La Historia del Arte se encuentra repleta de autorrepresentaciones, desde la orgullosa mirada de Velázquez en Las Meninas, hasta el vigor juvenil del Desesperado de Courbet. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX el autorretrato y las referencias al yo vivieron un punto de inflexión. Los artistas configuraron una visión antiheróica de sí mismos, una nueva imagen que mostraba ante la sociedad sus debilidades, miedos, adicciones. Reflejo de esta nueva representación fue My bed de Tracey Emin, las imágenes de Sophie Calle o las polémicas series autobiográficas de Nan Goldin. De todo ello dio buena cuenta Clara Zarza, comisaria de esta muestra, en la tesis doctoral que defendió en 2014 sobre las narraciones personales en la cultura europea y americana de los 90.
Partiendo de ese contexto, comprendemos perfectamente la preferencia de la comisaria por esta artista británica nacida en Kent en 1950. La muestra tuvo su origen en un proyecto expositivo presentado por Clara Zarza a La Casa Encendida. Según explica ella misma, la buena acogida fue mutua. La institución quedó encantada con el trabajo de Baker, manteniendo una dinámica expositiva de figuras poco reivindicadas, de discursos que suelen quedar al margen de los cauces normativos del sistema del arte. Bobby Baker a su vez apreció enormemente la labor llevada a cabo por el centro, por lo que el punto de partida de la exposición fue el diálogo constructivo entre la artista, la sala y la comisaria.
La muestra ocupa una única sala y la cantidad de obras expuestas es pequeña. En un espacio anexo, el espectador puede ver un audiovisual con fragmentos sobre performances de la artista y algunas entrevistas. En la sala se suceden los dibujos elaborados por ella a lo largo de su prolongada vida artística. Nada más acceder, llama la atención del espectador la pintura y el dibujo de unos peluches, colocados sobre un papel pintado, evocando el interior doméstico de una vivienda británica de clase media. Estas dos obras de arte fueron el trabajo de fin de carrera de Bobby Baker en la Saint Martin’s School of Art, siendo premonitorias de lo que sería su producción artística ya en la madurez: una reflexión sobre lo doméstico y lo cotidiano. Un relato en el que también hay espacio para la enfermedad, ya sea mental o física, pues esta ocupó un lugar en la vida de la artista. Así se aprecia en sus Diary drawings: Mental Illness and Me. Aquí es donde veo una diferencia clara con otros creadores actuales. Baker no dramatiza el sufrimiento, no lo muestra al espectador en toda su crudeza. Tampoco lo camufla. Podría decirse que lo normaliza a través de sus dibujos y sus instalaciones. Enseña a la sociedad cómo la enfermedad está ahí, tiene su espacio en nuestras vidas y a todos nos afecta.
Otra de las claves de la obra de Baker, presente en sus instalaciones, sus dibujos y en las performances como la realizada para la inauguración de esta muestra, revelan el interés de esta artista por la comida. A través de ellas ironiza sobre la imagen de la ama de casa británica de clase media y también sobre la experiencia de la maternidad. Así lo hizo en su célebre performance Drawing on a Mother’s Experience presentada por primera vez en 1988. Después de cientos de representaciones, en 2015 decidió hacer una nueva versión Drawing on a (Grand) Mother’s Experience, que volvió a representar el 22 de febrero en el patio de La Casa Amarilla.
La muestra posee el valor añadido de ser la primera exposición que se dedica de manera global a la obra de Baker. Pero, además, la buena sintonía entre la artista, la comisaria y la sala de exposiciones se tradujo en la creación de una pintura mural efímera de grandes dimensiones. Esta obra nos permite introducir un último aspecto clave en su arte: la reivindicación de lo doméstico y lo cotidiano desde un “activismo artístico”. Baker produce su obra en el marco de una asociación capitaneada por ella misma: Daily Life Ltd, cuyo objetivo es visibilizar las creaciones domésticas, los pequeños detalles que podríamos considerar insignificantes. A modo de alegato creativo, la artista propone la creación de un Domestic Party. Así lo exclama ella misma en su autorretrato en esta pintura mural:
The time has come for a Domestic Party! ¡Viva la daily life! ¡Viva!