Boudin–Monet: La revolución de los colores

En su madurez, Monet y Boudin formaron parte de la historia del paisaje francés de la segunda mitad del siglo XIX. Los dos artistas iniciaron sus respectivas carreras en la estela de la Escuela de Barbizon. Los efectos cambiantes de la luz, y por ende, el ambiente que envuelve a las formas, fue lo que les unió de común interés en los muchos años de amistad y algún que otro desencuentro de la relación maestro-alumno. Desde 1868 Eugène Boudin comprende que, junto a Rodin, el papel que va a desempeñar  Monet en la historia de la pintura moderna, va a ser el de su consagración como uno de los pintores más importantes de su tiempo. ¿Cómo llegó el maestro a convertirse en discípulo y viceversa?. Para contestar a esa pregunta, el Museo Nacional Thyssen- Bornemisza ofrece la primera ocasión en la que las creaciones del maestro y el alumno se exponen de manera conjunta, a través de la muestra Monet/Boudin. La presente exposición, constituye una abierta y enriquecedora confrontación, compuesta por un centenar de obras, procedentes de numerosas instituciones y colecciones privadas de todo el mundo.

Buena parte de las obras de Eugène Boudin y de Claude Monet, se enmarcan en el primer encuentro de los dos artistas, entre la primavera y el verano de 1856. En esa época Boudin es un pintor intimista, y trabaja en formatos pequeños que le permiten expresar los matices más sutiles. Monet, en cambio, demuestra inmediatamente su autoridad como pintor, y esa autoridad va a ir cobrando una singular importancia con el paso de los años. Por tanto la muestra analiza la presente colaboración entre ambos maestros, desde distintos puntos de vista. Ya conocemos aquello por lo que comparten interés: la luz, los reflejos y la atmósfera, lo que les separa son los formatos grandes, las composiciones atrevidas y los colores francos. No podemos olvidarnos de que Boudin emprendió una formación autodidacta, basada en la copia de los maestros del pasado, el ejercicio del dibujo y la ejecución de estudios al óleo del natural. Respecto a la pintura más tradicional de su maestro, Monetofrece en sus obras una visión analítica que le permite construir rápidamente un paisaje impregnado de las más sutiles variaciones de la luz. Sin embargo, el grueso de los esfuerzos de Boudin los dirigió a la ejecución de estudios al aire libre, en ocasiones de barcos y vistas urbanas, recuérdese que el género de las marinas, aunque considerado menor, había adquirido notable relieve en el segundo cuarto del siglo XIX. Monet, sin embargo, dedicó al género de las marinas gran atención en los años sesenta, como lo muestran sus repetidos envíos al Salón.

Pese a que los derroteros de la vida, les habían distanciado, Boudin no había dejado de compartir los esfuerzos y éxitos de Monet. La pasión de Boudin por la «instantaneidad», Monet la llevaría hasta sus últimas consecuencias sobre todo a partir de 1890, momento en el cual el artista dio un giro fundamental a su obra a través del trabajo en series. En lugar de pintar distintos motivos, se concentró en uno solo y lo representó bajo diferentes condiciones lumínicas y atmosféricas, especialmente en sus pasteles y estudios al óleo.Conforme Monet fue evolucionando en la práctica del pastel, este se convirtió en un medio que le permitió ensayar composiciones inéditas y efectivas, que requerían un trabajo muy rápido, de unos pocos minutos.

El diálogo entre ambos ilustres maestros del arte, basado en dos objetivos: crear y aprender, dio como resultado sólidas carreras que fueron el origen del movimiento impresionista.