Del 15 de febrero al 13 de mayo, va a esta abierta la exposición dedicada a aspectos que están íntimamente relacionados entre sí, como son las emociones, la infancia, y el medio cinematográfico, hasta el punto de que casi no se entienden uno sin el otro.
Como refiere el título, la muestra se concibe como un viaje hacia la infancia, época de iniciación, de abrirse al mundo y a sus experiencias, y una de estas vías de entrada, sin duda, ha sido y es el cine. El director Martin Scorsese así lo ha expuesto en alguna ocasión: “Cuando de pequeño me llevaron al cine, lo primero que sentí es que accedía a un mundo mágico. Un mundo de sueños. Un lugar que despertaba y potenciaba mi imaginación”. Un medio que ha sido definido como catalizador y condensador de emociones de muy distinto signo, y en el que la infancia, protagonista y destino de muchas de sus creaciones, ha sido objeto de consideración desde su nacimiento.
La muestra se realiza en colaboración con la Cinémathèque française, lo cual ayuda a explicar la presencia notable de materiales muy diversos vinculados a títulos de esta nacionalidad. Son siete secciones las que articulan el discurso expositivo: “Alegría”, “Rabia”, “Risa”, “Lágrimas”, “Miedo”, “Valentía” e “Ilusión”, en función de las citadas emociones, y en todas ellas se insertan películas de casi todas las épocas del medio (se echa en falta quizá alguna mención a las primeras experiencias en el campo de la animación del francés Émile Cohl o el estadounidense Winsor McCay, entre otros, por no hablar de Disney (salvo la excepción de Bambi (1942), si bien es cierto que recientemente ha habido una exposición monográfica [Disney. El arte de contar historias], también a cargo de Caixa Forum, que ha dado buena cuenta de los procesos creativos del dibujante estadounidense) en las que los niños, de una u otra manera, han sido protagonistas de las tramas argumentales o los destinatarios principales de los trabajos fílmicos, como suele considerarse (no sin caer en el apriorismo reduccionista e inexacto) para el cine de animación. En este sentido, de manera organizada, pasamos de una emoción a otra a partir de ejemplos muy significativos del cine, sobre todo, europeo (francés), y de otros países como Estados Unidos o la nota quizás más desconocida para el público como pueda ser La canción del camino (Pather Panchali, 1955), del indio Satyajit Ray. Muchos y variados son los materiales en los que se apoya la exposición, desde fotografías, dibujos, story-boards de algunas secuencias, proyecciones en bucle de fragmentos de películas, carteles, maquetas, hasta una pieza de vestuario, el vestido empleado por Catherine Deneuve en Piel de asno (Peau d´âne, Jacques Demy, 1970), basada la historia en un cuento de Charles Perrault. Por no hablar de los objetos (sombrero, pipa y raqueta) empleados por el actor y director Jacques Tati en sus películas Mi tío (Mon oncle, 1958) y Las vacaciones del señor Hulot (Les vacances de Mr. Hulot, 1953), que se complementan con los dibujos auténticos en donde la mano de Tati reprodujo la silueta caricaturesca de su personaje.
El cine francés, con personajes reales y de animación, es el que copa el protagonismo de la muestra, por las razones antedichas, con dibujos, fotografías, carteles, etc., de títulos como Los miserables (Les misérables, Henri Fescourt, 1925), según la obra de Víctor Hugo, donde el componente melodramático substancia buena parte de la trama, por lo tanto, dentro de la emoción asociada con las “Lágrimas”. Asimismo, son varios los títulos que podríamos citar que siguen esta línea: El chico (The kid, Charles Chaplin, 1921), Ladrón de bicicletas (Ladri di biciclette, Vittorio de Sica, 1948), o el clásico español Marcelino pan y vino (Ladislao Vajda, 1955). Filmes que desde distintas sensibilidades, el dulcificado melodrama de origen dickensiano, el descarnado realismo o el ternurismo confesional, han sido protagonizados por niños, aunque el significado de las historias aspirase a un alcance universal. En otro orden de cosas, el aspecto de la educación (que por sí mismo podría aglutinar un tema expositivo en relación al cine), como no puede ser de otra manera, ocupa también un lugar destacado en la sala de Caixa Forum. Es así que encontramos alusiones a la naíf Cero en conducta (Zéro de conduite: Jeunes diables au collège, Jean Vigo, 1933), y el homenaje a ésta planteado por François Truffaut en Los cuatrocientos golpes (Les quatre cents coups, 1959).
En otro orden de cosas, también hay espacio para el “Miedo” protagonizado por los niños, pero no como víctimas sino como los provocadores de esta emoción, en filmes como El pueblo de los malditos (Village of the Damned, Wolf Rilla, 1960), donde, a cuenta de un relato fantástico, un grupo de niños con extraños poderes pone en jaque la tranquilidad de una pequeña comunidad.
Igualmente dentro del género fantástico habría que citar El laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2006), una sugestiva cinta donde no todo es lo que parece; una coproducción, con importante presencia española, que refiere la aportación nacional al leit-motiv de la muestra, además de la citada película de Vajda, junto con otros títulos como Manolito Gafotas (Miguel Albadalejo, 1999), que, desde el registro de la comedia realista con cierto sabor costumbrista, aborda la cotidianeidad de un niño de barrio en sus vacaciones veraniegas. O el drama Alas de mariposa (Juanma Bajo Ulloa, 1991), que desvela las interioridades de una familia en crisis, sin olvidar la metafórica El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973), uno de los mejores ejemplos de la renovación cinematográfica española bajo presupuestos más intimistas en la España del tardofranquismo.
En última instancia, hay que resaltar toda una serie de actividades pensadas para los niños, en una sala aneja a la exposición, donde pueden construir sus propios relatos mediante pequeños decorados.
Además, para el resto del público, la exposición se complementa en el salón de actos con las siguientes proyecciones: la mencionada La canción del camino (Pather Panchali, Satyajit Ray, 1955), el 27 de marzo; El señor de las moscas (Lord of the Flies, Harry Hook, 1990), el 3 de abril, y finalmente, el clásico Raíces profundas (Shane, George Stevens, 1953), que se pasará el 10 de abril.