Céramicas de Fernando Malo, en clave mudéjar

Es un lujo contar en Aragón con un ceramista tan reputado como Fernando Malo y un lujo poder visitar su exposición en A del Arte, enmarcada dentro del Festival Internacional de Cerámica Contemporánea CERCO, que este año 2020 celebra su vigésimo aniversario. Como corresponde a este certamen, se trata de cerámica creativa, nuevas piezas de los dos últimos años en las que ha ido experimentando formas y colores en los que ha alcanzado una belleza y potencia plástica extraordinarias. No menos exquisito es el montaje expositivo, como siempre en esta elegante galería que tanto cuida las formas, y esta vez he de felicitarles además por haber encargado un texto muy poético a Sophi Kara que acaba muy oportunamente con unas jarchas, pues la vinculación con la cultura mudéjar sigue siendo el caballo de batalla favorito de Fernando Malo. Ya lleva más de una década explorando prioritariamente ese filón tan inspirador, que se remonta por otro lado a su trayectoria de más de treinta años de restaurador de las cerámicas de nuestras torres y fachadas mudéjares. Si Aragón puede presumir de este Patrimonio de la Humanidad es, en buena medida, gracias al buen hacer de este ceramista que ha sabido recuperar las antiguas técnicas tradicionales, y no solo las de nuestra tierra, pues cuando restauró el muro de la Parroquieta de la Seo hubo de recrear los colores morados y dorados de las baldosas traídas de Al Andalus, que desde entonces han entrado a formar parte de su repertorio formal favorito, como se puede comprobar en el cromatismo y filigranas que lucen sus obras aquí expuestas, sin limitarse al típico azul de la alfarería de Muel o al verde de Teruel. Pero también incorpora el negro del Raku, técnica de cocción y post-cocción de origen japonés que deja unas texturas muy escultóricas por lo que es la favorita de muchos modernos ceramistas creativos, que se sienten hijos de la mayor valorización oriental de esta técnica como arte digno de coleccionismo y alta apreciación. Esa fusión cosmopolita se integra aquí sin problema, siendo el mudéjar un arte de sincretismo, practicado antaño por moriscos conversos en arquitecturas cristianas, mientras que ahora lo mantienen vivo algunos artistas que saben unir la cultura local y las del mundo con el entusiasmo que pone Fernando Malo, empeñado en defender que el mudéjar sigue siendo un estilo vivo y actual. Seguramente tiene razón, pues los historiadores del arte sabemos que hay corrientes artísticas cuya pervivencia en el tiempo sigue manteniéndose. Y no solo me refiero a pueblos primitivos que se aferran a sus tradicionales expresiones artísticas mil veces repetidas, aunque hablando de cerámica siempre podría parecer muy bien traída una reinterpretación de la noción de “lo crudo y lo cocido” acuñada por  Claude Lévi-Strauss. “Barrocos” se llamaban a sí mismos muchos postmodernos, y “nuevos románticos” también. ¿No tiene derecho Fernando Malo a reivindicar el “Mudéjar Siglo XXI”?