La vida personal de Morrisot siempre condicionó el contenido y el significado de su pintura. Había nacido en Bourges, en 1841, en el seno de una familia adinerada, su padre, Tiburce Morisot, era consejero del Tribunal de Cuentas. Como chica de la alta burguesía que era, ella y sus hermanas, fueron educadas en el gusto por las artes y la música. Su primer verdadero maestro fue Joseph-Benoît Guichard, quien animaría a la joven Morisot a copiar obras de los grandes maestros al Museo del Lourve. La experiencia en al pinacoteca parisina fue enriquecedora, pues abrió un mundo de relaciones artísticas, donde conocería a Bracquemond y a Fantin- Latour, poco después Fantin le presentaría a Manet, y a través de este entraría en contacto con el grupo impresionista, jóvenes pintores que empezaban a merodear por la atelier de Manet, que comenzaban a inspirarse en la vida diaria, con un nuevo tipo de pintura suelta, libre y muy alejada de las pautas académicas. Artistas como Monet, Renoir, Sisley, Pisarro, y Degas, crearon la Sociedad de Artistas, Pintores y Escultores, organizando exposiciones privadas. Estos artistas estuvieron de acuerdo desde un primer momento en invitar a Morisot, quien desde un primer momento aceptó unirse a ese “grupo radical” que poco después sería llamado impresionista. Desde el principio, la imagen de Morisot, iba a ser figura destacada de este movimiento, siendo fiel al espíritu impresionista, aún en los momentos en que la cohesión del grupo empezaba a flaquear, participando en casi todas las exposiciones, a excepción de la de 1879; En los últimos años, un sector de la crítica ha empezado a revalorizar su figura, intentado erradicar la imagen que prevalece sobre ella, no de pintora impresionista, sino más bien de la modelo preferida de Édouard Manet. Morrisot se centrará principalmente en la pintura de interiores domésticos, que abordaron los pintores holandeses por primera vez, y que los impresionistas volverían a recuperar. Mientras sus compañeros de filas se centraban en representar a la mujer en la transformación urbana que se estaba desarrollando en el París de la segunda mitad del siglo XIX, Morrisot, en cambio, se basaba en la exploración femenina doméstica. Tanto en los óleos como en papel, estaba sacando su vida diaria, vista a través de una mujer de la alta sociedad como era ella misma.
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En 1877, en la Tercera Exposición Impresionista, Morrisot mostró al público ahí congregado La Psyché y Muchacha en su tocador, a pesar de las graves críticas vertidas sobre estas y otras obras presentadas, Zola describiría cautivado “este año, La Psyché y Muchacha en su tocador, son dos verdaderas perlas, en las que los grises y los blancos de las telas interpretan una sinfonía muy delicada”. La Psyché, es una obra que nos introduce de lleno en la propia intimidad de la artista, en su experiencia cotidiana. En ella, alude a la historia de Eros y Psque, en la que el alma se personifica en la figura de una mujer en busca del amor divido, estableciendo con ello la artista, un paralelismo entre el alma y el reflejo en la superficie representada.
El Museo Marmottan Monet, es conocido por albergar la colección más importante del mundo de obras de Claude Monet, pero también custodia entre sus colecciones, más de ochenta obras de Berthe Morrisot. La colección está compuesta por obras bien significativas del conjunto a lo largo de toda su vida. Desde sus primeras copias de juventud hasta las últimas grandes composiciones, pasando por los paisajes y los retratos femeninos. Fotografías, correspondencia, cuadernos de dibujo y piezas de mobiliario que fueron de su propiedad, completan una pequeña parte de la muestra que estos días puede verse en las salas del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.
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Berthe Morrisot, la primera mujer impresionista, todavía hoy muy a la sombra de sus compañeros artistas, era una trabajadora infatigable, quizá no en cantidad, pero si en calidad de obras. Monet, en una carta a Rodin, la calificaba como “una mujer encantadora y de gran talento”. Renoir, sería el último en retratarla, en el año 1894 junto a su hija Julie. Pisarro, en una carta a su hijo con motivo de la muerte inesperada de la arista, manifestaba “fue un honor para el grupo impresionista”. Si hay alguien que la define completamente todo aquello que fue, este es sin duda Paul Valéry, cuando dice “La singularidad de Berthe Morisot era, vivir su pintura y pintar su vida, como si ese intercambio entre observación y acción, ente la voluntad creadora y la luz, fuera una función natural y necesaria, asociada a su régimen vital (……) Eso es lo que proporcionan sus obras un encanto muy particular, el encanto de una relación estrecha, casi indisoluble, entre un ideal de artista y la intimidad de una existencia. Como joven soltera, como esposa, como madre, sus bocetos y sus cuadros siguen la suerte de su vida, la acompañan muy de cerca”.
Berthe Morisot. La pintora impresionista
Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid
15/11/2011-12/02/2012

