Durante la primavera y parte del verano de este año, el Museo del Prado presenta una interesante donación llevada a cabo por los hermanos Ellacuria Delgado, hijos de Ana María Delgado, la nieta del pintor Cecilio Pla Gallardo (1859-1934). Se trata de una pequeña exposición (ocupa solamente una pared de la sala 61 A del Museo) que pone de manifiesto el valor de esta interesante donación artística y documental, conformada por cartas, un interesante archivo fotográfico, dibujos, medallas conseguidas por el pintor valenciano a lo largo de su vida, etc.
La gran singularidad de la donación Ellacuria-Delgado permitirá investigar una de las personalidades todavía no difundidas de arte del siglo XIX español, la del pintor Cecilio Pla. Al igual que pueda suceder con Ignacio Pinazo o Francisco Domingo, los artistas valencianos del cambio de siglo han quedado bajo la sombra de Sorolla. Pla siguió la trayectoria habitual en los pintores españoles decimonónicos. Inició su formación en la escuela de Bellas Artes de su ciudad natal, en este caso la de San Carlos de Valencia, para más adelante completarla en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado dependiente de la Real Academia de San Fernando en Madrid. También emprendió el obligado viaje a Italia en 1880, que tuvo su continuación en Francia y en Portugal. Participó en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y progresivamente se fue deshaciendo del academicismo imperante en la pintura española decimonónica para seguir tendencias más innovadoras, desde el luminismo mediterráneo que muestra en gran parte de sus obras, hasta el wagnerianismo.
Posiblemente sea su faceta como luminista la que permita difundir su obra con mayor fortuna. A lo largo de su vida hizo numerosas vistas de las playas valencianas, concediendo una gran importancia a la luminosidad. La luz es la verdadera protagonista de esos lienzos, llenos de personajes burgueses en actitudes ociosas. De este interés por la captación del natural dan buena muestra los apuntes de su cuaderno de Asturias, expuestos en la muestra junto a otros paisajes arbolados pintados a lápiz.
Las fotografías, medallas, apuntes y correspondencia expuestas en la muestra dialogan a la perfección con el autorretrato del artista adquirido por el Museo el año pasado. En esta obra fechada en 1892, el artista se muestra delante de los retratos de algunos familiares, y de la copia del retrato del príncipe Baltasar Carlos de Velázquez, artista muy admirado por Pla.
Otra de las facetas del pintor que esta donación contribuye a explicar es su vertiente más castiza. Pla se asentó en Madrid y aquí llevó a cabo abundantes representaciones de majos y, sobre todo, de jóvenes muchachas vestidas con el traje tradicional madrileño. Tal y como puede apreciarse en las fotografías cedidas al Museo en esta donación, frecuentemente se trataba de imágenes que el propio artista recreaba en su taller, vistiendo a las modelos de manolas y haciéndolas posar con ramos de flores.
Entre los fondos de esta donación aparecen abundantes representaciones del estudio del artista. El espacio de trabajo del pintor podría considerarse como un subgénero dentro de la pintura y la fotografía del siglo XIX, por la frecuencia con la que fue reproducido. Los estudios de los artistas eran, además de un lugar para pintar, espacios de exhibición de sus obras, frecuentemente abiertos a familiares, amigos, y, sobre todo, a marchantes o a posibles compradores. Estos acudían a los estudios de los artistas, tenían la oportunidad de hablar en persona con ellos y de escoger una obra entre las que allí estuvieran disponibles para la venta. Por este motivo, los pintores se esmeraban en hacer de sus estudios algo más que simples espacios de trabajo. Solían llenarlos de antigüedades que formaban parte de su colección personal y que les servían para introducir detalles históricos en sus cuadros, además de atesorar en ellos ricos muebles. Cecilio Pla, tanto en su estudio como en la escuela, contactó con numerosos alumnos y con él se formaron grandes personalidades de la pintura española del XX.
En definitiva, se trata de una sencilla muestra a partir de una de las donaciones sobre arte español de finales del XIX y comienzos del XX más interesantes que el Museo del Prado ha recibido. Ojalá sea solo el comienzo de fructíferas investigaciones y de nuevas exposiciones sobre la obra del artista.
Para más información sobre el artista:
VV. AA., Cecilio Pla, Madrid, Fundación Cultural Mapfre, 1998.