Miguel Ángel Gil comenzó como ceramista, luego fotógrafo y de nuevo se interesó por la cerámica desde hace tiempo, lo cual significa la actitud de un artista abierto a dos líneas técnicas sin detrimento del ángulo creativo. Ahora acaba de inaugurar exposición individual en la zaragozana galería La Libreta de los Dibujos, en Contamina, 19, nombre tan sugestivo como equívoco pues exponen escultores, pintores o ceramistas. Galería que acabamos de conocer y que podemos definir entre las tres más exquisitas de Zaragoza por la mezcla en su decoración de pasado y presente, ni digamos las pequeñas hornacinas con esculturas iluminadas desde el interior.
Con su exposición, por ejemplo, en la Sala CAI Barbasán de Zaragoza, mayo de 2005, Miguel Ángel Gil ofrecía la medida exacta de una extraordinaria creatividad y un cambiante enfoque temático unido por el campo formal y el mismo criterio que el ceramista Joaquín Vidal, en el sentido del color controlado, sin chirriar, mediante planos monocromáticos alterados por algún muy suave contraste de mayor o menor intensidad. Todo en su sitio con indiscutible refinamiento. Ahora, por fortuna, sigue igual, de modo que los colores corresponden a un criterio natural temático, es decir, un ladrillo tiene color ladrillo, un pan tiene color pan o las antiguas bombas son negras con la mecha blanca. Aquí se acaba el refinamiento desde la hermosa sencillez cromática, porque el ámbito formal obedece a dicho refinamiento pero al servicio de cambiantes criterios, tan singulares por dispares temas unidos por el color y un específico toque personal.
A lo comentado cabe sugerir que el ceramista, con obras entre 2004 y 2010, parte de una idea dominante para cada cerámica, lo cual significa que estamos ante diferentes temas, que como norma están muy definidos por títulos como Hucha electrónica, de 2010, en realidad un juego irónico con la hucha de siempre y una extraña ranura mecánica para introducir el dinero, Fragilidad, de 2008, con un huevo duro blanco sobre el ¿posa huevos? que contrasta con el soporte negro, Fin, de 2010, mediante huesos humanos sobre fondo negro que trazan la palabra fin y que vemos demasiado descriptiva, Bombas, de 2009, con dos bombas negras y la gruesa mecha blanca, Cultura bajo presión, de 2009 con tres libros aplastados por formas irregulares que aluden, se supone, a lo irracional, Plan-E, de 2010, con un ladrillo cubierto en parte como sugerencia de la fachada, o La mesa está “puesta”, de 2004, cerámica basada en una mesa tamaño natural con silla, una manzana, un plato, los cubiertos y una botella de vino. Consideramos que algunos títulos son demasiado descriptivos, lo cual impide una interpretación abierta desde la imaginación personal. Los títulos siempre deben aludir, de forma etérea, muy lejana, al significado de cada obra, pero nunca de manera exacta pues condiciona, hipoteca, la supuesta complejidad de lo realizado. Dicho esto, sin ánimo extraño, la exposición es magnífica. Cada cerámica, con su espectacular quietud, desprende una creatividad radical, muy por encima de los títulos, de modo que siempre vibra cierto cúmulo de sensaciones afines a la palabra Arte. Un ejemplo. Fragilidad, que podría haberse titulado, por ejemplo, Negro succionado, encierra el factor sorprendente del huevo duro blanco emergiendo sobre fondo negro de cerámica. Fondo que es una profunda y enigmática abstracción cuadrangular alterada por bellas texturas y cambiantes rajas como consecuencia de un inverosímil parto. Al titularla Fragilidad queda claro que alude al huevo, con lo cual se altera un análisis amplio e imaginativo, el que se merece la obra.