Cierta Luz. De fotógrafas aragonesas (O por qué Aragón las necesita)

En La Lonja hasta el 23 de abril podemos disfrutar de esta muestra de 52 fotógrafas, con más de 150 obras entre fotografías e instalaciones y una proyección de gran impacto visual. Comisariada por Lara Albuixech, Lorena Cosba, Tamara Marbán Gil y Judith Prat que forman el Colectivo 4F, en cuyo manifiesto afirman la intención de tender puentes entre las mujeres que se dedican a la fotografía y contribuir a la difusión de la cultura fotográfica.

El espíritu de la muestra, como indican las comisarias es revalorizar la trayectoria de las fotógrafas aragonesas, su frescura y su penumbra. Proponen un recorrido por varias generaciones desde los años cincuenta y por lo tanto diversos estilos y técnicas.  Además de señalar la ausencia de las que tuvieron que elegir y colgaron la cámara.  Y sobre todo “subrayar la relevancia de aquellas que han invertido tiempo y voluntad en contar y contarse”.

Muchas artistas con dispares trayectorias y muchas maneras diferentes.  Queremos transmitir el enfoque de las artistas más representadas en la muestra a partir de un pequeñísimo esbozo de cada una de ellas.

La exposición comienza con una retrospectiva de Divina Campo (1931) a la manera de homenaje. Primera fotógrafa profesional de Huesca, se inicia en el revelado en el laboratorio fotográfico familiar, hace reportajes de niños y adolescentes en las casas donde le llamaban, porque en este caso, el ser mujer y muy joven les daba confianza, lo que se aprecia en la espontaneidad de los posados.  Le llaman para bodas y toda clase de eventos: actos oficiales, inauguraciones, exposiciones…  Su labor no se ciñe exclusivamente a estas facetas, ya que a Divina le gusta observar y sacar instantáneas de la vida cotidiana, escenas callejeras.

Fue muy corta su carrera profesional, ya que en 1958 contrae matrimonio y su talento, como el de tantas otras mujeres, se limita al ámbito familiar. En 2016 dona su archivo fotográfico a la fototeca de la Diputación Provincial de Huesca, más de 17 000 fotografías, que en la actualidad se están conservando, digitalizando y catalogando.

Una recuperación de la memoria realiza Virginia Espa (1959), con Engramas de familia interactúa con fotografías familiares, interviene en las mismas para contarnos su historia, la huella de las experiencias en la España franquista.

Casi de fotografía científica podríamos calificar las obras de Teresa Grasa (1945), sus impresionantes fotos acercan a nuestros ojos los rostros realizados por Goya en las cúpulas y bóvedas para ser vistos a mucha distancia, permitiendo contemplarlos tal como salían de la mano del genio, con sus trazos libres y rápidos en los que imprimía su  alma.

Columna Villarroya (1954) se define como observadora de su propio interior.  En su esplendida serie Espejos nos plantea estos acercamientos al ojo humano como un espejo múltiple, como ventanas que nos acercan al exterior, como reflejos de nuestro interior y como forma de reflexión del espectador.  La imagen tan cercana en blanco y negro nos permite ahondar en el rastro de lo vivido. 

También nos habla de espejos Alicia Vela (1950), como la otra Alicia, la del cuento, traspasa el espejo y se encuentra con sus otros yoes, la memoria de madres, abuelas, tías, voces de mujeres que rescata del olvido.

Rocio Badiola (1982) presenta magníficos retratos en los que la modelo adopta actitudes mas naturales que los estereotipos, reinterpretando el concepto de belleza impuesto por la moda. Monica Lou (1984) fotógrafa especializada en danza retrata a unas jóvenes en la playa, bailarinas en historiadas posturas, sauvage, un canto a la mujer salvaje.   

Pilo Gallizo (1979) investiga las relaciones de las personas entre sí y con su entorno.  Retrata compulsivamente su mundo, Diarinición, a modo de diario nos muestra diversos ambientes, edificios, calles, abandono, sordidez. Alejandra Franch (1980) con sentido del humor reflexiona sobre los diferentes estados y estándar de la belleza en Bello público.

El mundo onírico, los límites entre razón y subconsciente, está representado por Luisa Monleón (1979) en Atlas, un mundo interior en el que se confunde lo vivido con lo imaginado, imágenes superpuestas en las que confluyen espacios y tiempos diferentes. Pilar Albajar (1948) y Antonio Altarriba aseguran que sus fotografías no son vistas sino visiones y que no se toman secrean.  Configuran sus obras a partir de un guión, lo que elimina el carácter de instantánea. Irrupciones son visiones inesperadas, inverosímiles, de pesadilla, con las que pretenden sustraernos del manto gris de la apatía.

De los diferentes estados y de las formas de emerger del inconsciente al consciente tratan los últimos trabajos de Mapi Rivera (1976) una artista que parte del misticismo y se expresa a través del cuerpo femenino para reivindicar la relación humanos/naturaleza. Eufonía de la constelación de Libra es una serie de alta espiritualidad, muy cuidada técnica, formal y conceptualmente, sobre un poético paisaje nocturno la mujer se sumerge en el Cosmos fundiéndose con él.

Cristina Silván (1975) trabaja en la generación de espacios geométricos, sus fotografías sobre fondo negro parten de un escáner y buscan la esencia del objeto en movimiento que puede suponer un proceso infinito de transformación. Cecilia de Val (1975) en El Monte Perdido hace un paralelismo entre la transformación de la fotografía y la del paisaje, tomando como ejemplo el origen marino de Monte Perdido. Así, la fotografía  física pasa con la digitalización a la desmaterialización de la misma, de una fotografía sólida se pasa a una de carácter fluido, en la que ya no se emplea papel, sino códigos y algoritmos.  

