Más de cuarenta obras se reúnen en la exposición dedicada a Fernando Botero (1932, Medellín) en la valenciana Fundación Bancaja. Como destaca en el catálogo de la muestra la comisaria Marisa Oropesa (2023: 13):
Acercarse a la trayectoria artística de un creador de noventa años no deja de ser un reto. Sobre todo, cuando hablamos de un trabajador incansable como Botero, que sigue ejerciendo su profesión a diario.
Para organizar el amplio puzle, se establecen cinco grandes episodios: carnaval, circo y baile; plein air; naturaleza muerta; universo femenino; y desnudo. Apartados que se constituyen como algunos de los temas más representativos dentro de la producción del artista iberoamericano vivo más cotizado del mundo. A lo largo de su vida, recibió influencias diversas y, en ocasiones, antagónicas, como las del muralismo mexicano o la experimentación formal de Rufino Tamayo, así como la pintura naíf del aduanero Rousseau. Sus influjos son incuantificables y diversos. Mira tanto a Goya como a Picasso o Manet. Configura una estética muy personal, que algunos críticos de arte han denominado con el término boterismo. En todo caso, en sus planteamientos se encuentra presente tanto la profunda impronta de su Colombia natal como el realismo mágico, columna vertebral de numerosas manifestaciones artísticas iberoamericanas. En su tesis doctoral, Nubia Janeth González (2006) destaca que “es Colombia misma la esencia de su arte, aquello que de manera muy particular nos plasma y nos da a conocer” (p. 17). Compara asimismo al artista plástico con Gabriel García Márquez:
Él exagera las características de sus personajes al igual que el tiempo narrativo en el que se desenvuelven sus acontecimientos. Asimismo, Botero agranda, tanto el volumen de sus personajes como el espacio pictórico que los contiene (p. 177).
La exposición en Bancaja, previamente desarrollada en el Museo Goya en Zaragoza, permite al visitante conocer de cerca la factura del artista, desde el uso del color hasta el cuidado empleo del volumen. Unas obras que, de nuevo en palabras de Oropesa (2023: 17), están “repletas de historia, ficción y poesía” como “parte de la iconografía de nuestro tiempo”. Fernando Botero define una tendencia vinculada con la figuración, que impregna tanto a la pintura como a la escultura, contraponiéndose a la larga tradición abstracta latinoamericana. Una trayectoria particular con muchos prismas para cuya comprensión podemos acudir a lo largo del verano a Fundación Bancaja.