Borradores, premio AACA a la mejor difusión cultural

-¿Qué hace un gallego como usted en un lugar como éste?
-Llegué a Aragón hacia finales de 1978, juraría que en septiembre, por una razón casi surrealista: no quería hacer el servicio militar y buscaba una comunidad de objetores de conciencia que pudiesen acogerme, o que me explicasen que tenía que hacer. Vine a la calle Casta Álvarez de Zaragoza, y allí me acogieron durante un tiempo. Con ellos aprendí a hacer macramé, algo de cuero, un poco, muy poco de cerámica, y aprendí los secretos de la comida vegetariana y algo de la no violencia.
 
-¿Y luego?
Luego, la vida me llevó por caminos casi inescrutables: trabajé en la vendimia y en la naranja, trabajé fugazmente en derribos y ayudé a montar un bar a cambio de la comida, pegué carteles, di clases y un día descubrí que quería ser escritor en gallego desde Zaragoza. Lo fui; empecé a escribir en 1981 y poco después entre de cajero de bingo, donde permanecí durante cinco años. En todo ese tiempo, pude hacer algunas cosas: leer mucho, interesarme por el arte, escribir algunos relatos, ganar algunos premios importantes en Galicia, e incluso tuve dos hijos.
 
¿Y el periodismo? ¿Había estudiado usted comunicación o algo así?
No. Yo había estudiado Electrónica, pero nunca pude ejercer porque le tenía miedo a la corriente eléctrica. Empecé a colaborar en radio con Julia López Madrazo, y también en El día de Aragón, gracias a José Ramón Marcuello y a Lola Esther. Un día, Plácido Díez, director del periódico, me dijo si quería hacer prácticas de verano. Allí empezó una auténtica fiesta de amistad y conocimiento para mí. A El día de Aragón le debo muchísimas cosas. Allí empecé a escribir: hice suplementos, escribí de todo y me aficioné al arte.
 
Hablemos de Borradores.
Borradores tiene un precedente claro: El Paseo, que hice durante dos años con Alberto Gámez en la televisión de Heraldo de Aragón. ZTV. Fue una experiencia formidable, con una inclinación inequívoca hacia el arte: allí cambiábamos cada semana el decorado, colocábamos la obra de un artista, allí visitábamos exposiciones y conversábamos con los artistas. Recuerdo que hicimos monográficos, de una hora o de una hora y media, de artistas como Ramón Acín, Pablo Serrano, Pablo Gargallo y Salvador Dalí.
 
Con ese bagaje, ¿Cómo se planteó Borradores de Aragón Televisión?
A mí me interesa el campo de la cultura en general. Me interesa todo: la pintura, la escultura, la instalación, el vídeo, el grabado y la fotografía. Y quisimos que todo ello tuviese su cabida, junto a la literatura, la historia, el teatro, servido con agilidad, con rigor, con desenfado y con el máximo respeto siempre. Íbamos a visitar exposiciones, a hablar con los artistas, a mostrar sus obras a veces como modestas primicias, íbamos a visitar sus talleres. Y en esa línea hemos trabajado. Nos ha interesado todo: desde Toni Catany o Rafael Navarro o Pedro Avellaned, fotógrafos, a José Manuel Broto, Víctor Mira, los más jóvenes pintores y escultores del momento, hasta el Museo del Prado, el Guggenheim o el Reina Sofía, pero también queremos mostrar el arte alternativo, experiencias de ruptura…
 
¿Aún se proponen nuevas metas?
Desde luego. Un programa crea una serie de hábitos en el espectador: es como una casa con sorpresas, una casa con estancias donde se ofrecen distintos menús. Nosotros siempre pensamos en el espectador. Y ahora vamos a iniciar una nueva serie dedicada a proyectos que en su mayor parte son inéditos: se llamará Galería o Portfolio, y mostraremos a creadores y proyectos suyos de los que aún no se sabe. También vamos a introducir la voz en off en las exposiciones, para facilitar la contemplación del espectador, para que se sienta menos extranjero o extraño ante el arte contemporáneo.
 
¿Se sienten libres para trabajar, es la noche tan avanzada una buena coartada para programar cultura en libertad?
Somos muy libres. Pepe Quílez y nuestra productora no han dado un amplio margen de confianza. Tanto el equipo –Teresa Lázaro, Yolanda Liesa, Ana Catalá Roca, Mamen Delpón, César Quílez, y nuestros responsables de Chip, con Modesto Rubio a la cabeza- como yo creemos mucho en la televisión como servicio público. Borradores intenta ser un programa de servicio público: creemos en nuestros artistas, estamos atentos a lo que hacen, caben desde los más jóvenes, como Mapi Rivera, hasta los más ancianos como Virgilio Albiac, y nos interesa trabajar en profundidad y también a beneficio de inventario de artistas, estéticas, épocas y del momento que vive el arte contemporáneo. Hemos apostado decididamente por la música y por las letras, también. Por eso nos ha hecho mucha ilusión el premio de la Asociación de Críticos de Arte de Aragón. No hemos presumido de ello por modestia y pudor, pero todo el equipo está muy contento. Es el primer premio que recibe Borradores, que está a punto de alcanzar sus cien emisiones.
 
¿Y del horario de emisión, qué dice usted?
Quizá no sea el ideal para nadie. Pero, entre estar o no estar en la parrilla, preferimos estar en la parrilla. Estamos ahí, pensamos en el público, le intentamos dar lo mejor que sabemos, soñamos con seducirlo y sorprenderlo. Hacemos nuestro trabajo como si estuviéramos en “prime time”, con ese mismo rigor y ese mismo respeto e idéntico sentido del desafío. Me gusta mucho cuando te encuentras con gente que no se queda a trasnochar, pero que lo graba. Y lo ve luego. Y te lo dice. Lo más bonito me lo dijo el historiador del arte José Antonio Hernández Latas. Vive en Madrid, y en su casa le graban siempre el programa. Y lo ve los fines de semanas. También hay gente que lo ve por Canal Satélite Digital. En un mundo de tanta oferta, que alguien se te interese por Borradores ya es un premio. Y que la cadena confié en él, también.
Antón Castro, un gallegoen Aragón

Número 2

Marzo 2008
Fernando Alvira
Presidente de AACA
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