Vicky Méndiz (1978)  In and At es un proyecto fotográfico y de residencia artística que la autora lleva a cabo en la ciudad danesa de Aarhus. Méndiz reflexiona a través de la mirada de los niños, clave para la construcción de este  relato.  Son las impresiones que le causa un lugar desconocido para ella hasta ese momento, la península de Jutlandia, es una narración fotográfica de los lugares y las personas que los habitan. Agurtxane Concellón (1973) vive en Noruega desde hace más de diez años en un pueblo de 900  habitantes, cerca del parque nacional de Hardangervidda, se ha adaptado al duro clima y sobre todo a un tipo de vida más sosegado.  Su aportación a la muestra, Røros, a journey, relata el duro viaje en trineos arrastrados por caballos, de 30 hombres y mujeres a través de nieve y lagos helados para asistir a la feria de invierno de Røros en Noruega.

Lara Albuixech (1971) nos muestra una preciosa y nostálgica instalación La Interior, sobre el Sáhara Occidental, donde residió en su niñez.  Comparte sus recuerdos a través de fotos familiares y las fotografías tomadas a su regreso cuarenta años después, con un gran sentimiento de deuda con el pueblo saharaui, donde le narran los últimos días de la colonia española y donde le enseñan el verdadero significado de la palabra resistencia.

Delia Maza (1958), a través de un velo verde nos ofrece en Fengjie, el sacrificio cómo la mano del hombre en beneficio del progreso cambia el orden ecológico, biológico, social y económico de más de dos millones de personas. Fengjie y otras ciudades y pueblos, 630 km. cuadrados quedaron bajo las aguas al construir una gran presa en China.  Maza lo compara a Ofelia bajo el agua, no obstante destaca el destello rojo de una flor de loto como una herida o tal vez, un punto de esperanza.

Documentalista y activista en defensa de los derechos humanos, Dune Solanot (1971) en Estambul oculto nos muestra el interior de una hermosa y decadente ciudad.  Denuncia la situación de la mujer turca, la violencia escondida, el abandono.

Maysun (1980) con The mousetrap  nos guía a través de Gaza tras la guerra del 2014, vemos el horror y el sufrimiento de la población civil que pese a la pintada de la pared “Gaza ganó”, están metidos en una ratonera, faltos de electricidad y agua y sometidos a las inclemencias del tiempo, un desafío a la supervivencia.  La intención de Judith Prat (1973) es contar, a través del poder de la imagen, pequeñas historias anónimas que nos muestran cómo es el mundo en que vivimos.  En la guerra de Yemen se está empleando como arma el sufrimiento y sobre todo el hambre de la población civil, hay una continua violación de los derechos humanos.  Un conflicto que está durando demasiado, una guerra olvidada. Ana Palacios (1972) periodista y fotógrafa documental entregada a relatar la problemática africana, especialmente cuando afecta a los más vulnerables, los niños.  En Niños esclavos.  La puerta de atrás, muestra la esperanza, la posibilidad de coger esa puerta de atrás para sacar a esos niños de esa pesadilla a la que han sido forzados.

Luisa Rojo (1946) considerada pionera del Copy Art y del Cibachrome en España, define la fotografía: “Como la energía, es lo más directo, próximo, lejano, inasible, captable, como la luz y los pensamientos, que radican en la intuición, sueños en soporte brillante, frágiles como el papel y efímeras como un momento de luz en la retina del tiempo”.  Con su instalación hace un reconocimiento a la mujer, a su buen hacer a lo largo de la historia transmitiendo cultura, vida, crianza,  hábito, habilidad y defendiendo su espacio. Lorena Cosba (1979) nos muestra Systema naturae, un trabajo que requiere un proceso creativo largo, de recuperación de recuerdos a partir del álbum familiar. Reproduce imágenes en elementos naturales diminutos como conchas, plumas, cáscara de huevos, piedras… Los clasifica y guarda en campanas de cristal.

Marta Sánchez Marco (1982) con Les feuilles mortes nos hace reflexionar sobre los límites de la realidad y el artificio, dieciséis fotografías de diferentes hojas, a modo de herbolario, que previamente ha manipulado y dorado, dándoles una vida que ya no poseen. Maribel Castro (1961) en La vereda de los serranos reivindica la trashumancia como una tradición ancestral a punto de desaparecer. Nos enseña a través de múltiples diapositivas su experiencia en 1985 como la primera mujer que hace la trashumancia, 25 días y casi 500 Km. por delante en compañía de 450 vacas bravas y su cámara.

Una producción audiovisual, proyectada en tres grandes pantallas recoge el trabajo de veintiséis autoras, con la intención de mostrar la transformación que realiza el relato fotográfico tradicional al confluir con otras herramientas enriqueciendo el lenguaje visual. Estas importantes obras proyectadas, reiteradas en nuestra retina a gran tamaño, producen un gran impacto visual:

Estefanía Abad                      Conchy Aísa                         Ana Carmen Alejandre
Marta Aschenbecher             Patricia Bara                         Arancha Benedí
Laura Bersabé                       Katerina Buil                         Cecilia Casas
Esther Casas                          Mariángeles Cuartero            María Félez
Jose Girl                                Mai Ibargüen                         Pilar Irala/animAMusicae
Elda Maganto                        Tamara Marbán                     Rosa Marco
Belén de Miguel                    Esther Naval                         Aránzazu Navarro
Beatriz Orduña                     Vanesa Pinac                          Teresa Relancio
Cintia Sarría                          Nuria Soler

Finaliza la exposición con fragmentos del rostro de cada una de las 52 artistas en tiras de papel que podemos llevarnos. Las comisarias nos piden una reflexión sobre la vida y cómo marca ser mujer.