de intensos colores y numerosos círculos concéntricos como matiz simbólico con dejes científicos.
La propuesta de Ana Isabel Enguita consiste en primeros planos de rostros femeninos de notable belleza y destacados colores. Aquí concluye toda normalidad. De pronto, con máxima naturalidad, se captan uñas pintadas como si fueran abstracciones geométricas, que en otros cuadros se posan en la melena y en los labios, fosas nasales con figuras infantiles, una araña colgando dispuesta a cazar moscas, en ambos casos a la manera de un collage por el material, que suponemos de plástico, y el rostro repetido pero sólo un ojo, parte de la nariz y la frente. Obras que con lo indicado trastocan, para bien, la imagen idílica de rostros sublimados para ofrecernos bellos juegos formales y cromáticos con libertad de planteamientos. Queda un cuadro con la figura femenina gritando, se supone que de angustia, ante la agresividad de las formas geométricas, en papel de plata, que se desgajan en una suerte de explosión.
En las obras de José Miguel Abril el gran tema se basa en la muerte dosificada con indiscutible belleza y extraño atractivo. Los cuadros, tinta china sobre arpillera, se apoderan de cualquier mirada ante los expresionistas trazos en simbiosis con rostros de perfil y la muerte cual lujuria en contra del gesto vital ante una inexistente vida. Con las esculturas el tema se repite a través de cabezas calaveras, una gritando como si la muerte hubiese acaecido hace siglos o estuviéramos ante un asesinato, y el pavoroso rostro sin ojos, producto de una tortura, que “llora” sangre negra.
Exposición muy coherente, última de la temporada, con cambiantes propuestas artísticas que atrapan desde su natural personalidad.