A modo de resumen de toda la actividad llevada a cabo durante el curso 2018/2019 en el Espacio en blanco de la Universidad San Jorge, hemos visitado hasta el 22 de febrero la exposición Blanco 18/19 en el Centro Joaquín Roncal, con obras de los cinco artistas que esta pasada temporada han ocupado aquel espacio, un espacio vivo, transitado diariamente por jóvenes, habitado por ellos.
Se inicia la temporada con Blanco de España de Jorge Isla. Aquí nos muestra una pequeña parte del montaje original, compuesto de fotografías y videoinstalación. Trabaja con el concepto enseñar/ocultar. Juega con este material, blanco de España, blanco utilizado como pigmento artísticamente, pero empleado comúnmente para ocultar la visión de las labores que se llevan a cabo en el interior de los escaparates. Andamos agitadamente por las calles, es nuestra rutina, pasamos continuamente por sitios que ni siquiera nos arrancan una mirada, en cambio cuando ese cristal esta cubierto por el obrero que momentáneamente se ha convertido en artista expresionista y la luna en el soporte de su obra, dirigimos nuestros ojos allí, y automáticamente se despierta nuestra curiosidad.
Roberto Coromina adapta al menor espacio el gran mural que realizó Hilos de memoria, proyecto que elaboró ajustándolo a las características de la sala. Numerosos y diferentes círculos enmarcados en cuadrados convergen en un punto central a través de un entramado de hilos conductores azules. Hay una implicación emocional en esta instalación, trata de los recuerdos, las vivencias, la fragilidad de la memoria que la edad va desgastando. Los círculos realizados con lápices de colores sobre papel los trabaja junto con su madre, Coromina iniciaba el dibujo, marcaba unas pautas que su madre seguía, pero en otras ocasiones es el artista el que sigue las pautas que va esbozando su madre.
New wave, alambradas, cadenas e inocentes muñecos anime, presenta Ira Torres con una técnica clásica a la que da apariencia tecnológica, para mostrarnos su particular visión de la sociedad de consumo, el sistema capitalista y la globalización, en una estética vaporwave muy actual, con colores de la cultura pop, usando iconos del manga y de cultura de masas de los años 80. Sus personajes están sacados de video juegos y los representa pixelados, en ocasiones con glitch, fallos visuales frecuentes en los juegos de Game Boy más antiguos. El soporte de sus pinturas es madera y las esculturas, a las que da una apariencia ciberpunk, están realizadas en resina acrílica.
Julia Puyo, artista multidisciplinar, denuncia la manipulación a que nos someten los medios de comunicación y los políticos con sus discursos grandilocuentes y vacíos en esta era de bombardeos audiovisuales. De su proyecto Too big to fail expuesto en Espacio en blanco, trae una pequeña representación a la sala i_10. Trata de la fragilidad y transparencia del cristal que no obstante distorsiona los cuatro pilares del Estado del bienestar (educación, sanidad, trabajo, pensiones), contraponiéndolo a la rotundidad del cemento en que está inmersa la Constitución española en Encofrado. Too big to fail son billetes en los que ha grabado esta frase, no se podía dejar caer a las entidades financieras. En Golden boy Macron oculta su cara y en British humour a la reiterada estatuilla de Isabel II de Reino Unido saludando, se le ha caído la cabeza.
La temporada se cerró con Quinita Fogué y Nómadas del destino, concebida como un gran lienzo en blanco que ella va a llenar de colores y formas, de recuerdos y sueños, reivindicando la libertad con telas colgadas al aire y pidiendo que demos rienda suelta a nuestra imaginación “interesa lo que imaginas, no lo que ves”. Experimenta con texturas, y materiales, lanas, cordones, cuerdas, hilos, linos, papeles, telas reutilizadas, cajas, cartones… Objetos que ya han tenido una existencia y a los que la artista les da otra oportunidad, enriqueciendo su obra con otra realidad ya vivida. Ahora presenta a modo de libros tallados en cartón que contienen objetos en su interior. Muestra dos instalaciones, Nómadas del destino, paquetes que dirige a otras gentes y otros lugares, y Peldaño a peldaño, que va cambiando y adaptando desde 2003, aquí en su nueva versión reducida no está la escalera, a los pies de la maraña de hilos de colores que tejen las relaciones entre hombres y mujeres, unos zapatos de hombre pisan las lanas que se esparcen por el suelo, mientras que unos zapatos de mujer se aproximan a la maleta con la que se van a ir lejos.


