Dentro de la Feria de Cerámica CERCO, Torreón Fortea, 8 de mayo al 15 de junio, es posible admirar a uno de nuestros grandes ceramistas en la exposición titulada Amado Lara Tena. Trascendiendo la dualidad, con prólogos de Jesús Sanz y Antonio Vivas, que sirve como más que merecido homenaje. Creemos recordar que lo hemos comentado en alguna ocasión con otro artista. Nos causa asombro, vía tristeza por decirlo suave, el increíble número de artistas aragoneses fallecidos en plenitud durante los siglos XX y XXI, de pronto, como una oculta e inesperada amenaza que siempre deja mudo. Este gran artista fallece en 2013, con 52 años.
Ante la realidad de que Antonio Vivas desbroza la obra con máxima extensión, vemos oportuno ofrecer unos simples rasgos que nos acercan a tanta personalidad creativa. Sus abstracciones geométricas, a veces con dosis ópticas, se cruzan con un variado sentido del color abrazando tan excepcional juego de las formas. A sumar el toque espacial en obras ópticas tipo Cubo vacío, de 2003, Juego infinito, de 2004, Más allá del despertar del alba, de 2005, o Más allá de la profundidad del crepúsculo, de 2005, que nos adentran en cambiantes mundos desde su intrigante imaginación, en ocasiones con delicado movimiento para no alterar el cuerpo global como gran protagonista. Ni digamos ante el quiebro de los cuadrados que mezcla con cubos dentro de una esfera o ante los círculos concéntricos que avanzan desde su fascinante infinitud, con un posible recorrido de la imaginación ajena dispuesta a participar ante tan singular aventura. En otras cerámicas posa el equivalente a huellas geométricas repetidas que adquieren el suficiente toque para absorber el pensamiento sin medida.
Amado Lara Tena fue, sin duda, un hombre fascinado por la infinita riqueza geométrica, más que presente en cualquier orden de la vida animada o no y con radicales vínculos hacia un cuerpo científico de suma complejidad. Desconocemos si era consciente del fuerte matrimonio entre su obra y la ciencia, incluso de los cambiantes significados vía máxima racionalidad, pero vivió feliz adentrándose hacia territorios que le dejaban hechizados.